DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA CIUDAD

Crónica de un déjà vu de siete horas

Crónica de un déjà vu de siete horas
Néstor García, consejero de Fomento, consulta su teléfono durante una sesión plenaria
Néstor García, consejero de Fomento, consulta su teléfono durante una sesión plenaria  

El Debate sobre el Estado de la Ciudad deja una conclusión clara: Ceuta es una cuestión de fe. Todo depende, eso sí, del grado de optimismo y confianza en el Altísimo de cada creyente. Para el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, la ciudad está “a flote” y “en disposición” de coger velocidad; para la oposición está sencillamente parada, congelada en el tiempo. En el fondo, una cuestión de tiempo, espacio y perspectiva.

Haz una crónica del debate del Estado de la Ciudad, me dicen. Una crónica, mastico augurando una soporífera sesión plenaria. Un suspiro existencial me acompaña al Pleno, el mismo probablemente que arrastran el resto de compañeros, resignados a un eterno retorno, un nuevo popurrí de clásicos de ayer, hoy y siempre. Pero este Debate sobre el Estado de la Ciudad fue un poco más allá, coqueteando incluso con convertirse en un déjà vu de siete horas. Solo un dato: el logro finisecular de garantizar el abastecimiento de agua durante las 24 horas, o la promesa de una pista de atletismo- que colea desde finales de los 80- compitieron en menciones con la frontera, los menores extranjeros, la crisis del comercio o el caso Emvicesa.

Un repertorio de clásicos con una pequeña pero sustancial variación en las alusiones al “país vecino”. Marruecos, es ya sin rodeos para el PP,  el origen de muchos de los problemas que agobian hasta el ahogo a Ceuta, desde el caos fronterizo, el problema creciente de los porteadores o de los Menores Extranjeros No Acompañados.  Marruecos, definió el portavoz popular sin ambages, es la “raíz del problema” y pone en peligro la unidad de España, una bandera que hasta ahora se agitaba en dirección a Cataluña y que ahora enfila al Tarajal. “Marruecos está boicoteando cualquier oportunidad de desarrollo de Ceuta”, reprochó Carreira, lamentando que un país, y en concreto una zona de Marruecos, la más cercana a la ciudad autónoma que “debería ser aliada y cómplice”, pero es nuestro principal enemigo y el origen de nuestros problemas, incluso cuando Ceuta da a sus subditos servicios que no les da su país, subrayó el portavoz popular..

Emilio CarreiraEl resto del debate fue solo un confortable bucle del que cada uno escapa como puede.  Pocos son los que atienden en las dos bancadas. En la trinchera popular solo el presidente Juan Vivas y el portavoz popular escuchan sin perder una coma. Vivas con gesto de senador romano,  Carreira sin apartar la mirada del orador de turno, casi sin pestañear. El resto dormitaba, hojeaban tal vez expedientes, o, como el consejero de Fomento, Néstor García,  se concentraban casi a tiempo completo en sus teléfonos móviles. Un poco más de atención, no siempre mucha más, sobrevolaba la bancada de la oposición, con más movimiento de expedientes de lo habitual y con cada cual en su papel, con sus clásicos. “No soy el único que se repite”, se disculpaba el presidente Vivas.

Clásicos en los que no faltó tampoco el cruce dialéctico entre dos púgiles que son viejos conocidos: Juan Vivas y Juan Luis Aróstegui, que esta vez resolvieron el duelo en un breve intercambio, como si no quisieran defraudar al respetable. “Dice que soy un racista”, se indignaba el presidente.  “Sí”, corroboraba Aróstegui.  “Dice que soy un xenófobo y el enemigo del pueblo. Correcto”, afirmaba uno, ratificaba el otro como en coreografía mil veces repetida. Tampoco faltó un pequeño conato de indignación vecinal, con la marcha airada de parte de los vecinos desahuciados de González de la Vega que aguantaron estoicamente casi todo el debate, esperanzados en que quizá se abordaría su problema, sin que nadie les avisara de que esta mañana solo tocaban los clásicos. Si los aludieron desde la oposición, nada desde el Gobierno. Cansados de esperar se fueron, no sin antes, al menos, desahogarse y gritar su frustración.

Y así transcurrió un Debate sobre el Estado de la Ciudad en el que cada cual fue fiel a su papel. Juan Vivas en su rol de pequeño timonel con fe ciega en el futuro; Mohamed Alí a lomos de la indignación; Fatima Hamed agarrada a su sonrisa sarcástica, Manuel Hernández a su hieratismo indescifrable y Javier Varga sin soltar ese tono didáctico que lo acompaña…  Un Debate que más bien pareció un partido de ida en el que no arriesgar, pese a que era el último de la Legislatura. Y es que el próximo Debate sobre el Estado de la Ciudad se dirimirá en las urnas.

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