El Ceuta no pierde en el Murube ni queriendo

El Ceuta no pierde en el Murube ni queriendo
-Guzmán marcó en el descuento el gol del empate

-El San Roque con 9 fue capaz de adelantarse en el marcador


Y del mismo modo que se puede decir que el Ceuta en casa no pierde ni queriendo al partido de este domingo le vale también el titular de no gana ni queriendo. El partido fue raro y bronco, tanto que hubo tangana final en el vestuario, pero eso ya lo contaremos. Vamos a lo futbolístico.

El equipo no acusó el cambio de año y mantuvo la tónica de lo que venía ofreciendo ante su afición. Juego intenso, rápido, sin demasiadas ideas, pero efectivo y hasta efectista por momentos. Dominó al rival, pero el rival no se dejó amedrentar y resistió la pelea hasta el final.

El San Roque llegó a Ceuta con la lección aprendida. Ganar aquí es muy complicado, así que apostó por encerrarse atrás y jugar sus bazas a la contra. Casi le sale bien en la primera parte, dispuso de dos. El Ceuta tuvo una de cabeza muy franca de Javi Navarro. No entró la pelota.

El Ceuta de Goiko quiere la pelota tanto o más como la quería el Ceuta de Joao de Deus. Los problemas siguen en la distribución del juego, ahí, como en cualquier equipo de seguda B la cosa está sufrida. Al principio pareció que con el año nuevo, el equipo saltó al campo con intensidad nueva. Pero la cosa se fue disipando. No así, la actitud de la afición, Goiko, como desde estas líneas pidió intensidad a la grada y a fé que la de hoy fue otra bien distinta a la de jornadas atrás. Los aficionados que fueron al campo, menos que abonos se vendieron, gracias al Barça, pusieron toda la carne en el asador, incluso se puede decir que alguna chuleta se les quemó, cuando lanzaron objetos al campo, después del empate.

En la segunda parte, el San Roque salió mejor plantado que los locales y el Ceuta tardó un cuarto de hora en inquietar la portería rival, pero cuando lo hizo comenzó a poner patas arriba el encuentro.

Así en el 64, Jaume, que había salido al descanso, no tuvo más remedio que cortar en falta, entrando abajo y por detrás el ataque caballa. La ocasión hubiera sido franca, se quedaba solo ante el portero. El árbitro enseño el cartón rojo, delirio en la grada. El Ceuta jugaba con uno más, en principio, 26 minutos.

Había tiempo, y el equipo de Goikoetxea debió sentir tal superioridad sobre el de San Roque que pareció faltarle un puntito de hambre arriba, en donde generaba casi ocasiones que se desvanecían en el último pase, haciendo desesperar a al grada que lo mismo cantaba un sonoro ¡uy! Que gritaba aquello de “¡eres muy malo!”.

El partido de fue volviendo bronco, el árbitro sacó unas cuentas tarjetas amarillas y expulsó en los banquillos un delegado por cada equipo.

En el 70 el Ceuta casi goza de un penalti. Falta al borde del área. En el 77 una mala salida del portero del San Roque, Pau, casi le cuesta cara, se quedó vendido y la defensa sacó la pelota casi debajo de los palos. En el 78, el San Roque, que se dedicó buena parte del partido a perder tiempo y esperar que pasaran los minutos con el cero cero se quedó a las puertas de hacer un cambio. Le tocaba salir al 20, Ekeko, pero fuera porque no se enteró –como dijo su entrenador en sala de prensa– fuera porque realmente quería perder todo el tiempo posible, colmó la paciencia del colegiado (con mucho ánimo de ser protagonista) y le enseñó cartulina amarilla, como ya tenía otra, a la calle, y su recambio se quedó con las ganas de pisar el verde.

Quedaban 12 minutos más el descuento para jugar con dos más. Y si el Ceuta ya dominaba la victoria parecía hecha.

En el 81 el árbitro pitó un fuera de juego que no lo era y que dejaba a un jugador del Ceuta con la pelota delante del portero sin defensa que le incordiara. No fue la única ocasión. Hubo más. Todas así, todas a punto de ser, pero sin llegar a manifestarse.

Y el fútbol no perdona estas demoras, estas simpatías con la tibieza cuando el partido ya es una caldera a punto de estallar. Y cuando los encuentros están así, acaban estallando si no es en una portería es en la otra. Y eso pasó. Marcó gol el San Roque. En el 87, en una jugada táctica, una falta bien pegada que se paseó por delante de Fock, hasta que acabó en las mallas, sin que nadie hubiera hecho nada.

Cero a uno. El inusitado activo graderío callado, indignado en lo íntimo, pero sin acabar de creer en la derrota, sin perder la fe en la victoria, cuanto menos en el empate. Eso parecía decir Javi Navarro cuando esperaba a que el delegado del Ceuta, José Luis Pérez Viruel, abandonara el campo, había sido expulsado.

Misteriosamente se sentía en el ambiente que todo el mundo creía en la capacidad de reacción del equipo. La pelota se puso en juego en el 89. Y el Ceuta acosó como fiera herida al San Roque, lo acosó tanto que casi hizo gol en la primera y en la segunda aproximación después del saque de medio campo. Y en una de esas, con el tiempo cumplido, llegó el balón a Guzmán (muy cuestionado por la grada durante la segunda parte). Le cayó la pelota dentro del área, en el lateral izquierdo del ataque del Ceuta, se la cambió a la bota derecha y encontró el hueco para cruzar el cuero y mandarlo al fondo de la mallas, haciendo inútil la estirada de Pau.

Delirio de nuevo en el Murube, no es la primera vez que se salvaban los muebles en el descuento esta temporada. No se pierde un partido en casa ni con todo a favor para que eso suceda.

Y aún hubo tiempo para más. Estuvo muy cerca la victoria. Hubo más casi ocasiones, más balones colgados que no llegaron a convertirse en disparos a puerta, que hubieran sido 90 por ciento gol, por centímetros.

Al final bronca monumental para el colegiado, para el San Roque, tangana en el vestuario, denuncia ante la Policía Nacional… Y lo más importante: Un punto más, ¡que sabe a tan poco y a la vez hizo disfrutar tanto!

El equipo sigue cuarto, empatado a puntos con el tercero, el Cádiz y un poco más lejos del líder, el Murcia, que está ahora a siete. La semana que viene toca nueva sesión en el Murube, contra el Écija ¡Sería tan bonito ganar el factor ambiental y llenar el campo, tal y como reclamó Goiko!

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