PATRIMONIO

Las murallas ¿de Dragados?

Las murallas ¿de Dragados?
Murallas Meriníes-4
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Ni un solo panel informativo, ni tan siquiera una placa sitúan al visitante que se acerca a las Murallas Merinidas, tan solo hay un enorme cartel de la empresa constructora que acometió los últimos trabajos de restauración. 

En 1327, el sultán Abú Said Utman II ocupaba definitivamente la Ceuta azafí. Apenas un año después, para asegurar la fidelidad de los ceutíes y asegurar la plaza, decide levantar una ciudad majestuosa: Al Mansura, la victoriosa, también conocida como el Afrag. Una ciudad protegida por una muralla con tres puertas y coronada por un alcázar también amurallado. 

Tras la conquista de Ceuta en 1415, la ciudad quedó abandonada y a mediados de aquel siglo el Rey Joâo III ordenó su demolición. Afortunadamente, quien fuera que tenía que acatar la orden no lo hizo como debía y solo se derribó una parte. El resto quedó al albur del paso del tiempo, desmoronándose lentamente devorada por la maleza.

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Hoy, casi 700 años después de que Abú Said Utman II levantara Al Mansura tan solo quedan en pie unos centenares de metros del lienzo de la muralla. Y ni apenas rastro de quien la levantara. Pese a haber sido restaurada, aun falta el trabajo de divulgación puesta en valor y la muralla parece haber sido olvidada, arrinconada.

Nada explica al visitante qué son esas piedras doradas que parecen desafiar al tiempo entre las barriadas de Zurrón y Villajovita, frente al IES Almina. Ni un solo cartel pone en contexto al curioso, ni placa alguna da pistas de lo que tenemos delante. Y lo que es peor: ante las Murallas Merinidas (o Meriníes) que una vez albergaron una ciudad fastuosa solo hay un enorme cartel azul con letras amarillas con el logo de Dragados, la empresa constructora que cometió su última restauración, finalizada en 2017. Siete siglos después, la muralla que ordenada construir Abú Said Utman II, parece hoy la Muralla de Dragados. 

“Durante su reinado —cuenta el cronista Ibn Mazuq— aumentó la prosperidad y creció la esperanza, pero el designio de Dios se cumplió. Reconstruyó totalmente dos ciudades con especiales fines, con sus mezquitas, baños y alhóndigas; la Mansura de Ceuta y la Mansura de Tremecén, nadie ha visto nada semejante a ellas”. 

Tras más de medio siglo olvidadas desde la entrada de los portugueses, el primero en alertar de su valor y de su imparable deterioro fue Carlos Posac en 1962. Para entonces la ciudad había crecido uniéndose lo que fuera Al Mansura y la Ceuta contemporánea y las edificaciones habían brotado alrededor de los lienzos de la  muralla. Corría peligro un legado histórico valiosísimo que hasta entonces no se había estudiado como debía. Seis años más tarde, en 1968, al amparo del Decreto de Protección de Castillos, las entonces conocidas como Murallas Árabes de Ceuta fueron sometidas a los primeros trabajos de restauración en cinco siglos. En los años 80 una Escuela Taller trató de seguir su trabajo, manteniendo en pie lo que quedaba de muralla. 

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En 1995 fue declarada Bien de Interés Cultural y en 2006 volvió a ser restaurada por tercera vez, trabajos de consolidación que se repitieron de nuevo en 2011 y 2017. Y no serán los últimos. Una próxima actuación de restauración de las murallas Meriníes quedará incluida en las inversiones recogidas dentro del Plan de Inversiones de la Consejería de Fomento, según anunció en abril en el Pleno de la Asamblea el consejero de Cultura Carlos Rontomé, a raíz de una interpelación del diputado no adscrito, José María Ruiz.

Hoy, las Murallas Merinidas siguen a la espera de nuevos planes de restauración y, sobre todo, a la espera de su puesta en valor. Por que, a juzgar por los carteles, la muralla parece mérito de una empresa constructora y no un legado meriní… Si el sultán levantara la cabeza y viera en qué ha quedado su victoriosa Al Mansura.

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