¡Adiós a la alarma!
Visiblemente emocionado, Florián García recibió el homenaje de sus compañeros tras 45 años de ejemplar servicio con los que se ha ganado una merecida jubilación y el reconocimiento como Policía Honorario
Ceuta despide a uno de sus guardianes más veteranos. Florián García Molina, policía nacional desde 1981, ha colgado hoy el uniforme tras 45 años de servicio, 44 de ellos en su ciudad natal. Lo ha hecho rodeado de aplausos, abrazos y lágrimas, sabiendo que las alarmas -ni la del depertador, ni la de una emergencia- volverán a sonar.
La escena ocurrió esta mañana frente a las dependencias policiales de la calle Colón. Bajo el sol de agosto, una treintena de agentes aguardaba en silencio. No había órdenes, solo emoción contenida. De repente, apareció García. Polo rojizo, gafas de sol, la calma de quien no esperaba nada, menos un homenaje sorpresa de sus compañeros. De hecho, se detuvo unos metros antes, atónito y algo nervioso. Miró y sonrió tímidamente. El veterano policía que tantas veces había controlado situaciones difíciles se quedó quieto, sin saber qué hacer.
Los aplausos rompieron la calma. García avanzó despacio y entonces las emociones se desbordaron. Abrazo tras abrazo, entre compañeros que se fundían con él como si no quisieran soltarlo. Un ramo de flores en sus manos, un nudo en la garganta que le impedía hablar. Solo gestos, sonrisas y lágrimas contenidas. Hoy no había protocolos: Solo familia policial, historia viva de Ceuta diciendo adiós.
45 años de servicio, 44 en Ceuta
García ingresó en la Policía Armada en 1981, con apenas 20 años, tras hacer el servicio militar. Sus primeros pasos fueron en los duros “años del plomo”, cuando la amenaza terrorista marcaba la vida diaria y demasiados compañeros no regresaban a casa. En 1982 volvió a Ceuta, su tierra, donde formaría una familia: cuatro hijos, cinco nietos y una vida entera entregada a la seguridad.
Durante más de una década fue parte del grupo de motos de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, interviniendo en situaciones límite que le valieron varias felicitaciones públicas. A mediados de los 90 pasó a la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), donde llegó a ser jefe de equipo. Sus misiones lo llevaron a recorrer toda España, siempre con la misma vocación: proteger.
En 2015 recaló en la Unidad de Vestuario, Armamento y Tiro, donde terminó su carrera. Ahí, entre armas, formación y responsabilidad, Florián cerró el círculo que comenzó 45 años atrás.
Un historial intachable: condecoraciones y reconocimientos
No solo ha sido un policía ejemplar, también uno de los más condecorados. Medalla a la Dedicación al Servicio Policial (2001), Encomienda a la Dedicación (2010), Medalla al Mérito Policial de la Policía Local (2011), Placa a la Dedicación (2016) y la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco en 2024. A ello se suman 55 felicitaciones públicas a lo largo de su trayectoria.
Hoy, el reconocimiento se eleva un peldaño más: será propuesto como Policía Honorario, un título reservado a quienes han dado todo por la institución.
Por última vez de servicio en la comisaría
Después del homenaje, García cruzó la puerta de la comisaría por última vez en servicio. Lo hizo sin palabras, sobraban. Ceuta despide a un policía que ha visto de todo: los años más duros, los cambios en el cuerpo, la llegada de nuevas generaciones. Estando siempre al pie del cañón, con la misma lealtad y vocación.
Hoy deja el uniforme, pero no el recuerdo. En la memoria de la Policía Nacional de Ceuta, el nombre de Florián García Molina queda escrito para siempre.