La fe, mueva o no montañas, a veces decide partidos. A ella se agarró el Joventut, sobrado en este aspecto, para derribar un gigante. El que representaba el Madrid, que anestesiado durante demasiados minutos, se dejó el liderato en su visita a Badalona. A punto estuvo de servirle el golpe de riñón final. Pero el Joventut, en ese momento en el que los planteles inferiores pierden la esperanza al verse por detrás en el marcador, con la remontada consumada, tuvo la confianza necesaria. Jelínek le ganó el duelo de tiros decisivos a Llull y la Penya se quedó un triunfo (78-75) que le aleja un paso de los puestos de descenso.
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