Lectura y cine

'A sangre fría' y 'Desayuno con Diamantes', dos de Truman Capote, en el club de lectura del Morro

Biblioteca Pública de El Morro
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Este viernes día 20 se celebrará el primer encuentro, en el que se abordarán dos conocidas obras del autor américano y al día siguiente, el sábado, se proyectará el film protagonizado por Audrey Hepburn

En septiembre se reanudan las actividades del Club de Lectura y del Cinefórum de la Biblioteca Miguel Ángel Blanco. Para este inicio se ha elegido la figura del escritor Truman Capote por coincidir este año con el centenario de su nacimiento y el 40 aniversario de su fallecimiento.

En el Club de Lectura, que se celebrará el viernes 20 de septiembre en la Biblioteca del Morro, se abordarán dos de sus obras más conocidas: 'A sangre fría' y 'Desayuno con diamantes'. De esta forma, en el Cinefórum, que se desarrollará el sábado 21 de septiembre a las 12 horas, está prevista la proyección de la conocida película que comparte nombre con el libro, dirigida por Blake Edwuards en 1961 e interpretada por Audrey Hepburm y George Peppard. La asistencia al Cinefórun es libre.

Sobre Truman Capote

Nacido en Nueva Orleans, Luisiana, 30 de septiembre de 1924, falleció en Los Ángeles, California, 25 de agosto de 1984

Empezó a escribir para mitigar el aislamiento sufrido durante su infancia. En ese entorno nacería su pasión por la literatura y los chismes, que él mismo denominaría como «un estilo de ver y oír» y que conformarían las herramientas del futuro escritor y periodista. A los diecisiete años, ya instalado en Nueva York, abandonó los estudios secundarios y comenzó a publicar sus cuentos en revistas literarias. Al poco tiempo empezó a trabajar en The New Yorker. Sus obras más célebres son Desayuno en Tiffany’s (1958) y A sangre fría (1966), novela de no ficción que instauró el nuevo «periodismo literario», para cuya realización Capote entrevistó durante meses a los protagonistas de un tremendo asesinato que conmocionó a los Estados Unidos.

Sobre el final de sus días, murió el 25 de agosto de 1984, hace cuarenta años, ya estragado por el alcohol, las drogas y, de nuevo, por el desamor, porque la sociedad que lo había mimado le había dado la espalda y lo había condenado al ostracismo, definió su vida con un alarido: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”.

“Tuve una niñez difícil. Era raro que viera a mi padre: él se casó tres o cuatro veces. Mi madre no era mala conmigo; simplemente tenía otros intereses. No pasé privaciones económicas; siempre hubo dinero para mandarme a buenas escuelas y todo eso. Pero simplemente sufrí un total abandono emocional”

Truman encontró un ancla en Monroeville: una chica dos años menor que él, Harper Lee, que sería su amiga y una escritora magnífica, autora de una novela célebre: “Matar a un ruiseñor”, y que años después acompañaría a Truman en una aventura extraordinaria: la investigación de un cuádruple crimen que daría origen a una obra maestra de Capote.

En aquella aldea sureña Truman era un chico raro. Era una especie de genio. Tenía un coeficiente intelectual de 215 que había sido calculado en unos exámenes a los que no tuvo más remedio que prestarse para que alguien descubriera por qué era un chico tan extraño.

A los diecisiete años ya era el aprendiz más joven de la prestigiosa revista “The New Yorker. A los veintitrés años era famoso: en 1948 publicó su primera novela, “Otras voces, otros ámbitos”, en la que habló en forma abierta de la homosexualidad.

Truman se zambulló en aquel líquido viscoso y denso que era el corazón del jet set neoyorquino,y escandalizó al mundo entero con sus desplantes y sus provocaciones sostenidas por el alcohol y la etapa iniciática en el fatal terreno de las drogas. Gran parte de esa vida, la pasó junto al escritor Jack Dunphy, que fue su pareja de siempre en medio de un tumulto de amantes de Truman entre los que no faltaron desde actores jóvenes hasta técnicos en refrigeración.

El 15 de noviembre de 1959 dos desconocidos, Dick Hickock y Perry Smith, llegaron a un pueblo que pudo ser el Monroeville de Capote, pero que era Holcomb, casi una aldea vecina a Garden City, Kansas; invadieron en la noche la granja solitaria de Herbert Clutter y asesinaron sin motivos al granjero, a su mujer, Bonnie, y a sus hijos Nancy, de 16 años y Kenyon, de 15. Habían creído las mentiras de un antiguo compañero de cárcel que aseguraba que los Clutter guardaban una suma vecina a los quince mil dólares. Truman olió la gran historia.

Todo resultaría fresco: el acento y la actitud de la gente, el paisaje, el clima. Consideraba que todo eso no haría más que agudizarme la vista y afinarme el oído.

Y Truman fue, acompañado de su fiel amiga de Monroeville, Harper Lee

Así fue como nació “A sangre fría”, una tragedia griega, una gigantesca investigación de seis años en los que Capote vivió en Kansas, reconstruyó la historia de los Clutter y de sus asesinos, pintó con el pincel de Tolstoi la aldea estadounidense inmersa en la Guerra Fría, entrevistó a los criminales, se sintió atraído por uno de ellos, Dick Perry, y que sólo terminó cuando Capote, como testigo, vio la ejecución de los dos criminales en la horca, el 14 de abril de 1965.

Ese gigantesco fresco norteamericano que es “A sangre fría”, mezcla de realidad y ficción, dio origen a una nueva ciencia estilística en la narración periodística: “non fiction” la llamaron entonces los americanos y aún sigue vigente, aunque cada vez con menos exponentes. Y el padre de esa criatura, aquel que ansiaba sobre todo fama y éxito, trepó entonces a lo más alto de una pirámide que albergaba en su vértice a millonarios, políticos, intelectuales, actores y actrices símbolos de la época y, sobre todo, a la altísima sociedad estadounidense. Todos recibieron a Truman como a un niño mimado, travieso, obstinado, escandaloso, acaso algo peligroso pero manejable.

Capote había elegido una frase de Santa Teresa de Jesús para su siguiente obra. Teresa aseguraba que siempre se derraman más lágrimas por las plegarias a las que Dios atiende, que frente a las olvidadas por Su misericordia. En 1975 Truman publicó “Plegarias Atendidas”, que contenía un espejo brutal de la sociedad de exclusivos que le había abierto las puertas de sus mansiones y le había confiado sus secretos. Truman fue despiadado,

Fue un desastre y Capote sucumbió en él. Una de las mujeres cuya historia revelaba el libro, con un nombre de ficción que apenas simulaba su nombre real, su suicidó con barbitúricos. Un dato estremecedor rodeaba ese suicidio: la mujer había usado para matarse el mismo fármaco que había usado la madre de Capote. Las puertas de aquel mundo que se habían abierto a su genio, se cerraron ahora ante su crueldad. Cuando la sociedad y su pareja lo abandonaron, deambuló de hospital en hospital sin que ninguna institución se hiciera cargo de un paciente tan incontrolable. Sus médicos le aconsejaron que se enderezara o se pegara un tiro, no hizo ninguna de las dos cosas. Eligió dejarse ir. La autopsia dijo que no había rastros de alcohol en su sangre. En cambio, sí había tomado Valium y Dilantin, y Codeína y Tylenol, y otras dos o tres marcas diferentes de drogas.

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