La política de "parches" ahoga al Mercado Central mientras la Ciudad sigue sin hoja de ruta definida
Dos años después de una actuación de emergencia que obligó a apuntalar su estructura, el Mercado Central de Abastos sigue sin una reforma integral, con inversiones parciales que conllevan el gasto público sin resolver ni las deficiencias arquitectónicas ni las duras condiciones laborales de sus comerciantes
El estado del Mercado Central de Abastos ha regresado este jueves al centro del debate político local. En el marco de la sesión de control de la Asamblea, el Ejecutivo ha sido interpelado para dar explicaciones sobre las medidas previstas ante lo que se califica como una situación “insostenible”, tanto para los comerciantes como para la propia estructura del edificio. Especialmente llamativo ha sido el silencio del Gobierno a la hora de concretar el coste que supone para las arcas públicas mantener los pilares metálicos instalados desde la actuación de emergencia acometida en 2022, y que hoy por hoy siguen apuntalando el mercado.
La interpelación ha partido del Grupo Parlamentario del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC), de la mano de su diputada Nadia Mohamed, quien ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad urgente de una intervención estructural. Mohamed ha sido tajante: si se retiran los pilares, “el mercado corre peligro de caerse”. Además, ha censurado lo que considera una gestión basada en “parches” durante más de una década, incapaz de afrontar con decisión el deterioro progresivo del inmueble. “Han preferido colocar ventiladores y trasladar la pescadería antes que acometer una obra integral que dignifique el espacio”, ha recriminado al Ejecutivo. En su intervención, también ha recordado que los informes técnicos elaborados en 2019 ya advertían del grave deterioro de la estructura, exigiendo respuestas claras: “¿Cuánto tiempo más vamos a mantener apuntalado el mercado con dinero público?”, interpeló.
La encargada de responder fue la consejera de Sanidad y Servicios Sociales, Nabila Benzina, quien defendió la actuación del Gobierno asegurando que “el mercado no corre peligro” y que el apuntalamiento se mantiene como “medida de seguridad adicional” mientras se ultima un contrato para rehabilitar la estructura. A pesar de ello, la consejera reconoció la indefinición del futuro del espacio, admitiendo que "sí que hay que plantearse qué queremos hacer con el mercado. Es verdad que hay que buscarle una solución definitiva”.
Durante su intervención, Benzina detalló algunas de las actuaciones realizadas: instalación de 40 ventiladores, traslado de la pescadería, reparación del ascensor, reordenación de varios puestos y un nuevo sistema de megafonía. Además, anunció que se baraja la construcción de un nuevo mercado en otra ubicación, lo cual, no obstante, requeriría resolver previamente dos problemas clave: la disponibilidad de suelo y la reubicación temporal de los concesionarios. Una de las razones por las que las obras avanzarían con lentitud, explicó la consejera, es que se desarrollarían de forma simultánea a la actividad comercial para no interrumpir el trabajo de los comerciantes, alternando los trabajos con los horarios de apertura al público.
La interpelación se produce inmediatamente después de que Ceuta Actualidad recogiera el testimonio directo de varios vendedores del Mercado Central, que denunciaban las extremas condiciones en las que desarrollan su actividad: calor sofocante en verano, goteras en invierno, equipamientos deteriorados y falta de respuesta institucional. “Aquí hace un calor insoportable”, señalaba entonces Manuel Galán, uno de los veteranos del mercado. A su queja se sumaba África, frutera de uno de los pasillos más afectados, quien advertía que "los ventiladores están mal instalados, tan pegados al techo que el aire no se nota". Para los comerciantes, esto no es una solución, "seguimos trabajando en condiciones pésimas y la venta también se ve perjudicada", exponía África para el medio.
Frente a las afirmaciones de la consejera, que aseguró que los concesionarios “reconocen las mejoras”, la diputada del MDyC no ocultó su incredulidad, alegando rotundamente que no cree que "estén contentos, simplemente prefieren un ventilador a nada”, respondió.
Según los datos públicos que se desprenden de los decretos y contratos publicados por la Ciudad, las actuaciones realizadas hasta la fecha han supuesto una inversión cercana a los tres millones de euros. A esta cifra habría que añadir el coste acumulado del mantenimiento de los apuntalamientos metálicos, cuya información no es de dominio público, ubicados bajo los Puentes de la Almina, y sin cuya presencia —según los informes técnicos— la estabilidad del mercado estaría comprometida.
Así, mientras el Ejecutivo apela a la cautela y la complejidad técnica, desde la oposición se insiste en la necesidad de abandonar la política del parche y abordar una intervención a la altura de lo que representa este histórico espacio comercial. Porque, como han recordado comerciantes y grupos políticos por igual, no se trata únicamente de un edificio: se trata del corazón vivo de un modelo comercial tradicional que aún resiste, pero que ya no puede esperar más.