La Elección
La crónica de hoy empieza por la noche con la “invitación” del ejército USA a la prensa que se encontraba en el campamento de las organizaciones humanitarias, la UME y la AECID, entre otros. Esta claro y más que claro hacia donde se encaminan el futuro geosestratégico de Haiti, sobre todo cuando se sabe que los escoltas del presidente Fabre han cambiado de nacionalidad; los brasileños han dejado de proteger al presidente porque los estadounidenses ya lo hacen, y en ese órden concretamente. Brasil ha perdido el pulso diplomático a favor de Obama. La jugada de toda la vida. Muy pocas horas (en concreto, menos de dos) tardó la prensa en desalojar el lugar. Con el paso del tiempo llegan los detalles; en realidad no se desalojó manu militari, parece que la nueva Administración ha aprendido algo de imágen y decidieron no dejar entrar a ningún periodista más, y si estabas en el campo y salías, pues eso….

Al márgen de esas cuestiones, muy interesantes, pero que llenan pocas cubas de agua, bueno será recordar que los haitianos siguen necesitando de nuestra solidaridad.

 

En la delegación de Cruz Roja Española, el ritmo es incesante, hasta febril. Se están constantemente planificando entregas y se estudian las mejores maneras de abordarlas. Se trata de llegar al máximo de beneficiarios posibles sin dejar a nadie fuera….pero es que falta tanto de todo, es que Haiti está tan carente de lo básico después del terremoto, estaba tan carente de lo básico antes del terremoto que el trabajo a llevar a cabo es brutal.

 

Nuestra labor, y la de todos los miembros de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, es la de devolver la normalidad a un pueblo que vive sus angustias entre movimientos sísmicos, porque aquí la tierra sigue temblando. Mientras mandaba fotografías, un movimiento impresionante nos sacudió a todos, fue una suerte de zarandeo, como cuando alguien te mueve violentamente silla y mesa mientras estas realizando una tarea. La única diferencia es que aquí hemos acabado por acostumbrarnos y solo tememos por nuestras familias, por el miedo que puedan tener por nosotros.

 

La otra cara de la noticia es la llegada del comisario para la Ayuda Humanitaria y desarrollo de la UE. Se espera que esta visita al campo de Mais Gaté haya marcado un antes y un después…..se espera, claro, o al menos en eso confían los haitianos que ven con curiosidad como un señor con camisa blanca inmaculada inspecciona el lugar.

 

Los representantes de Cruz Roja Española le explican el proceso del agua, las carencias de las gentes que allí viven, las necesidades del pueblo haitiano y el trabajo que desarrolla Cruz Roja Española gracias a la solidaridad de quienes viven en un país llamado España y, en particular, de una ciudad llamada Ceuta cuya humanidad corre desde siempre por sus venas.

 

En el campo de Mais Gaté me dedico a adentrarme en el campamento. Como no podía ser de otra forma, sus gentes me acogen, me hablan, me preguntan, me piden….yo hago lo que puedo, pero es tan difícil. Un hombre me aborda y me comenta que un familiar suyo está enfermo. Como puede me explica que le duele mucho la cabeza porque una pared se la ha caído encima en el terremoto. Me acerco y me encuentro un panorama desolador. Una señora de no más de 50 años (y convencido que tenía bastantes menos) se encontraba tumbada, a todas vistas resignada y esperando, con infinita paciencia y dulzura que todo se acabe de una por vez…. por fin.

 

A su lado una mujer mucho más joven (me estoy convenciendo de que en Haití nadie es jóven, o se es niño o se es viejo, tal cual) le está pasando un paño impregnado en agua sucia por la frente. El hombre se afana en explicarme los detalles. Yo ya no tengo fuerzas para escuchar. Mi formación en Primeros Auxilios (gracias Isa, ahora es cuando de verdad aplico lo que me enseñaste) me empuja a realizar una exploración para comprobar si hay deformidades en el cráneo. Al parecer no las hay, pero claro eso no descarta nada. Sin embargo, cuando se levanta de la cama puedo ver lo que realmente ocurre: se está deshidratando a pasos agigantados. Le ordenó al quien ya me parece ser su yerno a que vaya a por agua, la misma que Cruz Roja Española está transportando a muchos puntos de la ciudad. Le explico que debe beber, es más se lo ordeno y le indico que con el calor que hace (aquí estamos en invierno, pero en esa tienda se superan fácilmente los 40 grados). El hombre asiente. La señora mayor fija en mí una mirada cansada, muy cansada, tremendamente cansada. Acaricio su cara y acabó estrechando sus huesudas manos. Su mirada no ha cambiado, me mira sin fuerzas para expresar ya emoción alguna. Le deseo suerte y salgo de aquel cubículo con el uniforme de Cruz Roja empapado…¡¡¡ y sólo he estado allí 15 minutos!!!

