La Casa Blanca ha anunciado este miércoles que no serán publicadas las fotos del cadáver de Osama bin Laden porque no las considera necesarias para probar la veracidad de su muerte y serían un simple estímulo morboso que causaría más irritación que beneficios y, en última instancia, representaría un peligro para la seguridad nacional. Es una decisión personal de Barack Obama con la que asume el riesgo de dar pábulo a teorías conspirativas, pero con la que demuestra también una gran fe en su propio instinto y en la confianza que la opinión pública de Estados Unidos tiene en estos momentos en su gestión.
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