POLIDEPORTIVO

La Federación de Baloncesto suspende los entrenos de tecnificación por las goteras en el Campoamor

La Federación de Baloncesto suspende los entrenos de tecnificación por las goteras en el Campoamor
De nuevo los charcos en el horizonte del otoño y el invierno en el Campoamor.
De nuevo los charcos en el horizonte del otoño y el invierno en el Campoamor.  
El pabellón sigue con los mismos problemas que antes del confinamiento, cuando varias federaciones tuvieron que suspender sus actividades por las goteras. Eso sí, han renovado las luminarias, que también presentaban un importante déficit.

Se ha hecho querer la lluvia, tan necesaria para la vida, haciéndose esperar. Al fin estos últimos días el cielo ha volcado algo de agua sobre la ciudad, como en la tarde de este jueves 17 de septiembre. Bueno, para ser exactos arrojó apenas dos litros por metro cuadrado en las primeras horas del miércoles y, según la estación meteorológica de la Agencia Estatal de Meteorología en la Ciudad nada durante esta tarde, aunque llover ha llovido. Poco o mucho, lo suficiente para que una vez más el Instituto Ceutí de Deportes quede retratado.

La Federación de Baloncesto de Ceuta ha tenido que suspender sus entrenamientos de tecnificación en la tarde de este jueves. Precisamente por la poca lluvia caída. De nuevo, el Campoamor ha dejado ver las goteras, colocando sobre la pista algunos charcos peligrosos e incompatibles con la práctica deportiva a techo cubierto.

No se trata de un problema nuevo, durante el curso pasado, antes de que la pandemia obligara a paralizarlo todo, las carencias del tejado del pabellón ya obligaron a suspender la actividad, no sólo la baloncestística, varias jornadas. El problema lo arrastraba también el otro polideportivo existente, el Guillermo Molina. En ese caso, el ICD sí actuó de urgencia y reparó el techo, no ha sucedido lo mismo a juzgar por la foto remitida por la propia Federación con el Campoamor.

Al menos estos meses de parón sí los ha aprovechado el iCD para reponer la luminaria fundida del Antonio Campoamor, otra de las quejas habituales de quienes la usaban para practicar deporte, la penumbra con la que se veían obligados a desarrollar sus actividades. Ese problema está solventado, ahora sólo queda que el techo cumpla con su función, pero para ello necesita una buena reparación.

Que a juzgar por lo vivido este jueves llegará tarde, como el final de las obras del nuevo polideportivo Díaz Flor, encomendadas a Tragsa. El pabellón debería haber estado listo en marzo del año pasado, toda vez que el acta de replanteo se firmó el 20 de febrero de 2018 y el plazo de ejecución de los trabajos estaba tasado en 13 meses. Primero se le concedió a la empresa una prórroga de 8 meses argumentada en una modificación de los proyectado inicialmente. La cinta debería haberse cortado entonces a mediados de noviembre de 2019. Pero tampoco. El Gobierno de Vivas le volvió a conceder otra prórroga a la empresa, en este caso de 7 meses, las obras deberían haber finalizado el 30 de junio de este año. Pero tampoco.

Y no parece que la pandemia sea por sí misma el justificante para el nuevo retraso. Aún contando todo el periodo de confinamiento como inhábil para las obras (no fue así) y descontando tres meses de actividad, la finalización de los trabajos debería estar lista para el 30 de septiembre, en cambio el pasado julio, el propio consejero de Fomento, Alberto Gaitán, preguntado en el Pleno por el PSOE, vaticinó que el polideportivo estará operativo en marzo o abril del próximo 2021. Sólo las dos prórrogas concedidas a Tragsa por el Ejecutivo suponen más tiempo que el inicialmente contemplado en la encomienda de gestión, 15 meses de prórroga y 13 inicialmente previstos. De un año y un mes el polideportivo pasará a tardar en construirse, el triple, tres años y uno o dos meses. La obra se presupuestó inicialmente en 7,2 millones, sin que coste hasta la fecha un incremento presupuestario a pesar de las modificaciones que justifican los retrasos o un abaratamiento por detracciones practicadas a la adjudicataria por los retrasos.

Mientras tanto, el Polideportivo Antonio Campoamor sigue haciendo aguas, y el ICD tampoco ha sido capaz de encontrar otra solución alternativa, como conveniar con la UGR el uso de la pista polideportiva con la que cuenta el Campus, más difícil y más apreturas han vivido los nadadores, privados de una de las dos piscinas de las que disponían para entrenar, en un deporte con una altísima demanda por parte de los usuarios.

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