El carnicero autodidacta que montó una juguetería, vendió billetes de barco y vive por el amor de su mujer
Desde la infancia ligado al pequeño comercio gracias a la panadería de sus padres, José Luis García regenta ahora una carnicería a la espera de alcanzar la edad de jubilación, manteniendo la esencia de la Ceuta de los pequeños negocios
José Luis García García pasa por ser uno de los hombres más saludados de toda Ceuta. Por su carnicería, en un pequeño local de la calle Mendoza, se detienen a diario varias decenas de vecinos, al menos, a decir 'hola'. Él ha pasado casi toda su vida en ese lugar porque su padre regentaba una panadería y tienda de comestibles dos portales más allá. Ahí echó horas de estudio, aunque lo suyo eran las habilidades manuales y buscarse la vida. Montó una juguetería unas navidades, también tuvo una droguería, suministró combustible a barcos, vendió billetes del ferry y hace 22 años se propuso aprender a despiezar carne: "Cuando empecé no tenía ni idea", reconoce sonriente tras el mostrador.
Nacido detrás del supermercado Eroski -"se le llama el Cebollino", puntualiza- vivió siempre en un triángulo ficticio construido entre la calle Real, su domicilio natal y su tienda. "Ahora estoy en el grupo Alfau", agrega.
Su infancia se dividió entre el Colegio Sagrada Familia, la panadería, en la que lo mismo hacía tareas escolares que le enviaban a "algún mandadito y recogía las propinas". También veía como su padre, muy barcelonista, disfrutaba chinchando a los aficionados del Madrid cuando perdían algún partido: "Luego le tocaba a él recibir a la inversa cuando no ganaban los suyos", escondido tras los aparatosos escaparates que caracterizaban a los negocios en la época de los "matuteros". "Aunque era panadería y tienda de comestibles se vendían radio cassetes y relojes, entonces todo estaba puesto a la vista en la tienda y el local que yo tengo de carnicería servía como almacén para todo el género".
Rápido tuvo claro que lo suyo no era estudiar y optó por completar la EGB en el INEM. "A mi ponme a hacer cosas manuales. Arreglar lo que sea", apostilla.
En aquellos años la zona centro de la ciudad era otra cosa, "con casas bajas y patios", ideales para que un joven García corriera y jugara a la pelota con los hijos de los vecinos, especialmente en los Baños Árabes, donde "no existía el jardín que hay ahora".
Su padre, por desgracia, "murió joven, cuando tenía solo 55 años". Le tocó a su madre seguir con el establecimiento, en el que también dio un paso al frente su hermano. Fue antes de ir al servicio militar cuando montó "una juguetería durante unas navidades", que luego convertiría en droguería.
Precisamente al salir de la mili conoció a la que es su esposa, con la que lleva a día de hoy 34 años casado "y otros cuatro como novios". Ella fue quien le animó a montar la carnicería tras pasar por innumerables empleos, desde suministrar combustible a barcos en Ibarrola, hasta vender billetes de ferry, pasando por un almacén en el muelle. "Esto fue una idea que le dio mi mujer a mi hermano y se montó pero después no siguieron. Se quedó vacío, hablamos y le planteé si dejaba el trabajo y cogía esto".
Una decisión tomada hace 22 años que aún mantiene. "La monté sin saber nada de carnicería. Cogía una pieza y decía. '¿qué lo corto, así o así?. Y no, esto no es así'. Un día metía la pata y aprendía. Nadie me ha enseñado, no he tenido cursos de carnicería, intenté apuntarme a alguno pero en esa época en el paro no los había y así fui a la buena aventura".
Por suerte, la esposa de García trabajaba en esa época en una empresa que vendía carne, lo que le facilitó ir adquiriendo algunos conocimientos: "Me decía: 'Pues compra el chuletero con cabeza o sin ella'. Me iba orientando un poco y luego yo en internet buscaba cosas. Ahora sí, no me preguntes por algo muy elaborado", comenta él, riendo.
Su carnicería es sencilla, un poco de pollo, cerdo, algunos aliñados y filetes de ternera. Sin complicaciones. "Al principio tenía solomillos y entrecot, pero no merece la pena, ahora la cosa está fastidiada", puntualiza García, que abrió "con muy buena mano y mucha clientela" al no tener competencia cerca: "Hacia un lado el primer sitio que había para comprar carne era el mercado de Real 90 y hacia el otro el supermercado que había en la Plaza de los Reyes, que al poco de abrir yo cerró", recuerda.
Las cosas han cambiado y ahora son demasiados negocios para el mismo público. Por eso y dada su edad, 61 años, desde el coronavirus ha optado por cerrar durante las tardes. "A la edad que tengo lo poco o mucho que hago aquí es una paliza. Entras por la mañana, manchas esto, llegan las tres y ponte a limpiar. Se me va una hora y media en limpieza. Antes iba a casa y a las cuatro y media ya estaba comprando, reponiendo, a las seis abría la puerta y llegaba a mi casa a las once de la noche. Tenia mas energía. Ahora ya no", cuenta, a pesar de su evidente complexión atlética.
Entonces, los días de García son ahora más tranquilos, sirve su mercancía durante la mañana, entre innumerables saludos y charlas con los vecinos, hasta que llegan las tres, momento de cierre. Llega a casa a eso de las cuatro y media y tiene la comida lista. "Mi mujer es muy buena cocinera, le encanta además. Lo que prepara yo me lo como encantado todo. Me puede poner lo que quiera". Es uno de sus momentos más felices del día.
También lo es cuando de tarde, después de haber preparado flamenquines o pinchitos para vender al día siguiente, sale un rato a buscar la compañía de su pareja, que trabaja para la ONCE. "Como está por ahí, pues voy y doy un paseo con ella y echamos el rato. Pudiendo estar con ella, no prefiero hacer otra cosa", reconoce con ternura: "Estoy muy enamorado".
Contando los días para la jubilación, espera que juntos se queden viviendo en Ceuta, aunque nunca se sabe, pues sus hijos, uno guardia civil y otro militar, "ambos muy estudiosos y, lo más importante, muy buenas personas", podrían acabar destinados en otros lugares. Si es así, García no tiene problema en "ir y venir". Tampoco lo tiene en ir de viaje y sobre todo, en disfrutar: "Hay que hacerlo, nunca se sabe, mi padre no consiguió llegar a disfrutar de la jubilación".
Hasta entonces y si nada cambia, ahí seguirá el carnicero autodidacta, sonriente, dispuesto a charlar y mantener unos años más la esencia de la Ceuta de otra época, la del pequeño comercio local y los saludos entre vecinos.