 

En mí ya no hay explicación posible, no hay razonamiento lógico, no existe justificación alguna, no caben los paños calientes. Aquí, los seres humanos, esos descendientes de Adán y Eva, se mueren por falta de todo. Mis compañeros comprenden la situación y uno de ellos me rodea con sus brazos sin decir palabra alguna: aquí [email protected] [email protected] [email protected] de Cruz Roja hablamos el mismo idioma, el del corazón.

 

Antes, mientras el Comisario Europeo llegaba, un grupo de críos llamó mi atención. Les hice un par de fotos y prometí volver, debo cumplir con lo prometido.

 

Nada más llegar los menudos me rodean y borran de mi mente toda imágen negativa. Quieren una foto conmigo y, de pronto, me veo literalmente rodeado por un ejército de niños y niñas que se ríen y me hacen reír. Sus madres, a pocos pasos, ven como el rojo de chaleco se ve cubierto por las maravillosas sonrisas de quienes tienen el deber de construir un Haití mejor. Desde Cruz Roja no les vamos a dejar en la estacada, es una promesa que me hago y que corrobora el trabajo de muchos años ya en Haití de mis compañeros. Chapeau por ellos.

 

La cuba se retira cuando el Comisario Europeo ya no es sino una esperanza que esperemos se materialice y los últimos abrazos con los niños me dan el suficiente ánimo para superar cualquier situación.

 

De viaje de vuelta tengo ganas de gritar que ninguna turba me ha agredido en el campo de Mais Gaté, que nadie me robado, que nadie me ha insultado y que todos me han transmitido que quieren comer y algunas herramientas para arreglar eso que llaman casa. No piden una vivienda digna, no piden un salario, no reivindican nada y no se ponen tras ninguna pancarta, no! Sólo quieren un martillo, cuatro clavos y algo de comer; hasta para eso tienen dignidad, cuanto tenemos todavía que aprender. Suele decirse que el que lo da todo no está obligado a más, eso que se lo digan a los habitantes de Mais Gatté, de Carrefour o de los otros asentamientos (eufemismo políticamente correcto que significa como unos seres humanos se amontonan en muy pocos metros cuadrados) de Puerto Príncipe, que se lo expliquen, pero muy despacito porque, a todas luces, va a ser complicado que lo entiendan con nitidez. Cuando algún día se logre erradicar el hecho de que hombres y mujeres vivan en la extrema miseria, entonces quizás se pueda tirar del dicho. Mientras, desde Cruz Roja se seguirán distribuyendo los 300.000 litros de agua, los kits de higienes, los toldos, las mosquiteras (la malaria sigue matando, no lo olvidemos), los bidones para acarrear agua en los millones de Mais Gaté que existen en el mundo.

 

En el Camp Base, la reunión de coordinación de los responsables de Comunicación arroja una conclusión basada en datos objetivos: el terremoto de Haití y sus damnificados ya no interesan a las grandes cadenas de TV, es un hecho. Tanto es así que la empresa dedicada a retransmitir señal de video vía satélite ha recortado su personal y material a la mitad. Afortunadamente, todos sabemos que en los corazones de las buenas gentes siguen anidando los principios fundamentales de Cruz Roja: Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad, Independencia, Unidad, Carácter Voluntario y Universalidad. Mientras termino esta crónica, la mirada cansada de una mujer que ha decidido abandonarse se entrecruza con la algarabía de los chiquillos que han decidido seguir jugando, fabricando, con mucho ingenio, una cometa con varios hilos unidos entre sí y un plato desechable de plástico fino. Ella simboliza el Haití de antes del Terremoto, ellos ese país caribeño que, con nuestra ayuda debe surgir tras la tragedia. Nosotros ya apostamos y tenemos el chaleco puesto con una gran Cruz Roja que no permite lugar para las dudas. Ahora, le toca a usted elegir….

La Elección