El mediático facultativo volvió a intervenir en el juicio entre contradicciones como que con una única entrevista de dos horas con el acusado, en las que el hombre se mostró “balbuceante”, consiguió extraer el relato de los hechos “más cercano a la realidad” y a diagnosticarle tres trastornos mentales. Un psiquiatra forense valora que el supuesto homicida exagera su locura para obtener una pena rebajada. Las partes chocan en cuanto a la violencia de género, para unos fue un acto de un enfermo, para otros, maltrato continuado.
Tenía afecciones mentales, pero para la mayoría de expertos -especialmente los independientes- era perfectamente consciente de lo que hacía y desde que supuestamente asesinó a su esposa en Parques de Ceuta ha intentado exagerar su locura para recibir una pena inferior o resultar incluso “inimputable”. A excepción del doctor José Cabrera y Forneiro -a sueldo de la defensa- todos los psiquiatras y psicólogos que intervinieron este jueves en la sexta sesión del juicio por el asesinato de María Angeles Lozano coincidieron en poner límites a los trastornos que sufre el acusado, A.G.D.. Los peritos evitaron achacar a estas dolencias el hecho de que presuntamente apretara el gatillo disparando a su esposa y más bien observan un intento de aprovecharse de ellas penalmente.
La pericial psiquiátrica -que puede hacer variar notablemente una hipotética pena si se condena como culpable al hombre- había quedado a medias en la jornada del lunes por el apagón eléctrico internacional. Hasta el momento del corte definitivo, solo había intervenido la doctora que desde 2003 y de forma muy irregular tuvo como paciente al hombre, que acudía con nombre falso y diciendo que era administrativo y no policía local.
Le diagnosticó en ese tiempo tres trastornos. Uno asociado al alcohol, bipolaridad y delirios. Además describió al hombre como una persona paranoica y megalómana, que en su ensoñación creía tener habilidades superiores a las de los demás.
Esto vino a confirmarlo ante el tribunal el psiquiatra forense al que se le encargó un informe sobre cuál era el estado mental de A.G.D. el día de los hechos. Ese análisis hace pensar al profesional de la salud mental que, el acusado, como mucho, pudo perder por un momento a raíz de la presión del momento la conciencia sobre lo legal de sus actos.
Algo que en cualquier caso no le exime de la responsabilidad y que no podría tampoco atenuar la pena. Máxime cuando el psiquiatra forense anteriormente referido y otra de las profesionales que intervinieron este martes entienden que el hombre exagera su locura, “teatraliza” y “cambia permanentemente su versión” para sacar rédito penal: “Sus facultades no estaban anuladas para nada” y “no muestran ningún signo de arrepentimiento”, zanjaron.
Cabrera sí le cree, se enfada con la fiscal y se contradice nuevamente
El único que parece creer a A.G.D. es el televisivo doctor Cabrera, que en cualquier caso es perito de parte pagado por la defensa. El conocido facultativo volvió a ser preguntado en sala, esta vez por la parte psiquiátrica de su pericial, que se construyó con una única entrevista de dos horas con el acusado, que, además, se desarrolló en el locutorio del centro penitenciario.
Primero dijo Cabrera que coincide con el cuadro de trastornos diagnosticado por el resto de profesionales y aseguró haberse encontrado el día de su vis a vis a un hombre “enfermo, que lloraba y balbuceaba”.
“Fue una entrevista muy difícil”, llegó a explicar, contradiciéndose luego al defender que su versión de los hechos tenía “coherencia”, “claridad” y “armonía”. Un relato muy detallado para haberse dado en las circunstancias inicialmente expuestas por Cabrera, que considera que lo que A.G.D. le refirió es “lo más cercano a la verdad” sobre lo sucedido aquel 14 de marzo de 2022.
Eso también a pesar de que, según el informe del mediático y polifacético sanitario, el acusado no tuviera capacidad ninguna de “querer, obrar y entender” al encontrarse en pleno brote. En la sala hoy matizó Cabrera su impresión actual sobre estos aspectos, señalando que podría aceptar que el entendimiento “estaba menoscabado en ese momento, pero no completamente perdido”.
Durante su testimonio Cabrera intentó sostener la versión de la defensa, acabando incluso cabreado y gritando a la fiscal: “Parece que estamos en el Día de la Marmota”, molesto por sus preguntas.
Violencia de género y salud mental se cruzan
La última pericial del día y del juicio antes de llegar al trámite de conclusiones fue la de violencia de género. En ella se batían directamente dos psicólogos contratados por la acusación y el aristotélico -por su dominio de todas las artes, desde la trayectoria del disparo, hasta la psiquiatría, pasando por lo forense- doctor Cabrera.
Los primeros entienden, basándose en las declaraciones de la hija de Lozano y de sus allegados, que A.G.D. maltrató durante años a su esposa. Que está no denunció por varios motivos, especialmente por miedo a su pareja, a las consecuencias que esta decisión pudiera tener en su núcleo familiar y también a la exposición que le hubiera supuesto ir a juicio, dado que ella misma era funcionaria en el juzgado.
Cuando el hombre supo que su mujer se quería divorciar, según reconoció saber la psiquiatra que le atendía en Algeciras, eso pudo catalizar su reacción, llevándolo a dispararle. “Es un factor de alerta de manual”, señalaron ambos profesionales.
Cabrera trató de rebatirles separando el caso de un delito por odio hacia una mujer, identificándolo como un accidente producto de los “graves problemas mentales” del acusado. No coincidieron los peritos de la acusación, que recalcaron el hecho de que el hombre mantuviera una vida más o menos normal, ejerciendo como policía sin que sus compañeros supieran de su condición y sin aparentemente sufrir episodios que llamaran la atención de nadie externo a la familia.
