Plena Inclusión aborda los cambios físicos y psicológicos en la adultez en unas jornadas dirigidas a romper tabúes junto a los familiares de personas con discapacidad
Los cambios físicos y psicológicos que viven las personas con discapacidad intelectual durante el desarrollo de su etapa adulta suponen para sus allegados un doble reto: Por un lado conocer y entender estos procesos y, por otro, romper el estigma que en muchos casos supone. Para ello, Plena Inclusión ha organizado dentro de su Programa de Apoyo a Familias la jornada "Descubriendo los cambios en la adultez: hablando sin tabúes”, un espacio de diálogo abierto, profesional y cercano para abordar, sin estigmas ni silencios temas como la salud ginecológica, la menopausia y andropausia o la sexualidad.
Es cada vez más necesario, explica Beatriz Gil Cruz, psicóloga de la asociación, ya que dentro de la misma "hay chicos y chicas que ya están empezando en la edad de envejecimiento" y resulta imprescindible que sus familiares sepan cómo manejar estos cambios. A ello contribuye el aumento de la esperanza de vida y que las personas con discapacidad son cada vez menos institucionalizadas, conviviendo de manera habitual con sus allegados.
Es precisamente a quienes comparten su día a día con estas personas a quienes se ha dirigido hoy el equipo de Plena Inclusión, "para que los familiares entiendan que seguramente haya muchas cosas que ya hayan visto en el desarrollo evolutivo de sus familiares, pero que no le pongan nombre". Por ejemplo, abunda Gil, en el caso de "una persona que tiene una grave discapacidad intelectual, que no es verbal, que no expresa ningún tipo de sentimiento, que tenga un sofoco por la noche". ¿Cómo se gestiona? "Pues ellos al final, como no tienen esa expresión, lo gestionan a través de conductas" que pueden ser "gritos o llantos" que descolocan a sus familias.
Sexualidad y embarazo, la realidad que muchos no quieren ver
Como ginecóloga en el Hospital Universitario de Ceuta (HUCE), Begoña Rodríguez entiende que resulta fundamental tener unos conocimientos básicos sobre la menstruación y todas las alteraciones que provoca en el cuerpo desde su aparición hasta la llegada de la menopausia, incluyendo la posibilidad de embarazo. En este sentido, ha destacado la importancia de poner sobre la mesa la contracepción, ya que, aunque muchos familiares no lo saben o no lo quieren quieren asumir, las personas con discapacidad "también pueden tener relaciones sexuales y no se descarta un embarazo no deseado ni muchísimo menos, ni que contraigan alguna enfermedad".
Precisamente, es esta falta de información y estigma lo que hace que los embarazos se lleguen a detectar "muy tardíamente".
"Muchos piensan que sus familiares no tienen relaciones sexuales y precisamente es mentira", insiste la doctora, "porque las personas con discapacidad muchas no tienen la sexualidad como un tabú porque están totalmente desinhibidos". Incluso dentro de la asociación "entre ellos mismos, en el centro, tienen relaciones sexuales" y "el tener una discapacidad intelectual no quiere decir ni mucho menos que sean estériles, al revés".
Por otro lado, dentro de la salud reproductiva femenina la ginecóloga ha detallado cuál es la edad que engloba el cribado de cáncer de cervix y de mama. Pruebas sencillas pero que generan "miedo" y que con la compañía adecuada y entendiendo el proceso -tanto por parte de los familiares como de los pacientes- pueden resultar más llevaderas. "Si alguna vez tienen que ir se pueden poner en contacto con nosotros, solicitar a lo mejor la última cita de la mañana si les es más cómodo y adaptarle un poco esa consulta a ellos", ha ofrecido Rodríguez.
Los cambios hormonales también son cosa de hombres
Y en la etapa adulta, aunque resulta más habitual hablar de la menopausia, todos estos cambios hormonales influyen tanto a hombres como a mujeres. En el caso de ellos adquiere el nombre de andropausia y supone una bajada del nivel de testosterona que a su vez produce "una pérdida de la masa muscular, también un aumento de peso, y, sobre todo, afecta a la sexualidad". De ello habla Luis Ramírez, terapeuta ocupacional de Plena Inclusión, quien recalca la "carga psicológica" de ver cómo "se producen menos erecciones, menos potentes, en menor cantidad" entre sus pacientes masculinos.
Para adaptarse a todos estos cambios tanto físicos como psicológicos está Ramírez, que ayuda a los usuarios a entender qué sucede en su cuerpo y cambiar sus rutinas, hábitos y roles para acomodarse a su nueva situación.
"Ya no podemos funcionar de la misma manera que funcionábamos antes, porque tenemos sofocos, porque me siento peor, porque me siento más cansada, así que tenemos que hacer ciertas adaptaciones", abunda sobre las pequeñas modificaciones que pueden facilitar la vida. Desde más descanso hasta salir a dar un paseo para "manejar toda esa emocionalidad" que comprenden los altibajos hormonales típicos de la adultez.
"Afecta muchísimo", pero, como se suele decir "no hay mal que por bien no venga" e "incluso en ciertas personas lo pueden vivir como positivo". "Ya no tengo reglas, ya no me tengo que preocupar de dolores, ya no me tengo que preocupar de sangrados. Puede ser hasta ciertamente positivo para ellas", recuerda como contrapunto positivo.