La fiscalía pretende imputarle hasta cuatro delitos y su defensa llevará a dos personajes televisivos como testigos para defender su tesis: el Doctor José Cabrera y Forneira y el militar José Jiménez Planelles. La joven, único testigo presencial de los hechos, tiene claro que su padre tenía voluntad de asesinar a su madre y relató un largo historial de malos tratos en el domicilio
La primera jornada del juicio por el asesinato de María Ángeles Lozano el 14 de marzo de 2022 reveló que el acusado, un agente de la Policía Local cuyo nombre se corresponde con las siglas A.G.D., intenta traspasar la responsabilidad por el asesinato a su hija, que tenía 17 años entonces (2022) y fue testigo presencial de los hechos. Así lo planteó su defensa, ejercida por la abogada Inmaculada Güil, quien recalca que su cliente sufre trastornos mentales desde hace muchos años y descarta que disparara el arma contra su esposa. Frente a esto, su hija, que comenzó a declarar -como único testigo presencial de los hechos- durante la jornada matinal de la vista, ha recalcado que su padre fue con intención de asesinar a su madre y relató una larga historia de malos tratos en el domicilio, tanto hacia ella como hacia su progenitora.
Las dos fiscales y la acusación particular -que ejerce Javier Cabillas en nombre de la hija del acusado- pide para el hombre condena por cuatro delitos. Uno de maltratos habituales, otro de asesinato y dos dirigidos a la joven, uno contra su integridad moral y otro por lesiones psicológicas, que sumarían 34 años de cárcel según lo interesado por el Ministerio Público y 40 en virtud de la solicitud del letrado de la hija.
Lo hace, según ha explicado durante la sesión matinal en la Sección sexta de la Audiencia Povincial de Cádiz desplazada en Ceuta, ante un jurado popular, en base al testimonio de su hija y los de los agentes de la ley que acudieron al lugar el día del asesinato a los que el hombre había reconocido lo sucedido.
Aunque fue una versión que no mantuvo en el tiempo, ya que tiempo después, y estando en la cárcel, el acusado cambió su versión y afirmó que fue su descendiente la que forcejeando con él disparó el arma por accidente. Primero contra la nevera, y luego, ya teniéndola en su mano, contra la fallecida.
Esta postura acudirán a defenderla a la sala dos personajes televisivos, uno de ellos el reconocido psiquiatra clínico y médico forense el Doctor José Cabrera y Forneira. El otro, José Jiménez Planelles, militar, perito judicial en criminología y experto en armamento ligero. Ambos colaboradores habituales de un popular programa de televisión en cuyo plató abunda la difusión de bulos y teorías conspiranoicas.
Además, la defensa del hombre también sostendrá la posibilidad de afección mental grave desde hace 20 años como atenuante de la responsabilidad de su cliente.
Por contra, fiscal y abogado de la acusación particular defienden que el hombre tenía decidido matarla porque ella tenía previsto divorciarse. Consideran, tal y como han expuesto, que existía un historial de maltrato, que se producía de manera regular, tanto a ella como a sus hijos de 12 y 17 años.
En la citada jornada, argumentan, aquel 14 de marzo de 2022 entró a la cocina con la pistola en la mano y a pesar de que su hija trató de detenerle, el acusado disparó a conciencia, buscando matar a su esposa, con la que llevaba casado más de dos décadas.
La tesis de la defensa: Un accidente por el que piden la absolución
El escrito de la defensa se centra en dibujar a A.G.D. como una persona diagnosticada desde hace años y por tres psiquiatras de trastorno paranoide, bipolaridad y un tercero ocasionado por el consumo de alcohol. Por ello, a juicio de la abogada y de los peritos que presentará a lo largo del juicio, el hombre se encontraba en pleno "proceso psicótico", sufriendo alteraciones delirantes propias de su condición, cuando ocurrieron los hechos. También cita la letrada Güil a la hija como una joven diagnosticada de "ansiedad, fobia social y trastorno bipolar".
