Pleno

Chandiramani pide “sensatez” en el Debate del Estado de Ceuta y defiende la gestión del Gobierno

 Kissy Chandiramani, durante el debate del estado de la ciudad / L. O.
photo_camera Kissy Chandiramani, durante el debate del estado de la ciudad / L. O.

Cierre con tono crítico y mensaje claro de la vicepresidenta segunda: menos ruido y más gestión. Chandiramani defiende la estabilidad del Ejecutivo, saca pecho de los datos económicos y pide unidad frente a la confrontación política a un año de las elecciones

La mañana de este miércoles había dejado más ruido que propuestas en la Asamblea de Ceuta, y en ese ambiente algo cargado tomó la palabra la consejera y vicepresidenta del Gobierno Kissy Chandiramani para cerrar el debate del Estado de la Ciudad. No lo hizo con un discurso protocolario. Entró con ironía, señalando el contraste entre lo que se esperaba —un debate “sosegado y de propuestas”— y lo que, a su juicio, realmente había ocurrido durante más de cinco horas: mucha estrategia política y poca concreción.

Su idea central llegó pronto y se repitió como hilo conductor: Ceuta necesita “el club de los sensatos”. Una expresión que no es casual. Chandiramani la utiliza para marcar distancia con el tono del resto de intervenciones y, sobre todo, para situar el debate en lo que considera el terreno útil: vivienda, empleo, educación y sanidad. “De eso se ha hablado poco”, vino a decir, frente a lo que interpreta como un anticipo de campaña electoral a doce meses de las elecciones de 2027.

La vicepresidenta segunda no esquivó el cuerpo a cuerpo. Respondió uno a uno a los grupos, pero antes dibujó su marco: una ciudad que, pese a las crisis encadenadas —crisis económica, fin del porteo, pandemia, presión migratoria—, sigue en pie porque, sostiene, ha habido gestión “seria” y decisiones incómodas cuando tocaba tomarlas. En ese punto, reforzó el liderazgo de Juan Vivas como garantía de estabilidad, un concepto que repitió tanto como el de “eficacia”.

Para defender esa eficacia, tiró de datos concretos: 25.000 afiliados a la Seguridad Social, 1.600 parados menos, inversiones en vivienda, rebajas fiscales como el IPSI o el impulso de sectores como el tecnológico, el juego online o el esa Ceuta “azul y verde”. No fue un listado frío; lo utilizó como respuesta directa a la crítica más repetida por la oposición: que la ciudad no avanza al ritmo que necesita.

El discurso también tuvo un componente claro de advertencia política. Chandiramani acusó a parte de la oposición de simplificar los problemas de Ceuta con mensajes “populistas” y de seleccionar los datos según convenga. Ahí fue especialmente dura con Ceuta Ya!, a quienes reprochó hablar de indicadores como la esperanza de vida sin entrar en cuestiones como la situación sanitaria o las listas de espera.

Pero uno de los momentos más tensos llegó al abordar el eje identitario. La consejera denunció intentos de dividir a la sociedad ceutí entre comunidades religiosas, un argumento que dirigió tanto a Vox como a otros grupos. Frente a eso, reivindicó la convivencia cotidiana de la ciudad, “la que se construye en la calle, en los colegios y en el trabajo”, y apeló a la unidad como condición imprescindible para avanzar.

Ese mensaje conecta directamente con otra de sus ideas clave: la lealtad institucional sin sumisión. Chandiramani defendió la relación con el Estado como una vía para lograr más financiación, mejores conexiones y avances en servicios básicos, pero rechazó el enfrentamiento político como estrategia. Reclamó, entre otras cuestiones, la recuperación de bonificaciones a la Seguridad Social, mejoras en sanidad y educación y una ley específica de suelo.

Más allá del choque político, hubo también espacio para explicar por qué algunas medidas no avanzan al ritmo esperado. La consejera puso el foco en la burocracia y en los tiempos administrativos, especialmente en contratación pública, donde habló de retrasos de meses por recursos y resoluciones externas. Un mensaje dirigido a desmontar la idea de inacción desde el Gobierno.

En la recta final, Chandiramani cambió ligeramente el foco y lanzó una reflexión que pasó casi desapercibida en el debate: de lo que no se habló. Enumeró servicios básicos —limpieza, transporte, agua, atención social, mantenimiento urbano— para concluir que su ausencia en las críticas tiene una lectura clara: “no son un problema”. Una forma de reivindicar la gestión diaria, menos visible pero clave en el funcionamiento de la ciudad.  Y dirigiéndose a Juan Vivas aseveró: “Presidente, tan mal no lo debemos de estar haciendo”.

El cierre dejó dos sensaciones claras. Por un lado, un Gobierno que se aferra al relato de la estabilidad y los datos para defender su gestión en un contexto complejo. Por otro, un debate que ya empieza a mirar de frente a las elecciones de 2027, donde el tono, lejos de suavizarse, apunta a seguir subiendo.

Entre ambos planos, Chandiramani dejó su mensaje más repetido: menos ruido y más “sensatez”. Una fórmula que, más allá del eslogan, busca marcar el terreno político en el que el Ejecutivo quiere jugar el próximo año.

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