No hay apagón que no puedan salvar las enormes tablas de Ana Belén
Ana Belén encandiló a sus más fieles y también a los que acompañaban a esos fieles sin ser fanáticos de la artista. Su enorme profesionalidad y la imponente y afinada voz que conserva a sus 74 años alcanzaron para cerrar una noche redonda de música en directo en las Murallas Reales.
Vestida de violeta saltó al escenario abriendo el concierto con un clásico imperecedero que sigue vigente por más años que pasen porque la injusticia sigue copando cada día la actualidad. Vale para Gaza, Ucrania y tantas otras regiones:
“Solo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente”.
Para la corrupción nuestra de cada día:
"Solo le pido a Dios
Que el engaño no me sea indiferente
Si un traidor puede más que unos cuantos
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente”.
Y para combatir los discursos de odio que tratan de incendiar pueblos como Torrepacheco, subrayando lo humano que tan a menudo queda olvidado:
“Solo le pido a Dios
Que el futuro no me sea indiferente
Desahuciado está el que tiene que marchar
A vivir una cultura diferente”.
Y roto el fuego y declaradas las intenciones, Ana Belén, miro al futuro inmediato para anunciar que mezclaría sus grandes éxitos con los temas de su nuevo disco, ‘Vengo Con Los Ojos Nuevos’. Y para mirar también al pasado y recordar como la última vez que estuvo sobre el mismo escenario “de pronto bajó una niebla que nos tapó a todos”. Fue hace más de 20 años pisaba las Murallas en compañía de su pareja, Víctor Manuel, autor de gran parte del repertorio, y con quien tiene dos hijos, Marina y David, presente en la noche del domingo a los mandos de los teclados sobre el escenario. Aquel día el taró hizo su aparición en escena, este domingo la noche era estupenda.
Al menos hasta que al poco de arrancar el concierto, quinto tema, algo falló. El cañón de luz que iluminaba a la artista en una escenografía sobria no se volvió a encender después de que entre canción y canción diera un respiro a los ojos de Ana Belén. Tampoco lo hicieron las luces del fondo del escenario ni las de arriba. En el control de sonido uno de los ordenadores, presumiblemente el que controlaba las luces se reiniciaba y varios operarios arrancaron a correr hacia las bambalinas por el lateral del patio de butacas, mientras Ana Belén y la banda seguían con el tema a oscuras, en una enorme intimidad.
A media canción gran parte de la parroquia decidió tirar de cariño y puso a funcionar las luces de sus móviles tratando de solventar con esa cinta aislante el problema. Al finalizar, Ana Belén dio un ejemplo perfecto de lo que es la profesionalidad, las tablas y la experiencia. Sin perder ni la sonrisa ni la calidez de su show habló del problema e iba a consultar al respetable qué hacer cuándo cualquier debate lo zanjó el equipo técnico explicando a al artista que el generador se había parado y que había que parar el concierto hasta que se pudiera volver a arrancar.
Fue una media hora de parón que la gente aprovechó para refrigerarse en el bar. No se fue nadie. Otros aprovecharon para buscar algunas de las sillas vacías frente al escenario, toda vez, que a través de la web habían comprado esa zona A, pero al llegar a las Murallas se encontraron con alguna que otra clase de error y se encontraron ubicados en el lateral y atrás.
Al volver la luz, Ana Belén siguió con su luminoso, cálido y profesional show, como si nada hubiera pasado. A más de un nuevo divo moderno el apagón le habría cortado el rollo de tal manera que a saber. A ella, no. Nada puede con ella. Incombustible siguió con un show que si no fuera por la categoría y la popularidad de algunos de sus temas podría calificarse casi de íntimo.
Como son 74 años, Ana Belén, que no escatima energía sobre el escenario, la que le queda y mucha más de la esperable con esa edad, se sienta en algunas canciones, mientras baila en otras. Nada que un taburete o que un altavoz de retorno no solvente.
El generador fallaría, pero el despliegue de sonido fue imponente, más aún si se compara con el del viernes de Siempre Así.
La adaptación del clásico de Billy Joel, El Hombre del Piano, es otro clásico por derecho propio y Ana Belén la canta con la misma energía que hace tres décadas. Caldea al público ya entregado y encara la recta final.
Antes tuvo solidaridad con Gaza y concretamente con las mujeres, las que más sufren siempre en cualquier conflicto. La artista leyó íntegra la última alerta lanzada por Mujeres ONU para expresar su solidaridad, arrancando tibios aplausos en el público y sirvió para presentar uno de esos temas nuevos ‘Que No Hablen En Mi Nombre’.
Del disco nuevo prenden en los corazones de sus fans, el single con el que lo está promocionando ‘Bachátame’, una bachata bien trabajada en la estela de la moda que tanto rédito le da por ejemplo a Karol G, pero en un tono más clásico. Y también gusta ‘Mala Para Los Huesos Esta Humedad’, un canto nostálgico compuesto por su pareja, Víctor Manuel. Mucho mejor en directo que en la versión de estudio:
“Ya no hay veranos buenos como los de antes
Parecían durar una eternidad
Hacías el amor casi en cualquier parte
Sólo echabas de menos poder volar”.
Deleitó el regalo que le hizo en su día Sabina -no hay como tener amigos-, ‘Peces de Ciudad’, y para los bises el patio de butacas clamaba en silencio por La Puerta de Alcalá, clásico entre los clásicos de la música popular española. Ahí se cerró la noche con la gente puesta en pie, cantando, bailando y rendida a la trayectoria y profesionalidad de una artista icónica que sería imposible no nombrar para explicar la música popular del país de las últimas 4 décadas.