El Desnarigado suma a su cuenta particular un nuevo lleno absoluto tras una exitosa 'Noche del Museo'
Que el Fuerte del Desnarigado es uno de los mayores atractivos culturales de nuestra salada tierra es un hecho casi incontestable. Que el mismo constituye un poderoso reclamo para cualquier ceutí de a pie, también. La dilatada colección de su museo y el innegable atractivo de su emplazamiento le valieron hace ahora veintisiete años la consideración de 'Bien de Interés Cultural'. Porque no, no hablamos de un castillo cualquiera; hablamos de uno de los mayores exponentes del vasto patrimonio caballa.
Por cosas como las mencionadas (y porque su reputación está fuera de toda duda), el lugar se llenó anoche de decenas y decenas de curiosos. El pretexto fue el mismo de siempre: eso que el estamento militar acostumbra a denominar 'Noche del Museo'. Como cada vez que nuestro Ejército de Tierra celebra una de ellas, la fortaleza abrió ayer sus puertas al gran público en horario nocturno; en esta ocasión, con motivo de los actos programados por el patrón de Caballería (y de toda España), Santiago Apóstol.
Una visita guiada, dos turnos, una hora y media de recorrido, una ubicación que embelesa, unas reliquias que evocan al pasado: esa fue la propuesta con la que la Comandancia General logró seducir sin reservas a todos cuantos se dejaron caer por el recinto. Como telón de fondo, la noche; como atrezzo, la luz artificial. El cóctel, desde luego, tiene poco parangón.
Según los datos que manejan desde la Dirección del museo, fueron "alrededor de cien" los ceutíes que, motu proprio, tomaron parte en la cita. Para algunos -los que menos-, la de este pasado miércoles fue su primera vez en lo alto de la cala del Desnarigado; para otros -la mayoría-, la visita fue una adicional, mas no una más. A pesar de las diferencias en lo que experiencia se refiere, todos compartían una cosa: las ganas de patearse hasta el último rincón del castillo.
Por haber, había de todo: grandes y pequeños convergieron en la zona para observar de cerca la amplia nómina de fondos que el fuerte atesora. Por supuesto, nada de lo que vieron sus ojos les dejó indiferentes. Gracias a la abnegada labor de los guías que prestan servicio en el complejo, los presentes tuvieron la oportunidad de zambullirse de lleno en el que, a buen seguro, representa uno de los episodios más interesantes de la historia de Ceuta.
Quienes optaron por obviar la parte cultural y separarse del grupo dedicaron buena parte de la visita a contemplar sin más las vistas que ofrece el fuerte. Si ya son buenas durante el día, de noche, el encanto se multiplica (no diremos por cuánto). El paisaje y la tenue iluminación resultan en una estampa verdaderamente fastuosa, singular, una de la que, por suerte para nosotros, muy pocos museos pueden presumir.
A falta de conocer qué opinan desde la institución que encabeza Marcos Llago, cualquiera -cualquiera que tenga ojos en la cara- diría que el éxito ha sido, de nuevo, rotundo. A pesar de haberse celebrado entre semana y no en vísperas de día no laborable, la acogida fue espectacular. Lo mejor de todo es que nada lleva a pensar que esto último vaya a dejar de ser así. Insistimos: no hablamos de un castillo cualquiera; hablamos de uno de los mayores exponentes del vasto patrimonio caballa.