BALUARTE DE LA BANDERA

El epicentro de la Historia de Ceuta

El epicentro de la Historia de Ceuta
Bóvedas del baluarte de la bandera. Yacimiento.
Bóvedas del baluarte de la bandera. Yacimiento.  
Un viaje de dos mil años al corazón de las Murallas Reales, el epicentro de la Historia de Ceuta, de la mano del arqueólogo municipal Fernando Villada.

Coja un pico y una pala y comience a cavar en cualquier punto de Ceuta y tarde o temprano se topará con la Historia, con mayúsculas. Los rastros de la civilización a este lado del Estrecho de Gibraltar comienzan hace 250.000 años y se multiplican lo largo de la Historia: Fenicia, Grecia, Cartago, Roma, el imperio visigodo, Bizancio, el Califato Omeya, el califato de Córdoba, almorávides, almohades, portugueses… Del Paleolítico al Renacimiento. Ceuta presume, y se queda corta, de ser puerta de África. Es más que eso, es una puerta a la Historia. Con mayúsculas. 

Pero, si hay un rincón que supera todas las expectativas, una encrucijada en este rincón del mundo en la que se entrecruza la Historia, un lugar en el que se amontona el paso del tiempo a modo de estratos, como un libro abierto, ese es el entorno de las Murallas Reales y la Puerta Califal.  Allí, en un puñado de metros cuadrados puede leerse la historia de Ceuta, desde el Imperio Romano al Renacimiento. Allí, en lo que hoy son las tripas abovedadas de la muralla, los romanos comerciaron con garum de gran calidad, Justiniano levantó una muralla, por allí pasó el primer califa de Córdoba; por allí se accedía la Ciudad, por allí se atacaba y desde allí se defendía; allí se combatió y se comerció, allí se mató y se murió; allí se ha hecho guardia y se ha guardado ganado y munición;  ha sido muralla, palacio y discoteca y pronto será museo.…. Y así , durante más de 2.000 años. 

Lo que hoy es el entorno del Baluarte de la Bandera de las Murallas Reales y la Puerta Califal lleva al menos dos milenios siendo testigo del devenir de Ceuta, siendo corazón y puerta de la ciudad. Y sigue siéndolo.

Allí, desde 2002 vienen trabajando los arqueólogos de la Ciudad, en colaboración con la Universidad de Cádiz, leyendo palmo a palmo cada trozo de la historia de Ceuta, descubriendo tesoros y completando el inmenso puzzle que supone el pasado de este rincón del mundo. Allí han encontrado murallas, torres y los restos de un terremoto, allí se han encontrado con portugueses, omegas, bizantinos y romanos… Allí han podido leer la historia de Ceuta sin salir de las Murallas.

El yacimiento del Baluarte de la Bandera ha ido este verano fuente de titulares en la prensa nacional: “El increíble hallazgo de una muralla romana en Ceuta: fue construida por orden de Justiniano” (El Español); “Encuentran un tramo de la fortaleza de Ceuta bizantina, una etapa con "pocas evidencias" arqueológicas en España” (La Vanguardia); “Hallan en Ceuta una muralla y una torre romana del siglo II” (La Opinión); “Arqueólogos de la UCA certifican que la muralla de Ceuta es la de Justiniano” (Diario de Cádiz)… Bizancio y Roma acaparan la atención de los focos. Son las referencias históricas más sencillas de  digerir para el gran público, pero el yacimiento, en el que se viene trabajando ya desde hace casi dos décadas, es mucho más que eso: son 2.000 años de Historia en las entrañas de una muralla. 

