Pregón

Armuña reivindica el papel de la mujer en el Carnaval y repasa, cantando, a través del tipo su libertad

Armuña metido en el tipo de pregonero.
Armuña ha puesto en escena, rodeado de todos sus compañeros de agrupación, un original, entretenido y emocionante pregón

No debe ser nada fácil hacer un pregón de Carnaval cuando en estos días las letras afiladas y llenas de arte llenan el mundillo y la sociedad ceutí y está todo eso a punto de saltar a la calle, aunque sea con chuzos de punta. Juanmi Armuña ha aceptado el envite desde su original perspectiva y creatividad. Y lo ha hecho antes de nada para reivindicar el papel de la mujer en la fiesta, tradicionalmente de hombres, para desatarla del rol de musa y convertirla en protagonista. Y para acto seguido repasar a través de los elementos que componen el tipo algunas de las esencias que hacen que el carnaval sea el carnaval en estos lares y que básicamente se resumen en la libertad y el empoderamiento del pueblo. Todo en un original espectáculo con más versos y sones que otra cosa en el que Armuña más que de pregonero ha hecho de autor y ha optado por rodearse de sus compañeros de agrupación carnavalera en estos años para interpretar el tipo de pregonero y cantar a las esencias del carnaval en comparsa.

Nada más arrancar se ha podido escuchar la ‘Bulería Revolución de las Musas’ para, en vísperas del carnaval callejero, sí, pero también por casualidad del calendario del 8 de marzo, reivindicar la figura de la mujer en la fiesta. Venida a más en los últimos años y por derecho. Con varias compañeras sobre el escenario, tirando hasta de un piano de cola de la colaboración de Olga Martí y también de la Academia de Allegro que ha bailado la Bulería.

"Cansada de ser aquella

Fuente de inspiración

Por su exterior, aquella musa

Cuya figura

Era la base de la obra del autor.

De ser aquella

Que no dejaban destacar

Y condenaban a vivir en la sombra

(…) Yo me rebelo

Estoy rompiendo

Estas cuerdas

Que me atan

porque hoy

yo me rebelo

contra la pluma

que ensalzaba mi figura

ignorando mi talento

ya me he cansado de que en estos carnavales

siempre sea la pasiva

Ya no soy la musa

Ahora soy la artista".

Y en la propia letra, en la propia rebelión de la mujer como musa para pasar a ser artista hay toda una metáfora de lo que Armuña expresaría después como concepto carnavalero de libertad: el pueblo revelándose ante los poderosos en una bella tregua pactada en la que la libertad asoma agarrada a la verdad. Y como el pueblo no es uno sólo individuo ahí seguían sobre el escenario hasta el final sus compañeros. En un pregón coral. De autor.

Lo ha hecho Armuña recordando a su Quijote del Estrecho y a través de los artesanos de un taller de dar forma a los tipos, a los disfraces, que son en parte esencia de esta fiesta. Y repasando algunas esencias a través de sus diferentes elementos.

Lo primero de todo es el sombrero. Ahí va “una vela que la sople fuerte el Levante pa que le dé

Ese toque de locura para poder perder

Así la timidez

Que estanca su vida

Y se puede ver poderoso y valiente y sin nada que temer

Pa enfrentar gigantes y que pueda defender

Esas cosas nobles que pa muchos están perdidas

"Un loco de atar”, remata, cuyo cometido, el de sus letras, lo que sale de su cabeza y guarda el sombrero, es pinchar, estimular las ideas de “este pueblo que está/dejado por su gobierno”.

Cada complemento y detalle de un tipo no es mera decoración “cada uno juega un papel importante en la idea y en la personalidad del personaje que representa”. Y ahí aprovechó el catalejo para rendir recuerdo y homenaje a “mi voz en Granada, Pablo García Pulido”. Y acto seguido pasar a hablar de la casaca con “chapas de Ceuta Star" por botones y bien abrigada para soportar el entorno marino de Ceuta. Pero elegante en cualquier caso y que le sirva como “su nueva piel” y para que “no reniegue de su estilo

que a sus ideales siga siendo fiel

Vístelo elegante aunque se vaya a manchar

Porque en el barro se meterá

Para decir lo que muy pocos cantan

Vístelo elegante aunque se vaya a remangar

Y se ponga a batallar

Para eso está el carnaval

Para ponerle a los golfos la cara roja

para eso está el carnaval

Para eso está el carnaval”.

Y quien dice roja, dice color, como repetiría Armuña en la pequeña alocución con la que ha culminado su pregón: “Denunciemos los abusos de los poderosos y pongamos a los golfos la cara colorá. Que la voz del pueblo se escucho en cada rincón al ritmo del 3x4”.

En los pantalones cómodos para sentarse ha situado Armuña otro elemento clave para quienes viven, como él, el carnaval pensando en componer sus letras: la paciencia para esperar la inspiración. Y casualidad o no, mientras espera esa inspiración, aparece Ceuta, llena de belleza en cada rincón para iluminar las letras.

Y por último el calzado, ahí. Conviene buena suela, para evitar los tropezones, el pie cambiado, pero adherencia al suelo más que nada para que el carnavalero “permanezca con los dos pies pegados siempre a su tierra.

Que estén bien hechas también

Por si le ponen zancadillas

Él pertenezca de pie

Pa que no vaya nunca a estar de rodillas”.

En definitiva, la libertad de por unos días poder vestirse de quien se quiera, para poder gritarle la realidad que vive el pueblo pegado al suelo a los golfos que gobiernan como ungidos por el viento y levitando. Pero todo con mucho arte.

Armuña ha recordado después que en su caso no viene “de una familia carnavalera, pero me enseñaron a no callarme ante cualquier injusticia. Y esto he intentado llevar a mis letras”.

Ha tenido un recuerdo para quienes le han acompañado en su recorrido por la fiesta, especialmente para Ana Dueñas y Jerónimo Romero. Pero también para  José Antonio Pardo, Paquito Sánchez, Andure, Emilio Cardona, Lolo Barragán, Lolo Alonso, Josemi Romero o Nene Cheza. A esta lista hay que sumar a directores como Javi Blanes, Alfredo Luque, además del ya mencionado García Pulido.

Armuña ha animado a los ceutíes a “tomar las calles para llenarlas de alegría y color. Escapemos de la rutina y protejámonos de la cruda realidad con la armadura que supone un tipo. Y no olvidemos hacer una revolución cantando”.

Al pregón no le ha faltado ni ritmo, ni humor, ni anécdota, ni improvisación. Desde el maniquí del decorado que se ha caído para llevarse "no la aguja, pero sí el porrazo de oro". A un "¿qué se ve por el catalejo? Nada. Vuelve a mirar. Se ve mucha gente queriéndote, Juanmi.