Día Internacional del Yoga: Una mañana buscando el equilibrio en La Ribera

Día Internacional del Yoga: Una mañana buscando el equilibrio en La Ribera

- La Comunidad Hindú y la Fundación Premio Convivencia difunden los beneficios de esta práctica con talleres con asociaciones, sesiones al aire libre y jornadas de puertas abiertas

- “El Yoga te ayuda a tener un cuerpo firme y estable y una mente atenta y relajada”, explica Pamela Kishore


El Yoga, dicen, es una puerta a la sabiduría. Y no mienten. Sólo he tenido una experiencia con esta disciplina física y mental nacida hace 35 siglos en India y me bastó para descubrir en mí interior dos verdades inapelables: soy una persona desequilibrada, en el sentido gravitatorio de la palabra, antes alcanzaré el Nirvana que el equilibrio; y dos, tengo la misma elasticidad que una escoba. Pero no desespero. Por mi condición de cuarentón gafapasta soy una víctima potencial de la New Age y algo me dice en mi interior (será el Karma) que el Yoga es la medicina que necesitan mi mente y mi cuerpo. Así que acudo a la llamada de la Comunidad Hindú de Ceuta y la Fundación Premio Convivencia que, desde el viernes y hasta el próximo martes 21 de junio celebran el Día Internacional del Yoga con diversas actividades, entre ellas sesiones en la playa.

Como esto del Yoga debe exigir cierto esfuerzo espiritual y físico elijo el taller de Pamela Kishore, del Centro Veddh, en la Playa de La Ribera a las nueve y media de la mañana, lo que para mí en un domingo es casi lo mismo que decir de madrugada.

Llego justo a tiempo para el comienzo de la clase. Más de medio centenar de personas, todas mujeres salvo cuatro varones y tres niños, adoptan la posición del loto siguiendo las instrucciones de Kishore, sentada ya en esta icónica postura con una elegante rectitud que soy consciente que jamás alcanzaré. La primera clave pasa por la respiración, un mantra que se repite en cada ejercicio sincronizando el movimiento con el abdomen, “aumentando el oxígeno en la sangre Y relajando así el sistema nervioso”, explica la monitora con una voz suave que en ocasiones se pierde entre el rumor de las olas. El objetivo es lograr “un cuerpo firme y estable y una mente atenta y relajada”, resume Pamela Kishore.

El nivel de los participantes es mayor del que pensaba, muchas de las mujeres que hoy se han acercado a La Ribera practican Yoga con Kishore, y discretamente doy un paso atrás avergonzado, temo trastabillar en la postura de la grulla. Sólo las instrucciones con el tono quedo de la monitora y el sonido del nombre en sánscrito de las asanas (posiciones) ya tienen cierto efecto relajante.

Entre las participantes veo a Natalia Hincapié, otra de las monitoras que estos días imparte talleres gratuitos de yoga en la playa y la profesora de mi primera y única sesión completa de Yoga. La mujer que me descubrió que estar quieto puede ser agotador. Si la elegancia y perfección de las asanas de Pamela Kishore sorprenden a los no iniciados, la perfecta rectitud de Natalia Hincapie parece imposible, inhumana.

”No es llegar a la postura” me rebate Pamela Kishore al terminar, la clase, “no se trata de alcanzar la perfección ni tampoco de llegar a esa posición, es solo, poco a poco, flexibilizar el cuerpo, nada más, deberías probarlo”. Lo sé, debería probarlo, buscar en mí esa elasticidad me parece un reto inalcanzable. Movimientos que no sólo estiran músculos y relajan cuerpo y alma sino que también ayudan a eliminar toxinas. “Estamos contraídos, cada cosa, cualquier situación en tu vida, te cierra, te bloquea, haciendo estos movimientos te abres, y cuando te abres creas espacios eliminando toxinas”.

Paz, armonía, luz… son palabras poco comunes en una tabla de gimnasia, más habituales de los libros de Paulo Coelho, pero el Yoga es algo más que un ejercicio físico. “Tú estás trabajando con el cuerpo y la mente y eso es lo que te da el equilibrio, siempre explico en mis clases que buscamos un cuerpo fuerte, firme, estable y una mente atenta, tranquila y relajada”, me aclara, “estamos trabajando la postura pero también lo vemos en nuestra vida y eso es lo que te fortalece y te ayuda a enfrentar con fuerza y con calma los retos diarios de la vida y cuando enfrentas las cosas de esta manera el resultado es positivo”.

El escenario juega a favor de la sesión de yoga, la calma de La Ribera a primera hora de la mañana invita a la meditación. “Toma conciencia de la respiración”, aconseja Kishore a sus alumnos, “conecta con el silencio, con la suave energía de la madre tierra, con la calma del mar, con el sonido de las gaviotas, siente el aire acariciando tu cuerpo, disfruta de la relajación de estar aquí”. Los participantes, tumbados de cara al cielo, relajan cuerpo y espíritu tras la sesión, más dura de lo que pueda parecer desde fuera. Poco a poco se incorporan y todos juntos, siguiendo a su monitora, entonan un mantra de sanación en el que encadenas, como en una sencilla coreografía, los movimientos icónicos del Yoga, “uniendo la conciencia individual a la conciencia universal”. Casi nada.

Me ha convencido. Sólo me falta encontrar la fuerza de voluntad. Algo tan difícil como buscar el equilibrio.

 

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