Una Puerta a la Historia

Ahora todo parece evidente: el entorno de las Murallas Reales es el epicentro de la Historia de Ceuta. La verdad está ahí dentro. Pero no fue hasta 2002, con el descubrimiento de la Puerta Califal, cuando empezó a vislumbrarse su verdadero valor arqueológico. Lo recuerda el arqueólogo de la Ciudad, Fernando Villada, en una visita guiada en exclusiva para Ceuta al Día. “La idea era que la construcción de la Muralla Real había, de alguna manera, destrozado los posibles restos que podía haber, que quizá quedase algo, pero de una forma absolutamente anecdótica. De hecho la reconstrucción de la Muralla Califal se hizo siembre en base a textos escritos porque no había demasiada evidencia”, explica al pie del yacimiento, en lo que un día fue la discoteca Candelero y en un futuro será el Centro de Interpretación de las Murallas de Ceuta. “Se sabía que cuando se hizo el Parador se habían encontrado cosas, pero no se pudo investigar bien, de hecho no se investigó nada, a Carlos Posac le costó aquello un disgusto con el Ayuntamiento, era una obra del Estado, el futuro de la ciudad, era el progreso… Pero sabemos algunas cosas, sabemos lo que la gente contaba que se había encontrado aquí y allá y hay algunas fotos de algunas piezas recuperadas. Nosotros ahora encontramos trozos, fragmentos, cuando yo veo que hay una foto de un ánfora completa lo que me dice es que exponencialmente había muchísimo. Yo nunca he encontrado un ánfora entera en tierra, jamás”.

Las obras de construcción del Parador siguieron adelante, como pueden suponer. Se dio por sentado que si quedaba poco tras la construcción de las Murallas Reales, ya no quedaría nada. Hasta 2002. 

Durante una visita al Baluarte de la Coraza, los participantes de las primeras Jornadas de fortificación de Ceuta se toparon con restos que no deberían estar allí,  sillares califales que no encajaban con una muralla portuguesa. Un indicio de que, tal vez, la construcción de la Muralla no había acabado con todos los restos anteriores. Tal vez la Muralla renacentista se erigía aprovechando la omeya, encapsulando los restos como un gigantesco sarcófago. Y así fue: en 2003 se descubrió el arco de herradura, el indicio definitivo. Volvía a abrirse la Puerta Califal y con ella un nuevo capítulo en la historia de la arqueología en Ceuta.

Las lecciones de la Puerta Califal

Un nuevo capítulo que ha co-escrito desde el principio Fernando Villada, arqueólogo municipal, que insiste en que el trabajo arqueológico es inevitablemente coral, una labor de equipo. En la arqueología nadie descubre nada, todo ha de pasar por muchas manos y muchas disciplinas: del arqueólogo al antropólogo, el historiador y el geólogo, sin olvidar a los operarios, encargados del trabajo más pesado. Solo por el yacimiento del Baluarte han pasado docenas de profesionales de diversos campos y se ha necesitado la colaboración de otros tantos. 

“En la Puerta Califal aprendimos que precisamente en este lugar es donde mejor se conservan algunos periodos de la ciudad”, explica. En el cuerpo de las Murallas Reales hay tres huecos, tres bóvedas: la casamata (bóveda para situar artillería) del Baluarte de la Coraza, la casamata del  Baluarte de la Bandera y el espacio donde está la Puerta Califal. Era cuestión se seguir avanzando. Y eso se hizo en 2014.

Y el nuevo yacimiento, al igual que sucediera en la Puerta Califal, resultó ser también una mina de Historia. Con cada golpe de pico aparece una nueva veta. Si en los apenas 60 metros cuadrados de la Puerta Califal se descubrieron restos arqueológicos desde el siglo I hasta el siglo XVI, desvelando además el acceso que en el siglo X usaban todos los ceutíes para entrar y salir de la ciudad, en el otro extremo de las Murallas, en lo que en su día fue la discoteca Candelero, los hallazgos no han hecho sino ampliarse.

El visitante lego en lides arqueológicas —o sea, el arriba firmante— se encontrará con tres salas abovedadas, adosadas a la Muralla en el siglo XVIII, y una cuarta, el Baluarte, del tamaño de una basílica. Las tres con el suelo destripado y zonas marcadas, muros que se entrecruzan y estructuras de piedra que se superponen. Zanjas que en algunos casos avanzan hacia las profundidades. Nada que se pueda entender a simple vista. Pero aquí la Historia se explica tierra adentro. 

Ceuta cambiante

El nivel del suelo no ha sido siempre el mismo. La humanidad, como los ríos y el mar, acumula sedimentos, cambiando el paisaje y la línea de costa. Se construye, se destruye y se vuelve a construir encima, amontonando años y tierra. Los diferentes hallazgos, explica Villada, ayudan a hacerse una somera idea de la orografía de Ceuta lo largo de la historia. La ubicación de las defensas, el trazado de una muralla o los depósitos de salazón ayudan a vislumbrar dónde estaba la línea de costa. Los diferentes restos encontrados ayudan a calcular la cota del terreno en diferentes épocas. Si miras al fondo del pozo excavado por los arqueólogos llegas al nivel de la Ceuta romana si te quedas, tres metros más arriba, cerca de la superficie estarás en el medievo. Dos mil años cortados en sección.

