DÍA DE CEUTA

Trece formas de entender la pintura en Ceuta

Trece formas de entender la pintura en Ceuta
José Pedrajas explica su obra a los asistentes.
José Pedrajas explica su obra a los asistentes.

Son trece caminos trazados a pincel, todos dispares, personales e intransferibles. Acuarelas, acrílicos y óleos, sobre lienzo, cartón o incluso sábanas viejas del Ejército.


Solo tiene un rasgo en común: Los trece son artistas ceutíes en activo. Cinco mujeres y ocho hombres que resumen el arte pictórico en Ceuta en la transición entre los siglos XX y XXI, seleccionados por la Biblioteca ‘Adolfo Suárez’ para celebrar el Día de Ceuta y que podrá verse hasta el 9 de septiembre.

Vea una selección de las obras expuestas

Una muestra que ha supuesto un desafío para la Biblioteca y la implicación desinteresada de los artistas que han prestado su obra, en algunos casos de su colección personal, resaltaba el director del centro, José Antonio Alarcón, explicando que este año ha querido ponerse el acento en dos disciplinas artísticas en las que se “está trabajando mucho y bien”, como son la pintura, con esta exposición, y la poesía, con el concierto de Ebhel, Mala Rima y D’Jazz Flamenk en el que pusieron música a los poetas ceutíes.  

Un ejemplo de “compromiso y talento”, resumió el consejero de Cultura, Javier Celaya, que dijo sentirse orgulloso del dinamismo del arte en Ceuta en relación son sus dimensiones, los mismos motivos por los que calificó de “bien cubierta” la oferta cultural en la ciudad

Antonio San Martín, Belén Abad, Carmen Navío, Fernando Garrido, Francisco Javier León, José Pedrajas, Juan Orozco, Juan A. López, María A. Martínez, María E. Díaz, Paco León, Pedro Orozco y Tamara García componen este abanico de pintores que transitan entre el realismo de Pedrajas, a la escuela de acuarelistas de Rejano, de los Orozco, el naif sin complejos de Tamara García o la excepción abstracta de la muestra, Antonio San Martín. Una excepción que da la medida de esta retrospectiva -y en cierto modo de la escena artística local-en la que la balanza de estilo se inclina hacia lo figurativo y las composiciones tradicionales, los paisajes marinos de la escuela clásica o la inevitable influencia de Bertuchi.

No pudieron llegar, por diferentes motivos, todos los artistas, pero los que estuvieron guiaron por la muestra a los escasos presentes en la inauguración. Una exposición que abre un enorme estandarte con un león medieval sobre fondo naranja con el escudo de Ceuta en el pecho a modo de emblema castrense de Fernando garrido Robres. Una obra singular, pintada con tinta y acrílico sobre una sábana vieja del Ejército, “tratada como si fuera piel”, explica Robres.

A su lado está la excepción abstracta de Antonio San Martín, que confiesa con humor sentirse un “bicho raro” con sus composiciones de formas y colores que son su inconfundible sello personal, en esta colección de artistas locales, la gran mayoría acuarelistas. Chico López es uno de ellos, aunque ha querido mostrar sus dos caras, la más clásica con un paisaje marino difuminado y otro paisaje, este urbano, en el que corta por lo sano con una arriesgada composición  que desequilibra dotándolo de una inesperada profundidad.

Le acompaña la obra minuciosa y colorista de Belén Abad, al borde del hiperrealismo en una de las dos obras expuestas (jarrones marroquíes), más clásica en el otro (Casa de los Dragones), pero siempre detallista. La saga Orozco no podía faltar, aunque sí se haya ausentado en este caso Pedro Orozco, de vuelta de Brasil de un certamen de acuarelistas. Si estaba su hijo Juan Orozo que ha sido el encargado de hacer de cicerón del trabajo de su padre, que ha aportado dos miradas muy diferentes pero inconfundibles: un paisaje portuario de Amberes, del que Juan Orozco años después, tras localizar por casualidad el sitio desde el que fue pintado, ofrece su propia visión desde el otro lado del puerto. Pedro Orozco también ha aportado a la muestra otra inconfundible acuarela de una callejuela de Chaouen sobre la que sobrevuela la sombra de Bertuchi.

No son la única pareja paternofilial de la muestra. Paco León y su hijo Francisco Javier se sumaron a la exposición colectiva con dos trabajos muy diferentes. El hijo con un apunte temprano (de 1988) de cuando daba sus primeros pasos alrededor de los maestros del arte, y el padre con tres ejemplos de hiperrealismo castrense, entre ellos una celebrada reproducción del buque escuela Juan Sebastián Elcano en el Muelle España.

Inequívoca es también la obra de Tamara García, naíf femenino, con el trazo grueso y desacomplejado de una artista autodidacta que no pinta cuadros sino estados de ánimo en rostros de mujer. Trazo grueso y naíf que, a su manera, comparten también las visiones nocturnas de Amparo Martínez Selva. También se ha sumado a la exposición la ceramista Carmen Navío para mostrar su lado pictórico con un trabajo singular en el que retrata uno de los mosaicos aparecidos en el yacimiento de Huerta Rufino sobre el que se asienta la Biblioteca. Una de las artistas que más ha constado convencer, confesaban desde la Biblioteca, ha sido María Eugenia Roviralta, que ha prestado dos obras de una sencillez evocadora de trazos clásicos.

Y cierra este repaso José Pedrajas, en una de sus versiones pictóricas, el realismo, con dos instantáneas hiperrealistas urbanas de Ceuta, un portal de la calle Peligros y un viejo estanco en la calle Real, en la desembocadura de la plaza Maestranza. Un rincón de Ceuta que seguramente muchos reconocerán casi al instante, aunque de aquel estanco solo queda la huella.

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