Buscando fósiles en familia en la Gran Vía

- Medio centenar de ceutíes celebra el Día de la Geología con una ruta por el centro de la ciudad, desde la roca natural lleba de fósiles de las Murallas Reales al mármol resbaladizo del Revellín

- Descubrimos la peridotita, la piedra más antigua y más bella de Ceuta y también la más resbaladiza

Tal veo usted se cruzó este domingo por la mañana con un grupo de personas observando con deleite y sorpresa las anodinas columnas que jalonan los soportales de Gran Vía. No estaban locos -aunque hay que un poco hay que estarlo para salir de paseo por la ciudad con la que estaba cayendo- estaban buscando fósiles, concretamente foraminíferos.

Medio centenar de ceutíes de todas las edades acudieron a la llamada de la Fundación del Museo del Mar para celebrar el Día de la Geología, el Geolodía 2016, de la mano de Francisco Pereila, geólogo del Museo. Un paseo mirando al suelo y las paredes desde las Murallas Reales a la Plaza de los Reyes, un paseo didáctico entre fósiles de veinte millones de años para descubrir que eso que es llamamos mármol y que resbala como el hielo en los días de lluvia no lo es, que es peritodita, algo así como la toca madre de Ceuta; o que si miras con atención el suelo del Patio de Armas de las murallas verás que está salpicado de brillantes dados metálicos, pero comencemos por el principio.

Apenas 25 ceutíes, en especial madres e hijos, acudieron puntuales a las diez de la mañana en los jardines de la Plaza de África, el día no invitaba a pasear. Chubasqueros, botas y paraguas eran los mejores pertrechos para una ruta corta pero minuciosa dividida en dos partes que, a priori no resultaban muy emocionantes: un recorrido por la roca natural y una segunda parte centrada en la piedra y su uso ornamental. Porque la piedra, esa sencilla y primigenia palabra que engloba el objeto de estudio de la Geología, “hasta las encimeras de la cocina son de piedra”, recuerda el guía que mira el mundo con ojos de geólogo.

La primera parada de la ruta pasa por los jardines del Parador de la Muralla, recostado en la fortificación que le da nombre. Allí, sobre el arco del túnel de acceso a la playa de La Ribera descubrimos los primeros fósiles de la mañana, están a flor de piel, al alcance de la mano. Conchas de peregrino con miles de años a sus espaldas incrustados en esta piedra, conocida como Lumaquela o Calcarenita, llegada desde Cádiz y que también podemos ver en la puerta sur de las Murallas Reales. Es una roca sedimentaria muy rica en fósiles, conocida popularmente como piedra ostionera, un buen ejemplo de la metamorfosis que sufren las piedras con el paso de los (millones) de años. “La tierra está viva”, recuerda Perila, “hace poco lo hemos visto con el terremoto, pero la actividad geológica es muy lenta, ahora mismo nos estamos acercando a Algeciras pero no nos daremos cuenta por mucha atención que pongamos”, explica el geólogo a los niños que perplejos todavía intentan asimilar el concepto “millones de años”.

Continúa la ruta hacia el interior del parque temático de la piedra ceutí: las Murallas, “hecha al 99 por ciento con piedra de Ceuta”. Pero una destaca por encima de todas y no solo allí sino por toda la ciudad: la peridotita.

La piedra más antigua de Ceuta

Su superficie, como escamas de serpiente (también se la conoce como serpentinita), es de un verde oscuro como abisal que brilla al contacto con el agua, salpicándose de vetas esmeraldas, doradas cuando brilla el sol. Es la peridotita, una roca ígnea, nacida hace 400 millones de años y llegada directamente desde 25 kilómetros debajo de nuestros pies, del manto terrestre. Es prima hermana de la lava y gracias a que, poco a poco, (rápido en términos geológicos) sale a la superficie resulta “muy útil para los geólogos para estudiar la tierra”, explica Pereila que presume de esta piedra, con diferencia la más antigua de Ceuta, “es toda una señora”, se ríe el guía. Una roca propia de la cordillera del Riff hasta Fez pero que sólo aquí puede verse con tanta facilidad.

Una piedra que está, además, en las pesadillas de los ceutíes pues peridotita es también ese mármol verde que supone un peligro mortal en los días de lluvia en buena parte del centro de Ceuta. Una piedra pulida hasta sacar las maravillosas vetas que esconde pero tan peligrosa cuando llueve como bella. El geólogo Francisco Pereila, guía de la excursión, recuerda que la piedra pulida no está prohibida en estos casos pero lo que sí es seguro esd que no está recomendada para el suelo, “a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría”, sentencia.

También la puerta de la Catedral, de ese peculiar tono negruzco, está levantada en peridotita. Y parte de la entrada sur de las Murallas Reales también y allí, además, tiene un curioso compañero. La próxima vez que acceda desde el Chorrillo al Patio de Armas mire el suelo con atención, vera pequeños cubos brillantes incrustados en el suelo. ¿plástico? ¿Chicle? ¿Piezas metálicas? Pirita moscovita, muy habitual en el litoral ceutí aunque ya sólo puede encontrarse con facilidad en Fuente Caballos, explica Francisco Pereila.

Falso mármol en el Ayuntamiento

En la roca arenisca, fácil de labrar, del monumento a los Caídos en la Guerra de África empieza la parte ornamental del paseo geológico. Y si la parte científica esta sistematizada, el mundo de la roca comercial “es un caos caótico”. Donde los geólogos ven rocas ígneas, volcánicas, plutónicas, metamórficas, sedimentarias… quienes las venden sólo ven granitos y mármoles. Y no es mármol todo lo que brilla. La prueba está en la fachada del antiguo Palacio Autonómico. El mármol es una roca metamórfica que proviene de una caliza, sedimentaria, si la caliza contiene fósiles al sufrir la metamorfosis desaparecen, pero no es ese el caso de la fachada del ayuntamiento donde unos ojos de experto descubren Belemnites donde los demás vemos manchas. Y es que, desde un punto de vista científico, la fachada del Ayuntamiento no es mármol sino caliza bien pulida y, aunque diminutos, la piedra está salpicada de pequeños esqueletos de cefalópodos. Poco más allá, en las columnas de los soportales de la Gran Vía en las que iniciábamos este reportaje-paseo, el mármol crema o marfil, como se prefiera ( de origen valenciano como el del Ayuntamiento) está repleto de pequeños foraminíferos, pequeñas angulas que hace veinte millones de años dejaron aquí su huella; o un poco más allá, en toda la fachada del Mercado Central, cuyas paredes están repletas de pequeños puntos grisáceos. ¿Manchas? No. Restos de crinoides, familiares de hace 40 millones de años de las actuales estrellas de mar.

Todo un viaje de millones de años sin salir de la Gran Via.

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