CORONAVIRUS

Los positivos en la Consejería de Sanidad dejan una lección

Los positivos en la Consejería de Sanidad dejan una lección
Un test rápido de COVID-19 negativo./archivo
Un test rápido de COVID-19 negativo./archivo  

2,3 millones de españoles han tenido contacto con el coronavirus COVID-19; de ellos 932 ceutíes. Eso es lo que se deduce de la encuesta de seroprevalencia tras la primera oleada de pruebas realizadas, 900 en la ciudad. Son muchos más casos que los que hasta ahora figuran en las cifras oficiales de casos confirmados. 175 en Ceuta a fecha de este sábado 16 de mayo, 274.367 en el conjunto del país. Con cierta constancia aparecen personas que arrojan al realizarse un test rápido que tienen desarrollados anticuerpos contra al virus, pero no tienen ya carga vírica. Han pasado la enfermedad, sin síntoma alguno en la mayoría de los casos, en silencio y pudiendo transmitir la enfermedad por ese desconocimiento. Algo así ha pasado en la Consejería de Sanidad.

En abril, uno de los trabajadores de la consejería dio positivo. Pero la mayoría de la plantilla tuvo conocimiento de ese caso positivo cuando ya habían pasado una cuarentena obligatoria de 14 días, según relata uno de los profesionales. Cuando ahora en mayo se les ha realizado test, otros tres trabajadores arrojaron anticuerpos, esto es, pasaron la enfermedad sin enterarse.

Nadie más presentó síntomas y no se realizaron entonces test a toda la plantilla. Eran esos días en los que las quejas por la falta de realización de test de una forma masiva y contundente afloraban en los medios lanzadas desde sectores profesionales o incluso por el propio responsable de esa Consejería, Javier Guerrero, que reclamó aquello de seguir las directrices de la Organización Mundial de la Salud: “Test, test, test”.

Pero cada asunto médico, protocolario o preventivo durante la evolución de esta pandemia con un virus desconocido y nuevo ha ido evolucionando casi cada día a lo largo de la lucha contra la enfermedad. El mismo Guerrero es un buen ejemplo de ello: pasó de mostrar cierta despreocupación (como casi todos los dirigentes) y defender que habían intentado hasta el último momento salvar la celebración de la Cuna de la Legión, prevista para el 14 de marzo, a defender medidas drásticas, sólo una semana después, como impedir el paso por Ceuta a los caravanistas franceses atrapados en Marruecos. Pasó de decir que “las mascarillas no valen para nada” a apostar por hacerlas obligatorias en espacios públicos. Cómo Guerrero, en realidad, la mayoría de responsables públicos a los que no les ha quedado más remedio que dar la cara ante los medios y la ciudadanía un día sí y otro también, han ido cambiando de criterio a medida que las evidencias científicas iban aclarando algunas cuestiones relacionadas con la forma de actuar el virus.

Y eso es más o menos lo que ha pasado en la Consejería de Sanidad. En los tiempos en los que se detectó ese primer positivo, aunque se reclamara la realización masiva de test, en realidad, lo que hacía Ingesa era seguir las directrices basadas en los protocolos establecidos por el Instituto Carlos III de Madrid, que a su vez se basaba en las recomendaciones de actuación referidas por la Organización Mundial de la Salud. Esos protocolos son públicos y a nada que uno bucee un poco por la red los puede encontrar, no es una lectura precisamente entretenida, eso sí. No, no recomendaban una realización en masa de test, ni rápidos ni PCR, sino que apostaba más por las cuarentenas y los aislamientos y la realización de pruebas para confirmar diagnósticos en casos muy concretos y puntuales.

Eso, en parte, ha posibilitado situaciones como las vividas en la Consejería de Sanidad. Un trabajador da positivo, los compañeros llevan ya 14 días aislados para cuando tienen conocimiento. Ninguno presenta síntomas y se consideran como no contagiados sin realización de prueba. Pasan las semanas, cambian los protocolos y los criterios y se da importancia a tratar de saber cuál es la penetración real del virus, se comienzan a realizar muchos más test rápidos, con criterios sectoriales y profesionales en muchos casos. Entran los trabajadores de Sanidad y tres compañeros que nunca presentaron síntomas arrojan ahora anticuerpos. Pasaron el virus en silencio.

Asintomáticos que pudieron transmitir sin saberlo la enfermedad, difícil por las medidas de confinamiento que redujeron al máximo las posibilidades de contagio y porque sin síntomas se sobreentiende que su carga vírica sería pequeña.

Y es que según la encuesta de seroprevalencia en Ceuta habría aún más de 750 personas que habrían tenido el virus sin que estén detectadas. De ahí la importancia de seguir manteniendo las medidas preventivas para evitar contagios, guardar distancia social y extremar la higiene.

Si bien es cierto que no todas las regiones han seguido al pie de la letra lo que dijo la OMS desde el primer momento. Algunas, que curiosamente han tenido menor incidencia de la pandemia, apostaron desde un primer instante por rastrear cada contacto de cada positivo y en la medida de lo posible testarlo y hacerles un seguimiento, tuvieran o no síntomas. Esas estrategias se han demostrado más exitosas a la vista de los resultados. En ese sentido, Ceuta contó con un elemento a favor, para cuando se detectó el primer caso, el país entero estaba ya confinado y la distancia social casi absoluta impuesta por Moncloa hizo muy difícil que el virus se expandiera. A eso, sumo una estrategia parecida a la que ha dado buenos resultados, Ingesa y Sanidad pusieron a los médicos residentes a rastrear a los contactos de los positivos confirmados, si bien aquí en la mayoría de los casos la actuación una vez encontrados se limitó a obligarles a guardar 14 días de aislamiento severo, minimizando así el riesgo de transmisión del virus. Los datos en la ciudad, que parece preparada para el salto a la fase 2 también son buenos.

Los positivos en la Consejería de Sanidad dejan una lección