ANÁLISIS

La estrategia híbrida: así intenta Marruecos asfixiar a Ceuta y Melilla

La estrategia híbrida: así intenta Marruecos asfixiar a Ceuta y Melilla
Un policía marroquí mira circunspecto a Juan Vivas negándole el saludo durante una visita a la frontera con Pablo Casado, presidente del PP.
Un policía marroquí mira circunspecto a Juan Vivas negándole el saludo durante una visita a la frontera con Pablo Casado, presidente del PP.  

A nadie se le escapa en Ceuta (y Melilla) que hace tiempo que Marruecos sacudió el tablero y cambió de estrategia sin perder de vista el objetivo que tiene entre ceja y ceja desde hace más de 60 años: recuperar las dos plazas que considera suyas, aunque nunca hayan estado bajo su bandera, y aunque se a base de asfixiar su economía y la de los ciudadanos que las habitan. A nadie le escapa a este lado del Estrecho, porque al otro lado, Ceuta y Melilla son solo dos apéndices exóticos del que poco o nada saben más allá de los saltos a la valla y las operaciones contra el terrorismo yihadista. Buena prueba de ello es que Marruecos anuncia la reapertura de sus fronteras excluyendo a las dos ciudades autónomas y todos los puertos españoles y lo que preocupa en España es que este año no va a haber Operación Paso del Estrecho.

Mientras, las fronteras de Ceuta y Melilla siguen bloqueadas unilateralmente por Marruecos, la economía de las ciudades autónomas se tambalea y buscan una alternativa de futuro para su supervivencia sin que que haya iniciativas, ni políticas ni económicas, en el horizonte que puedan desatascar la situación. Un escenario marcado por la tensión política y la incertidumbre económica y social al que nadie parece prestar la debida atención en la escena política española, más pendiente de la fractura de la indisoluble unidad de España por el lado catalán que por el precipicio real y cada vez más plausible al que está empujando a Ceuta y Melilla el único Estado que desafía la integridad del territorio español: Marruecos.

Un escenario que no parece interesar a los sucesivos Gobiernos de España, ya sean del PSOE o del Partido Popular, pero que sí atrae la atención de los expertos.  

La estrategia híbrida tiene cuatro fases: la configuración del entorno, la más difícil de detectar, la interferencia, la desestabilización y la última, el empleo “directo, puntual y limitado” de la fuerza.

Javier Jordán, profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada, recuperaba estos días atrás en su cuenta de Twitter un certero análisis publicado en la revista ‘Global Strategy’, de la que es director, sobre el camino emprendido por Marruecos para asfixiar a las dos ciudades autónomas bajo el título “Ceuta y Melilla: ¿emplea Marruecos estrategias híbridas contra España?”. Una estrategia, explica, que se mueve en zonas grises, esa difusa frontera en la que es difícil distinguir entre la agresión hostil y la competencia legítima. Hasta que es demasiado tarde.

La estrategia híbrida tiene cuatro fases: la configuración del entorno, la más difícil de detectar, la interferencia, la desestabilización y la última, el empleo “directo, puntual y limitado” de la fuerza. Pero, ¿cuál es el diagnóstico en la actualidad?, se pregunta Javier Jordán. Y he aquí el meollo de la cuestión.

Marruecos nunca ha disimulado, ni un ápice, que viene usando sin pudor el control del flujo migratorio, la cooperación antiterrorista o la ratificación periódica de los acuerdos pesqueros con la Unión Europea para su propio interés. Una política que, admite el experto, puede entenderse “compatible con la competencia pacífica”, en la que incluso cabría la aprobación del proyecto de ley por el que Marruecos amplía su Zona Económica Exclusiva solapándose con la ZEE española de las Islas Canarias. “Ese tipo de reclamaciones y litigios se ajustan a la normalidad dentro de la competencia pacífica siempre que no vayan seguidos de medidas unilaterales. Como sí hace por ejemplo Pekín con la militarización de islotes artificiales en el Mar del Sur de China”, pone como ejemplo.

Pero al analizar los últimos movimientos de Marruecos, con los que trata abiertamente de asfixiar la economía de ambas ciudades españolas, la perspectiva cambia. “Si en lugar de la perspectiva macro ponemos el foco en la política marroquí respecto a Ceuta y Melilla, la hipótesis sobre la configuración del entorno (primera fase de la escalada) y el empleo de estrategias híbridas cobra sentido”.

“En los últimos años el gobierno marroquí ha protagonizado distintas actuaciones susceptibles de ser interpretadas desde la óptica de lo híbrido”, señala Javier Jordán, poniendo siete ejemplos:

El primero tiene su más fiel reflejo en la polémica que retumba en Ceuta y Melilla estos días: la visita truncada de los Reyes a las ciudades autónomas. En 2007 el gobierno marroquí montó en cólera y llamó a consultas a su embajador en Madrid en protesta por la visita de los reyes de España. La historias es de sobra conocida en la ciudad, Mohamed VI condenaba la visita real calificándola de “acto nostálgico de una era sombría y decididamente superada” y  de “flagrante falta de respeto por parte del Gobierno español de la letra y el espíritu del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación de 1991”.

