La acumulación de títulos y el fútbol inolvidable con que el Barcelona ha decorado su paseo por las últimas tres temporadas invitaban a pensar que los de Guardiola se habían ganado el derecho a ser juzgados antes por su trabajo y el juego que por los resultados, antes por la intención que por la ejecución, especialmente en épocas veraniegas, fuera de concurso, de amistoso en amistoso. Pero no. Dos empates, un solo triunfo, contra el Bayern de Múnich en la final de la Copa Audi y las dos derrotas consecutivas en Estados Unidos vinieron a demostrar por qué el Barcelona es un grande: no se le perdona ni un tropiezo, ni una mala tarde, ni siquiera jugar bien pero no ganar el partido.
07/ago/11 - 12:11
Actualizado:
14/nov/16 - 15:27
14/nov/16 - 15:27
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