El Zaragoza jugó ayer domingo, pero empezó a ganar ya el lunes. Ese día la plantilla se reunió dos horas, sin el entrenador, y resolvió defender el orgullo del club hasta el final, al margen del desenlace. La conjura pudo sonar a palabrería hueca, pero por lo visto tuvo un efecto catártico. Éste fue el triunfo de la dignidad. Eso sí, necesitó de otros factores: un ejercicio colectivo notable, un gol de estrategia y otro de listeza; las paradas de Roberto y los palos; o Ruben Micael en su mejor versión... Armas irrenunciables para un superviviente.
13/feb/12 - 10:52
Actualizado:
14/nov/16 - 16:00
14/nov/16 - 16:00
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