El segundo episodio de esta estrategia en la zona gris fue más sutil y pasó desapercibido a ojos de muchos ceutíes y melillenses. En 2010 comenzaron a detectarse pasaportes marroquíes de personas nacidas en Ceuta o Melilla que atribuían a Marruecos la posesión de ambas ciudades. España protesta ante Rabat y la Policía vetó la entrada de los titulares de esos pasaportes falsos en territorio español.

"El goteo de noticias en los medios de comunicación relacionadas con las vallas de Ceuta y Melilla y con la saturación de los centros de internamiento de inmigrantes genera una visión ‘problematizada’ de ambas ciudades ante el resto de la sociedad española, que en su mayoría desconoce otros aspectos de la realidad ceutí y melillense”.

El tercer movimiento aun tiene réplicas y  es, quizá, el más coincido allende el Estrecho, copando titulares, eso sí, sin mencionar a Marruecos. En la última década el número de inmigrantes que entran de manera irregular en Ceuta y Melilla por vía terrestre o marítima se ha disparado, con picos espectaculares como los saltos multitudinarios registrados en 2017 y 2018.  En su análisis, Javier Jordán admite que Marruecos ha usado el control del flujo migratorio como palanca para influir sobre la acción exterior española, lo que podría considerarse legítimo. “La paz no es sinónimo de armonía en las relaciones entre Estados”, matiza. Además, concede, “es cierto que la diferencia de renta per cápita en la frontera entre España y Marruecos es la segunda más acusada del mundo (después de la de Corea del Norte y del Sur, que está militarizada). De modo que la presión migratoria per se no depende de la voluntad del gobierno marroquí, aunque la política de externalización del control migratorio de la Unión Europea “dota a Marruecos de una herramienta para ejercer presión por esa vía”. Una herramienta que el Reino alauita no ha dudado en usar sin miramientos y eso ya se asoma sin disimulo a esa zona gris que permite “la configuración [del entorno] con el fin de crear y mantener condiciones que permitan ejercer el poder sobre el rival”, señala Jordán en su artículo.

Una estrategia a la que, además, medios de comunicación y algunos partidos políticos (aquí que cada palo aguante su vela) han ayudado sobremanera, subraya Jordán: “El goteo de noticias en los medios de comunicación relacionadas con las vallas de Ceuta y Melilla y con la saturación de los centros de internamiento de inmigrantes genera una visión ‘problematizada’ de ambas ciudades ante el resto de la sociedad española, que en su mayoría desconoce otros aspectos de la realidad ceutí y melillense”.

La cuarta vuelta de tuerca afecta directamente a la ciudad hermana de Melilla y apenas ocupó ni preocupó a las autoridades españolas, pese a ser un conflicto diplomático de primer nivel. En 2018 las autoridades marroquíes cerraron unilateralmente la frontera comercial entre Melilla y Marruecos acordada en el Tratado Hispano-Marroquí de Fez de 1866 y solicitada de nuevo por el Marruecos recién independizado en 1956. Dos años después, las consecuencias económicas son devastadoras.

El quinto movimiento de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, aparentemente simbólico, también pasó desapercibido para la opinión pública, pero para el autor es otro claro ejemplo de la configuración del escenario para otra vuelta de tuerca. En 2019 el gobierno de Marruecos notificó a sus funcionarios la prohibición de entrar en Ceuta o Melilla ni para viajar a la Península. Ee mismo año también negó el paso a Ceuta a los marroquíes con título de viaje otorgado por la Delegación del Gobierno.

Si el cierre unilateral de la aduana de Melilla—abierta al comercio con Marruecos desde hace 150 años—fue la primera estocada a la economía melillense, en 2019 le tocó el turno a Ceuta con el cierre del paso de mercancías de Tarajal II y la erradicación del porteo, considerado como contrabando por Marruecos. Aquí, de nuevo, caben las interpretaciones, siempre según de qué lado de la valla fronteriza se observe el escenario. “Se trata de una medida perfectamente legítima ya que este tipo de ‘comercio atípico’ constituye una competencia desleal y, según se afirma, es utilizado para blanquear dinero procedente de la droga. A la vez dicha medida está perjudicando gravemente a la economía ceutí, así como a los miles de marroquíes del otro lado de la frontera que vivían del porteo de mercancías. Otra consecuencia añadida es la ralentización del paso por la frontera; algo que también penaliza económicamente a la ciudad pues desincentiva el turismo desde el otro lado”. 