Para la abogada, su cliente no ha incurrido en ningún ilícito penal, y, siempre según su versión, en la jornada de los hechos salió de su domicilio por la mañana a prestar servicio como agente municipal en el Mercado de San José, a donde llevó consigo su arma. "Se encontró mal y acudió de vuelta a casa a por un justificante médico de una cita que tenía ese mismo día en Algeciras", prosigue la representante legal de A.G.D.. "Cuando vuelve al domicilio encuentra a su hija y entablan un corto diálogo por la no asistencia de esta a clase", añade.
Cuando María Ángeles Lozano -que se encontraba de baja- regresó, él le preguntó por el justificante médico de la cita. "Hubo un diálogo entre ambos a cuenta de su paradero", sostiene la defensa.
El agente, siempre según la hipótesis de su letrada, se quedó mientras en el salón y después, cuando acudía a guardar la pistola en la caja fuerte de la habitación, recibió una llamada desde la cocina, donde estaba su mujer, y entró con la pistola en la mano. "La hija pensó que su padre iba a disparar y, en función, de esa creencia se abalanzó sobre él intentando arrebatarle el arma reglamentaria. Cayeron al suelo y él le disputó el arma porque no puede permitir que se la cojan por ley", argumenta Güil.
Entonces, "se activa un episodio agudo de la enfermedad, agravado por la situación y se produce el primer disparo a la nevera". Incide mucho la representante legal de A.G.D. en la altura de los impactos de bala -muy bajos según ella- y en el orden en el que se produjeron. Para la letrada fue primero el que golpea en el electrodoméstico y el segundo se produce cuando "por un instante el hombre pierde el control de la pistola". Es decir, entiende que accidentalmente la niña fue quien pegó el tiro a su madre.
Luego, A.G.D. tomó el arma para "asegurarla" y guardarla, llamando después a la Policía Local y a Emergencias, este último extremo aún no probado en la sala.
Con este relato, la abogada pide la libre absolución de su cliente y, en caso de que el tribunal no la entienda adecuada, solicita que se apliquen una serie de atenuantes importantes. Para esta parte todo fue un desafortunado accidente del que no se puede responsabilizar al acusado.
La tesis de la acusación: Un asesinato premeditado tras años de violencia doméstica
Por contra, los relatos de Fiscalía y acusación particular al inicio del juicio plantean una visión completamente distinta de los hechos. Para ambas partes, A.G.D. llegó a su domicilio preguntándole a la hija dónde estaba su madre. Tras una hora llegó Lozano, con la que discutió por haber perdido el documento de una cita médica.
Mientras se produce esta disputa, la joven, acostumbrada a constantes episodios de violencia verbal en casa, se encontraba en su habitación. Sin embargo, alertada por lo que escuchaba salió de su cuarto y se encontró a su padre frente a su madre en la cocina, con el arma reglamentaria en la mano. "Se puso en frente, le agarró la mano y le suplicó que no hiciera nada, que necesitaba y quería a los dos".
A ello el hombre hizo caso omiso, disparando al hombro de Lozano, que estaba agachada buscando en la basura el mencionado justificante médico y "que no tenía forma de escapar". Un único impacto que le quitó minutos después la vida. Entonces, la hija, tratando de evitar que pegara otro tiro, forcejeó con el, cayendo al suelo los dos y lanzando en ese punto un segundo disparo que golpeó en la nevera.
La niña fue quien llamó a Emergencias mientras el hombre, que luego sí telefoneó a la Policía Local, escondía el arma. A continuación la joven salió corriendo a buscar a sus tíos, que residen en el piso de abajo del mismo edificio, y a su regreso llegó el cuerpo municipal.
Por todo esto encuentran a A.G.D. culpable de varios delitos. El primero de maltratos habituales, considerando que la violencia doméstica que ejercía constantemente sobre Lozano fue lo que desembocó en el homicidio. Interesan también condena por asesinato y por dos ilícitos relacionados con los daños causados a su descendiente. Uno de lesiones psíquicas y otro contra su integridad moral.
Estas tesis las vino a confirmar la hija durante su intervención en la jornada matinal de la primera sesión del juicio, en la que fue interrogada por la Fiscalía. Ella aseguró que su padre tenía intención de matar y relató un largo y tortuoso historial de malos tratos verbales hacia si misma y hacia su progenitora a lo largo de los años.