POESÍA

“Luis López Anglada fue el mejor sonetista del siglo XX”

“Luis López Anglada fue el mejor sonetista del siglo XX”
José María Muñoz Quirós y María Jesús Fuentes durante la actuación de Ebhel
José María Muñoz Quirós y María Jesús Fuentes durante la actuación de Ebhel

María Jesús Fuentes y José María Muñoz Quirós reúnen en “Treinta y nueve redondeles” la esencia de la voz poética de Luís López Anglada en 39 de sus mejores sonetos


El poemario “Treinta y nueve redondeles” nació del encuentro de dos apasionados de la obra de Luis López Anglada (Ceuta, 1919-Madrid, 2007). José María Muñoz Quirós, abulense y gran conocedor del hombre y de su poesía, y María Jesús Fuentes, profesora ceutí y alumna aventajada del poeta, se conocieron en Ceuta en las Jornadas Literarias del Instituto de Estudios Ceutíes (IEC). La conexión fue inmediata y unidos por el lazo poético que los acababa de unir, decidieron volver a llevar a la imprenta los poemas de su admirado López Anglada. Y no cualquiera de sus poemas, no los más conocidos. No, solo sus sonetos. Quizá la fórmula más conocida, pero también una de las más difíciles y en la que Luis López Anglada era todo un maestro.  “El soneto fluye, como el agua, o no fluye y a él le salía”, resume José María Quirós, incapaz de ocultar su devoción por el poeta caballa: “Luis López Anglada fue el mejor sonetista del siglo XX”

Un magisterio que ahora puede disfrutarse reunido en un nuevo poemario del poeta ceutí, editado por el Instituto de Estudios Ceutíes en su colección ‘La casa de los Dragones’ y que este miércoles se ha presentado en sociedad en la Biblioteca Pública de Ceuta, con la colaboración especial de Ebhel, que ha puesto música a los versos del poeta ceutí..

Las premisas para Muñoz Quirós estaban claras: buscaba los sonetos que más le había escuchado recitar al propio Anglada; aquellos en los que plasmaba su amor por sus “patrias chicas”, Ceuta, Fontiveros y Burgohondo, en Ávila y Madrid y, sobre todo, aquellos endecasílabos que condensan su esencia poética: amor, vino, vida y muerte.

“La idea fue un poco espontánea”, recuerda María Jesús Fuentes, “hablando de la grandeza de sus sonetos, para su centenario nos pareció que la mejor forma de recordarlo, de honrar su capacidad de escritura, era destacar lo que mejor sabia hacer, algo tan difícil además: el soneto. Catorce versos en los que tienes que contar una historia y guardar una melodía y para eso él era único. Una compañera del IEC, María Bermúdez, me decía recientemente que releyendo el libro le parecía estar en el Barroco”. 

Ebhel

Los “redondeles” del título rinden homenaje a una serie de sonetos dedicados a sus entonces ocho hijos —luego fueron diez— conocidos como ‘Los ocho redondeles’ publicados en ‘Contemplación de España. “Son sonetos mucho más juguetones y para esta selección hemos elegido ‘Niño Quinto y pensé que si José María y yo estábamos haciendo esto por su centenario, somos hijos suyos poéticamente”, expresa de forma poética Maria jesús Fuentes, que confiesa haber disfrutado con este trabajo de recopilación y selección. “He renovado mi admiración y la he duplicado y me lo he pasado de miedo”.

Cada cual eligió sus poemas sin un hilo conductor prefijado y la colaboración fluyó con naturalidad, como fluyen los sonetos de Anglada. Las premisas para Muñoz Quirós estaban claras: buscaba los sonetos que más le había escuchado recitar al propio Anglada; aquellos en los que plasmaba su amor por sus “patrias chicas”, Ceuta, Fontiveros y Burgohondo, en Ávila y Madrid y, sobre todo, aquellos endecasílabos que condensan su esencia poética: amor, vino, vida y muerte.

Pero la selección, así y todo, no era sencilla. La obra poética de Anglada es muy extensa, nada menos que 27 poemarios. “Tengo muchos libros porque tengo muchos años”, ironizaba el poeta. Para “Treinta y nueve redondeles”  Muñoz Quirós y Fuentes han elegido algunos de sus sonetos menos conocidos, sacados de obras como ‘Memorial de antiguos vientos’ (1986), Impaciencias, su primer poemario, de 1943; o de otras también menos populares como ‘Plaza partida’ (1965). Sonetos en los que Anglada, subraya Muñoz Quirós, demostraba su magisterio en este terreno. Con un primer terceto en el que empezaba con un ritmo lento para darle empuje en el segundo y ritmo en el tercero y cerrar en el cuarto con un verso rotundo, un verso hecho para que se quede latiendo en el oído del lector, explica este experto en la obra del poeta ceutí.

López Anglada era también un gran rapsoda, aunque en un estilo muy diferente al que estamos acostumbrados ahora, más grandilocuente, abriendo los brazos, gesticulando, recuerdan ambos. “Sabía de memoria muchos poemas, no solo de su poesía”

Ambos tienen claro cual es su poema favorito de López Anglada. Para Muñoz Quirós es sin duda ‘Soneto para el final’, un emocionante poema sobre la muerte. Para Fuentes es, también sin dudarlo, ‘La alfarera’, uno de los sonetos dedicados a una de sus hijas. “Le gustaba mucho recitar ese poema”, recuerda María Jesús Fuentes, “cómo movía las manos haciendo la paloma”. Y es que, además de gran poeta, López Anglada era también un gran rapsoda, aunque en un estilo muy diferente al que estamos acostumbrados ahora, más grandilocuente, abriendo los brazos, gesticulando, recuerdan ambos. “Sabía de memoria muchos poemas, no solo de su poesía”, rememora Quirós. “A veces nos engañaba recitando poemas de otros”, se ríe Fuentes recordando. 

Recuerdos del poeta fallecido en 2007 pero que sigue muy vivo en sus lectores, que ahora podrán volver a disfrutar de su capacidad poética, de su magia para hilar endecasílabos, en su nuevo poemario, “Treinta y nueve redondeles”. Una antología de sus mejores sonetos que ya es un imprescindible en cualquier biblioteca caballa que se precie.

“Luis López Anglada fue el mejor sonetista del siglo XX”