Siete acciones “de carácter político, legal, diplomático, económico, cognitivo y social con efectos directos e indirectos en dichos ámbitos, que son susceptibles de enmarcarse en una estrategia híbrida de carácter no lineal”

Pero, aunque potencialmente legítima, la medida tiene un inquietante reverso oscuro, puntualiza Jordan en su artículo. “Aunque es indudable que Marruecos tiene derecho a impedir el contrabando, cabe preguntarse por qué tomó la decisión de manera repentina cuando el fenómeno era evidente desde hacía años, y cuando parte de las consecuencias recaen sobre su propia población sin haber adoptado medidas previas para moderar su impacto”.

El séptimo nudo con el que Marruecos pretende asfixiar lenta y obstinadamente a las dos ciudades españolas se anudo el pasado mes de febrero, recuerda el politólogo, cuando la Aduana de Bab Sebta vetó la entrada de pescado fresco primero y de todo tipo de mercancía después a través de la frontera del Tarajal. “Las autoridades marroquíes tomaron esta medida sin notificación previa, explicándose en la prensa marroquí como un endurecimiento sobre los operadores comerciales que exportan a Ceuta”, recuerda Jordán.

Siete acciones “de carácter político, legal, diplomático, económico, cognitivo y social con efectos directos e indirectos en dichos ámbitos, que son susceptibles de enmarcarse en una estrategia híbrida de carácter no lineal”, a la que podría añadirse una octava: la anunciada este miércoles con la reapertura de las fronteras marroquíes para el regreso de sus nacionales en el extranjero en la que se excluyen, además de todos los puertos españoles, los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla, que “seguirán cerrados” sin fecha de desbloqueo, según precisaban a EFE fuentes del Gobierno marroquí este jueves.

Ocho ejemplos que marcan el ritmo de la presión de Marruecos sobre las dos ciudades españolas y que, considera Javier Jordán, nos sitúan —y esa es la única buena noticia— en el primer escalón de la estrategia híbrida. “La implementación paulatina de esas medidas, con la mirada en el largo plazo (paciencia estratégica), y su nivel de intensidad moderado se corresponde con la primera fase del conflicto en la zona gris –la configuración del entorno–, que puede prolongarse durante años a la espera de oportunidades que permitan aumentar la coerción y/o influencia”.

Una estrategia que, como todo en la vida, es cuestión de oportunidad y paciencia. Y de eso sabe mucho Marruecos. “En este caso además del condicionante geográfico –Ceuta y Melilla son enclaves limitados por la frontera marroquí y el mar– que permite instrumentalizar la presión migratoria sobre ellas y condicionar su economía, se añaden las turbulencias experimentadas en la política interna española en los últimos cinco años: el ancho de banda político ocupado por la respuesta al independentismo catalán y los problemas a la hora de formar gobiernos estables; de hecho, no sería descartable que la intensificación de las medidas enumeradas se encuentre vinculada a estas circunstancias. Esto es algo que conviene tener presente ante los enormes desafíos políticos, económicos y sociales que va a generar la pandemia del COVID-19”, alerta Jordán y a este lado del Estrecho se ponen los pelos de punta solo con pensarlo.

“Quizás sea útil que las autoridades españolas consideren la perspectiva de lo híbrido al analizar la política marroquí hacia Ceuta y Melilla”. 

Debilidades a las que el politólogo añade otras no menos inquietantes, desde el total desconocimiento y creciente desinterés de la opinión pública a la política de rearme de Marruecos, condición imprescindible para el último paso de una estrategia híbrida, el empleo “directo, puntual y limitado” de la fuerza, máxime cuando ni Ceuta ni Melilla están bajo el paraguas de la OTAN.

Para el experto, parece meridianamente claro que la actitud de Marruecos puede enmarcarse en una estrategia híbrida, aunque para ello todas estas medidas deberían estar planeadas y sincronizadas, algo que no puede contrastarse sin la versión de Marruecos, pero, el autor confiesa que “es plausible” y se inclina a creer que todas las medidas antes enumeradas obedecen a un plan predefinido.

Estén o no orquestadas, haya o no un plan de Marruecos para crear el escenario propicio para desestabilizar Ceuta y Melilla y asestar el golpe decisivo, Javier Jordán advierte que “quizás sea útil que las autoridades españolas consideren la perspectiva de lo híbrido al analizar la política marroquí hacia Ceuta y Melilla”. 

Si además de tomarse en serio el problema quisieran darle solución, tal vez debieran leer otro interesante artículo de Javier Jordán en Global Strategy, en el que analiza los resultados del proyecto MCDC ‘Countering Hybrid Warfare’ en el que se ofrecen alternativas a la hora de afrontar las estrategias híbridas, “dificultando así que el otro lado mantenga la iniciativa”. E iniciativa es justo lo que le falta a España a este respecto.

-Lea AQUÍ COMPLETO el artículo de Javier Jordán en Global Strategy

La estrategia híbrida: así intenta Marruecos asfixiar a Ceuta y Melilla