"No afirmo que sepa con exactitud lo que pasó", subraya el mediático doctor, que aunque sigue manteniendo que la hija fue quien disparó el arma, se dio de bruces contra los argumentos de los peritos, se mostró inseguro ante las preguntas de fiscalía y acabó reprendido por la jueza
El juicio por el asesinato de Mari Ángeles Lozano en su domicilio de Parques de Ceuta en 2022 mantuvo durante la tarde de este viernes la misma tendencia que en la matinal. La defensa puso en juego a sus actores estrella, el doctor José Cabrera y Forneiro, psiquiatra clínico y médico forense y a José Jiménez Planelles, militar, perito judicial en criminología y experto en armamento ligero. Después de que el segundo naufragara durante la mañana tratando de poner -vía estudio del ADN- el arma homicida en manos de la hija del acusado, A.G.D., Cabrera optó por diluir su discurso, manteniendo con reservas y ciertas dudas la hipótesis exculpatoria para el hombre, que había argumentado en su informe pericial.
Sin apenas solución de continuidad, la jornada de tarde comenzó media hora después de que terminara la de mañana. Intervino de nuevo Planelles, que planteó -exhibiendo algunos vídeos- sus hipótesis sobre las posiciones del tirador, la víctima y el trayecto de la bala. Teorías que no comparten las expertas del Instituto de Criminología -vinculado al Instituto Nacional de Toxicología- que estudiaron el caso. Estas piensan que el disparo se realizó de cerca, entre dos y cincuenta centímetros, por la diferencia de tamaños entre el orificio de entrada de la bala en la ropa y el que aparece en la piel.
Los policías que intervinieron en sala y el instructor de tiro de la Policía Local tampoco vieron posible dar por sentado que el incidente se produjo en los términos que plantea Planelles y, este, acabó por reconocer que todo es una reconstrucción hipotética y que lo que dicen los expertos imparciales es posible. En concreto, que el arma se accionara apuntando de arriba a abajo, y que el casquillo pudiera rebotar hasta acabar en el fregadero.
No tuvo mucho mejor suerte en su intervención criminalística -falta la psiquiátrica, que ha quedado aplazada para el lunes- el doctor Cabrera. Este, para empezar con las imprecisiones, habla en su informe de un forcejeo entre Lozano y A.G.D. que a todas luces parece no haberse producido. "Son suposiciones", reconoció.
Entonces, ¿por qué cree el mediático personaje que el hombre dice la verdad en su segunda versión y la hija miente y fue quien realizó el disparo?: "Todo indica eso, por lo que he leído, todo lo indica. Sigo creyendo lo mismo firmemente. No sé, ni creo que nadie sepa si el disparo que dio en la víctima fue el primero o el segundo", se defendió el perito ante las fiscales que fueron haciéndole retroceder sin excesiva resistencia por su parte. Incluso la jueza le llamó la atención por no aclarar en qué había basado su informe: "Lo que uno afirma en una testifical, tiene que saber en base a qué lo afirma", espetó la magistrada.
Cabrera también reconoció copia y pega de otros documentos en su informe e incluso no haber escuchado la declaración de la niña. cuya versión no se cree. Asimismo, asumió a preguntas del Ministerio Público que A.G.D. cometió al menos una "imprudencia" al entrar a la cocina de la casa, en un contexto de discusión, con el arma cargada y lista para disparar en la mano. Este extremo es clave, pues según se demostró en sala, no hubiera sido posible para la joven de diecisiete años, y sin conocimiento de armamento, realizar la carga y el disparo por si misma.
Con la parte criminalística finiquitada, el juicio se tomó un descanso a última hora de este viernes para retomar la acción el lunes con las últimas periciales restantes y las conclusiones de las partes, antes de que el jurado se siente a deliberar. Por el momento, las cosas pintan mal para A.G.D.