"Se ha preservado como si alguien lo hubiera metido en una cajita, en una cápsula del tiempo y nos lo hubiera enviado 2.000 años después para que lo viéramos. Es increíble.”

“Si te fijas verás un gran muro que puede ser de época portuguesa o inmediatamente anterior, de época islámica, un gran muro que nos habla de un gran edificio. No sé si puede ser el Palacio del Gobernador, pero puede ser algo así”, explica Villada sobre el terreno, en una de las primeras bóvedas, pertenecientes al Parador, aun sin entrar en el Baluarte. Y es que cada hallazgo no es una respuesta, son mil nuevas preguntas. “Aquel muro es romano, el que está encima es medieval… son restos que están a mucha profundidad lo que nos da esperanza de que se conserven mejor”. “La zona es muy rica y muy compleja, aquí está el futuro de la arqueología de Ceuta, puede que salgan cosas en otros lugares pero aquí se ha preservado como si alguien lo hubiera metido en una cajita, en una cápsula del tiempo y nos lo hubiera enviado 2.000 años después para que lo viéramos. Es increíble.”

El dilema está ahora en hasta dónde seguir excavando. “Excavar es en parte destruir”, advierte Villada, “¿quito ese muro para ver si debajo están los niveles romanos? Lo importante es tener claras las preguntas que queremos responder. Excavar por excavar… ¿Quien te dice que dentro de 25 años hay una técnica que yo ahora no imagino se puede sacar una radiografía del terreno y en el camino te lo has cargado?”.

Garum Gran Reserva

Pero las sorpresas esperaban, como sucedió en la Puerta Califal, muralla adentro. Y la muralla no empieza hasta que no atraviesas su puerta. De hecho, las bóvedas propiedad del Parador no se construyen hasta el siglo XVII. Hasta entonces esta zona estaba al raso. Prueba de ello es la puerta del baluarte del Torreón, un arco renacentista, de gran belleza y complejidad técnica, hecho para lucir en una fachada, no en un interior, y con sistemas defensivos en su pasadizo. La misma puerta que tal vez usted recorrió con una copa en una mano y un cigarrillo en otra en los años que fue discoteca, la atravesaron los vecinos de la Ceuta medieval y los soldados portugueses cargados de munición. Es al otro lado de esa puerta donde empiezan a emerger los hallazgos que han saltado este verano los titulares, muchos continuación de lo que ya se encontró a solo unos metros, en la Puerta Califal: una muralla y una torre romana de finales del siglo II, otra muralla mandada construir por el emperador Justiniano en el siglo VI y evidencias de un terremoto de la segunda mitad del siglo VII; así como otros descubrimientos más pequeños pero no menos importantes, como fragmentos de ánforas con ‘titulus pictus’, etiquetado en el que se informaba de la calidad del producto, probablemente garum. En este caso, en la parte superior del fragmento se lee AIIIA, es decir ‘annorum quattuor’ (de cuatro años), haciendo referencia al periodo de envejecimiento, como si de un vino se tratara. Es el primero localizado en Ceuta hasta el momento. Un hallazgo significativo, especialmente si se tiene en cuenta la amplia colección de ánforas recuperadas en las costas de Ceuta y en excavaciones en tierra (más de un centenar en las últimas décadas).

“Hasta ahora sabíamos que Ceuta era un lugar importante en los salazones pero no sabemos que había más allá. Si hay un edificio público de esta naturaleza ya no es una playa con unos señores que hacen salazones, más o menos grande, mas o menos rico o exitoso. Esto indica que había otro tipo de estructuras, no era una aldea de pescadores”. 

Una Ceuta desconocida

El yacimiento ha dejado además otras sorpresas y regalos arqueológicos, además de la documentación de varios tramos de murallas de distinta cronología (romanas, bizantinas y omeyas), también se han encontrado evidencias de un seísmo de época bajoimperial del que no había noticia. Un terremoto que partió en dos una muralla, dejando al descubierto parte del material utilizado en su construcción: piezas arquitectónicas que nos hablan de una Ceuta romana más noble y desarrollada de lo que pensábamos. “Son elementos reaprovechados de una fachada monumental de un edificio anterior (probablemente un mercado similar al de la playa de Bolonia). Nos está hablando de una Ceuta que no conocemos”. De nuevo cada hallazgo suscita un sinfín de preguntas. “Hasta ahora sabíamos que Ceuta era un lugar importante en los salazones pero no sabemos qué había más allá. Si hay un edificio público de esta naturaleza ya no es una playa con unos señores que hacen salazones, más o menos grande, mas o menos rico o exitoso. Esto indica que había otro tipo de estructuras, no era una aldea de pescadores”. 

