14 de mayo. Cerca de las dos de la tarde. Probablemente uno de los momentos más duros y tristes que ha vivido durante los veintidós años de servicios prestados en la Audiencia Nacional, su casa. Arropado por los aplausos y el cariño de varias decenas de funcionarios, los fiscales y jueces más amigos y de una treintena de ciudadanos entre los que destacaba la abogada Cristina Almeida, Baltasar Garzón bajó ayer sin tener muy claro si se trataba de un adiós o un hasta luego las mismas escaleras que subiera aquel mes de enero de 1988, recién nombrado titular del Juzgado Central de Instrucción núme...