Semana Santa

La Encrucijada se abre paso entre las obras de Hadú y recupera la esencia de su ‘Encuentro Chico’

El 'Encuentro Chico' entre el Cristo de la Encrucijada y María Santísima de las Lágrimas en la Semana Santa 2026

A pesar de las limitaciones de espacio, la salida del Cristo para reunirse con María Santísima de las Lágrimas a las puertas de la Comandancia de la Guardia Civil ha devuelto a los ceutíes una de las estampas más esperadas de la Semana Santa caballa

Un barrio en obras, un recorrido más largo… pero la fe intacta. Hadú volvió a latir en Jueves Santo al ritmo pausado de la Cofradía de la Encrucijada, en una jornada donde el peso de cada paso ha estado cargado de significado y tradición.

Porque este año no era uno cualquiera. Era el año en el que el ‘Encuentro Chico’ recuperaba parte de su memoria con el velatorio del Cristo en la Comandancia de la Guardia Civil durante el Miércoles Santo, de esas tradiciones que nunca se olvidan del todo, aunque el tiempo las haya dejado en pausa.

Un Jueves Santo distinto

Ya en la tarde del Jueves Santo, la jornada arrancaba con la salida de María Santísima de las Lágrimas desde la iglesia de San José custodiada por los Regulares. Los costaleros se emplearon a fondo para sacar a la Virgen por el estrecho callejón anejo a la parroquia. Los aplausos y el Himno de España la recibieron, como siempre, a las puertas del templo. Pero el camino, esta vez, no era el habitual.

El 'Encuentro Chico' entre el Cristo de la Encrucijada y María Santísima de las Lágrimas en la Semana Santa 2026 

Las obras en Hadú obligaron a redibujar el recorrido: cuartel de Regulares, cuesta de Varela, Bermudo Soriano, plaza Nicaragua… un itinerario más largo, más exigente, que ponía a prueba a todos los implicados.

Poco después, desde el interior de la Comandancia, el Cristo de la Encrucijada iniciaba su salida. Lo hacía con la cruz alzada, envuelto en el himno de la Guardia Civil. Como viene siendo tradición, sonó en su nombre una saeta y el padre George Gitahi dedicó a los fieles unas palabras.

Recordó la importancia de recuperar el tradicional velatorio. “Un acto importante” no solo por el encuentro de Cristo y su Madre, sino por el encuentro del Misterio con los allí presentes, “contigo y conmigo”.

El Encuentro, más apretado pero igual de sentido

Así, con el sol de fondo, a las puertas de la Comandancia volvió a producirse el ‘Encuentro Chico’. Más reducido, condicionado por las obras y la falta de espacio, pero no por ello menos intenso.

El 'Encuentro Chico' entre el Cristo de la Encrucijada y María Santísima de las Lágrimas en la Semana Santa 2026

“Que nos perdonen”, pedía la hermandad, consciente de las limitaciones. Aun así, el momento volvió a emocionar. Porque hay cosas que no dependen del espacio, sino de lo que se siente.

Hadú, raíz que resiste

El barrio volvió a responder en cada paso, en cada levantá. A pesar de las obras, del recorrido más largo, del cansancio acumulado que se hizo especialmente presente a la altura de Manzanera. Uno de los tramos más exigentes pero más queridos y respetados por los vecino.

Hadú no falla. Nunca lo hace.

Y en esa respuesta se entiende todo: que la Encrucijada no es solo una procesión, es una forma de estar, de pertenecer, de seguir adelante incluso cuando el camino se complica.

El 'Encuentro Chico' entre el Cristo de la Encrucijada y María Santísima de las Lágrimas en la Semana Santa 2026 

Más que una tradición

Este año no hubo estrenos, ni grandes novedades materiales. Pero sí algo más profundo: la recuperación de una tradición, el refuerzo de unos lazos y la confirmación de que, pase lo que pase, la fe encuentra siempre su sitio.

Porque en Hadú, la Semana Santa no se improvisa. Se hereda. Se cuida. Y se sostiene.