La huella de Justiniano

En ese mismo rincón del baluarte, en la parte más cercana al Puente del Cristo, asoma otro frente de muralla, esta de mediados del siglo VI. Ese pedazo de muro, casi fundido con la estructura de la muralla, ha sido el silencioso protagonista de los titulares de prensa: una muralla bizantina sobre la que se apoya la muralla califal. Según han podido constatar los arqueólogos de la Universidad de Cádiz (UCA) y la Ciudad Autónoma, que han trabajado en esta quinta campaña de excavaciones, el tramo de aproximadamente tres metros de altura y diez de longitud fue construido "entre el segundo cuarto del siglo VI y finales del VII" tras la toma de la plaza por las tropas de Justiniano en el marco de su "megalómana" intentona por reconquistar todo la extensión del Imperio Romano.

Un protagonismo que a Villada, que tiene visión de conjunto, le parece un poco injusto. “Todo es excepcional”, dice recordando el rosario de lienzos de muralla y restos de 2.000 años de antigüedad que acompañan a la obra de Justiniano. Aunque la escasez de restos de la época en España aumentan su valía, admite. El trozo de muralla añade preguntas al saco de los historiadores. El tramo tiene tres metros de alzada y lo que puede haber bajo tierra y hacia los lados, que no había foso. ¿Hasta dónde continuaba? ¿Cuál era su trazado? ¿Dónde estaba entonces la línea de costa?

La Gran Muralla

Pero no solo el contenido apabulla en este yacimiento arqueológico. También lo hace el continente: el Baluarte de la Bandera, mascarón de proa de las Murallas Reales, una imponente mole de piedra que saca pecho sobre el foso. Las maravillas no solo están bajo tierra, también se alzan sobre el suelo. A veces, los árboles no dejan ver el bosque.

El Baluarte es un prodigio arquitectónico para la época, mucho más aun en la Ceuta de entonces. Una maravilla que aun hoy impresiona, construido de forma magistral y en tiempo récord. Una joya de las fortificaciones. Fernando Villada, técnicamente, tiene aquí su oficina, conoce cada palmo de las Murallas Reales y y sigue maravillándose, emocionado, ante su belleza y genialidad. “Mira a tu alrededor, solo la parte alta, a mi me parece que es un prodigio. Hablamos de condiciones que no son las ideales, en un sitio que está especialmente expuesto, con unos medios muy limitados, no es fácil traer a las personas que se requiere y sin embargo son capaces de hacer algo así”, pone en contexto el arqueólogo. 

La construcción del espacio inmenso que ahora nos rodea con su gruesa piel de piedra, supuso un hito técnico para una Ceuta, que, en ese momento de su historia, carecía de los medios, los materiales, los profesionales e incluso el conocimiento técnico necesario para afrontar desde cero un proyecto de semejante envergadura. Un logro que tiene nombre propio: Benedetto de Rávena.

El hombre que cambió Ceuta (y no tiene una calle)

Este ingeniero de fortificaciones italiano al servicio del Rey—curtido en decenas de batallas como artillero antes de dedicarse a la ingeniería defensiva— trabajaba al servicio de Carlos I y llegó a Ceuta en 1541, cedidos sus servicios temporalmente a la Corona portuguesa. Su cometido era construir el diseño defensivo de la nueva colonia lusa. A su lado, para no perder detalle, estaba Miguel de Arruda, maestro de las obras reales de Portugal.

“Lo hace un pequeño reino, Portugal. Apenas dos millones y pico de habitantes consigue implementar algo así en solo nueve años”, apunta. Y el contexto es clave, hablamos del siglo XVI. Dime un proyecto hecho ahora, de esta magnitud, hecho en una década y que además resistirá y será eficaz durante los próximos 500 años”. 

