El Atlético de Ceuta vence al Montilla con oficio y autoridad

El Atlético de Ceuta vence al Montilla con oficio y autoridad
Prieto chuta en lo que sería el segundo gol

- Dos goles en la primera mitad de Antonio Prieto a pase de Ismael, el mejor del encuentro, sellaron la victoria

- El Montilla apenas sí inquieto a los atléticos


Todo al principio de temporada invitada a la depresión, pero la realidad trae euforia. No importa cuánto empeño pongan los dirigentes en armar el lío, en ultrajar la historia y generar un lodazal a su alrededor del que difícilmente alguien pueda ya salvarse. Al comienzo sólo había nubes y depresión: el embrollo del nombre, la desaparición de facto de la Asociación Deportiva Ceuta por impago y su descenso finalmente a Regional, las deudas, la crisis, la comedia, por no decir tragedia, de los entrenadores, las acusaciones muy graves a la Federación, hasta el campo, el 54, de césped artificial, sin apenas graderío, con líneas pintadas como los multiusos, en espera de que el Murube esté listo, hasta la ubicación de la prensa, que parece más que nunca una banda, aunque esté en el fondo. Pero no. Dónde todo era depresión han aparecido los resultados para desatar la euforia.

El Atlético de Ceuta venció este sábado al Montilla con mucho oficio y más autoridad. Dos goles, los dos de Antonio Prieto, que silencia el ruido y mandan al calabozo a los pesimistas, al menos por una semana más, dando rienda suelta a los optimistas.

Diez puntos de quince posibles. Cinco jornadas después el Atlético de Ceuta circula con cierta comodidad por la parte alta de la tabla, dormirá segundo, a la espera de que el domingo juegue el resto del grupo.

Y sí, es tercera. Poco importa si el equipo estuvo más o menos fino. El que quiera ver juego de tiralíneas y filigranas, una cátedra sobre el espacio, que ponga la televisión y vea al Barça de Tito Vilanova y Messi. El que quiera ver verticalidad, fútbol veloz y de fuerza y otra clase magistral de cómo jugar al contrataque que ponga la televisión y vea al Real Madrid de ‘Mou’ y Cristiano. El que opte en cambio por sentir los colores y disfrutar de los bajos instintos que enciende el fútbol en cualquier campito puede llevarse un cojín e irse al 54 cuando juegue el Atlético de Ceuta.

El graderío insignificante se olvida ante el placer de ver un campo más lleno que vacío, aunque apenas sean 400 los que gritan al árbitro cuando se equivoca o, como este sábado, aplauden al equipo en el centro del campo al final del partido. Algo que es en sí mismo un símbolo, pocas veces se vio en las 38 últimas citas (2 temporadas) de la Asociación Deportiva Ceuta en el Murube. Se disfruta de la pasión, de saber que muchos de los que están sobre el verde son convecinos de nacimiento y corazón.

No importa mucho si juegan mejor o peor. El de la grada lo que quiere es coraje, entrega, oficio y pasar el rato quemando mala leche y proyectando todo eso en un campito de fútbol de los de antes, de los que remontan a cuando al fútbol le quedaba romanticismo y la tristeza no se medía en premios o ceros en la nómina. Fútbol en esencia.

De tercera. Malo no, malísimo. Aburrido el juego, pero ¡qué emocionante, el juego! Y más satisfacción si se gana.

El Atlético de Ceuta ganó con cierta contundencia, con un equipo lleno de cambios sobre los onces que habían salido de partida en las cuatro jornadas anteriores. Jugaron Garrido, Segura, Corrales, Jaime, Sandro, Pepe Martínez, Jorge, Perita, Antonio Prieto, Reda e Ismael. En la segunda parte tuvieron su oportunidad Aitor y Villatoro. Conviene ir memorizando por si al final hay que recitar.

La primera parte el Atlético de Ceuta hizo lo que quiso. Tiró de oficio, de profesionalidad, de brega y entrega. Presionó arriba y eso le alcanzó para generar ocasiones y también para que Garrido se aburriera la mayor parte de ese primer periodo ante las escasas apariciones cerca de su meta del Montilla.

Presionó arriba el Atlético de Ceuta y en uno de tantos robos en las inmediaciones del área del Montilla, Ismael, eléctrico en esa primera parte, probablemente fue el mejor de los 22, se la dio a Antonio Prieto, para que le pegara fuerte y bien y la mandara a la red. Minuto 24, el Atlético ganaba 1-0.

Siete minutos después el guión fue parecido, robó el Atlético arriba. Y de nuevo Ismael, con tantos voltios como en la anterior, hizo casi todo el trabajo, llegó al vértice del área chica y se la dio a Antonio Prieto en el centro para que rematara con ganas y casi a placer. 2-0.

En el 46, ya en el descuento de esa primera parte el Atlético pidió penalti con pocas ganas, pero ser, era. El defensa del Montilla sacó el brazo y lo extendió para evitar que el jugador del atlético progresara dentro del área. No lo vio el árbitro tampoco lo reclamó la grada con demasiada energía.

La segunda parte fue mala, muy mala. El Montilla salió de la caseta más decidido a hacer algo. En la primera no hizo nada. Y arrinconó al Ceuta en los primeros compases, aunque sin llegar a generar nunca una sensación de acoso y derribo, de peligro, de fuego en la casa.

Pasaron los minutos y la esterilidad del Montilla convirtió su empuje inicial en tedio absoluto. Jugaban los atléticos a esconderse, a no quemarse, físicamente el equipo no está bien, a intentar enganchar alguna contra y dejar correr el tiempo.

Se complicó todo más cuando el Montilla estaba empezando a darse cuenta de su impotencia. Antonio Prieto, el bigoleador de la jornada, vio la roja directa por una agresión en las narices del árbitro. A pesar de que, de nuevo, todo invitaba a la depresión, apunto estuvo de nuevo de aparecer la euforia. En el minuto 62, Reda se plantó sólo en el área rival en una contra, la tiró por arriba, de vaselina, para salvar la salida del portero, desquiciado, y la estrello en el larguero.

Siguieron pasando los minutos, llegó la noche, la iluminación apenas alcanzaba para ver a los jugadores en la otra punta del campo, como antiguamente. El Montilla tiró casi en el descuento una al palo y otra rozando el poste, pero apenas sí creo peligro. Defendió bien el Atlético de Ceuta. Jugó con oficio, perdió todo el tiempo que pudo, caían como si fueran bolos y no querían levantarse nunca. Rentabilizó el esfuerzo al máximo. Como ha hecho durante estas cinco jornadas.

De la depresión, ni rastro. La grada se fue a casa, contenta, sonriente, optimista, mejor que cuando entraron al diminuto campo. Feliz. Y pensando: “¡ay, si fuéramos más! ¡Ay, si aunque sólo un día fuésemos capaces de llenar no el Murube, sino éste chiquitito! Que no hacen falta muchos más”. Ojalá.

El Atlético de Ceuta vence al Montilla con oficio y autoridad