“Tenía una enorme experiencia, había estado en la defensa de Rodas contra los turcos, había estado en muchas fortificaciones hispanas, había estado en Italia, ha aprendido nuevos sistemas de defensa y el rey portugués pide a España su ayuda técnica, lo que ahora llamaríamos transferencia de conocimiento, porque necesita reforzar el norte de África (…) Benedicto de Rávena estuvo aquí solo unos días, unas semanas como mucho, no creas que está un año. Mira el entorno, comprende la topografía, identifica cuáles son los problemas, cuáles son las posibles soluciones y aporta una completamente revolucionaria y se va otra plaza portuguesa, a Mazagâo, donde se le ocurre la idea de construir la mitad de la ciudad en el mar. En Ceuta construyó sobre el terreno, pero imagina que se hubiese decidido construirla desde el Muelle de España hasta el Hacho y la mitad de la muralla se hace sobre el agua”, narra con pasión Villada. Un logro técnico que se hace aun más admirable si se tienen en cuenta tres factores: quién lo hizo, cómo y en cuánto tiempo.

“Lo hace un pequeño reino, Portugal. Apenas dos millones y pico de habitantes consigue implementar algo así en solo nueve años”, apunta. Y el contexto es clave, hablamos del siglo XVI. En 1541 se produce la cesión, el rey firma la instancia, se llevan a cabo los trámites, comienzan los viajes, que se alargaban meses… “Y en 1550 se dice ya que el foso está abierto. Y buena parte de los esfuerzos de los primeros años se dedican a Mazagâo, que es una obra bastante más complicada. Dime un proyecto hecho ahora, de esta magnitud, hecho en diez años y que además resistirá y será eficaz durante los próximos 500 años”. 

Imagino que el lector, como el periodista al escuchar estas palabras, no ha podido evitar recordar los plazos de las obras de la Ceuta contemporánea. En el tiempo que se ha tardado en rehabilitar la Estación Ferrocarril, que lleva ya más de diez años y no está terminada, a Benedicto de Rávena y Miguel de Arruda y un puñado de ceutíes y portugueses del siglo XVI les dio tiempo a construir unas murallas separadas por un foso entre dos mares. Y ahí siguen, todavía hoy emblema de Ceuta. 

Un prodigio que se entiende mejor desde dentro. Porque una muralla no es solo un muro de piedra, es un entramado defensivo en cuyas tripas han de tenerse encuesta muchos factores técnicos y militares: ventilación, iluminación, avituallamiento, dispositivos de tiro… “Esto es tecnología punta de ese momento. Están ensayando nuevos sistemas, es algo que no está asentado todavía, no hay un manual que te diga cómo se hace”, explica Villada.

Solo aquí tenemos siglo X, siglos VI, siglo VII, siglo II y siglo I. En un espacio reducidísimo. Esta es la zona esencial para comprender la historia de Ceuta, este tipo de superposiciones no las hay en otros lugares.

Las capas de la historia

“Y hay miles de cosas que no sabemos”, admite el arqueólogo municipal bajo la bóveda del Baluarte que desde hace 500 años escondía sin saberlo miles de años de historia. A nuestros pies, en el subsuelo, asoma parte del lienzo de una muralla, la misma muralla que asomó en la Puerta Califal, debajo, niveles romanos…, señala el arqueólogo, “es la misma música que en la Puerta Califal, allí una fortificación omega, más abajo otras anteriores, que están, de nuevo, sobre niveles romanos. Es decir, solo aquí tenemos siglo X, siglos VI, siglo VII, siglo II y siglo I. En un espacio reducidísimo. Esta es la zona esencial para comprender la historia de Ceuta, este tipo de superposiciones no las hay en otros lugares. Piensa por ejemplo que en las intervenciones que se hacen en la ciudad, el material de época romana que se encuentra es interesante, acuérdate de los depósitos de salazones de Jáudenes o la Basílica Romana. Pero es difícil encontrar una superposición como la que hay aquí, que ha quedado preservada”.

Solo podemos intuir las razones, pero una cosa está meridianamente clara. Este pedazo de Ceuta lleva milenios siendo una parte vital de la ciudad, un lugar estratégico. Para Villada parte de la explicación está en que nos encontramos en  la puerta natural de la ciudad. Esto es el epicentro de la historia de Ceuta.

Yacimiento Baluarte de la Bandera

El epicentro de la Historia de Ceuta