CEIP RAMÓN Y CAJAL

La escurridiza verdad: los psicólogos no se ponen de acuerdo en el juicio sobre abusos a menores

La escurridiza verdad: los psicólogos no se ponen de acuerdo en el juicio sobre abusos a menores
Peritos durante el juicio
Peritos durante el juicio

Los test de personalidad del acusado de abusar de dos niñas de 4 años tampoco son concluyentes: “Responde de forma socialmente deseable, quiere aparentar ser mejor de lo que es y eso invalida la prueba”


La vista por el caso de abusos a dos niñas de 4 años presuntamente cometidos por el que fuera su profesor de gimnasia en el CEIP Ramón y Cajal ha afrontado este miércoles su recta final. Tras la declaración por sorpresa del acusado a última hora de este martes, sin esperar a que acabaran los testimonios, han ido desfilando por la sala de vistas los peritos implicados en el caso. Todos contando una misma historia, la de la niña que no quería ir al colegio los lunes porque había una persona mala que le hacía cosas malas y le daba besos. Pero los informes psicológicos encargados por la Instrucción y la defensa llegan a interpretaciones encontradas y, sobre todo, se confiesan incapaces de ofrecer una conclusión que incline la balanza.

El relato

“La niña espontáneamente contaba que le había dado besos, se señalaba la boca y sacaba la lengua, hacía muecas”, ha recordado una de las médicos forenses que le realizó la exploración ginecológica a petición de la Policía Nacional. Una historia muy similar a la que contó posteriormente y a requerimiento de la Policía, la segunda niña víctima de posibles abusos, amiga de la primera y cuyos padres desconocían la denuncia. La segunda niña no llegó a contar el relato con los detalles de la primera, pero sí admitió ante la médico forense que “ tenía un secreto y que se lo había contado a su amiga mayor —haciendo referencia a una agente de CNP— que su profesor de gimnasia le da besos”.

Un relato que la segunda niña no llegó a desarrollar pero que la primera sí volvió a repetir al equipo de psicólogos que la entrevistó en la prueba preconstituida. La niña, explican, tenía capacidad cognitiva y lingüística suficiente para hacer un relato libre y niegan que tenga capacidad para hablar de conceptos sexuales. “Hablaba de tocamientos, besos en la boca. (…) Usaba un lenguaje acorde con su edad. A través de preguntas que son como un juego, vamos detectando su capacidad de lenguaje y nos impresiona que sí, tiene capacidad para ofrecer un relato válido para su desarrollo cognitivo y lingüístico. No usaba un lenguaje o término que chocara por no ser propio de una persona de cuatro años”. Tan solo, ante preguntas muy concretas, la niña mostró rechazo emocional: “Es normal que a una niña pequeña le de vergüenza, bajaba la mirada o decía yo no he hecho nada, pero todo normal en las condiciones en las que estaba”, terció una de las psicólogas.

Ni verdad, ni mentira

Los psicólogos del Instituto Médico Legal de Ceuta admiten, en una respuesta con recorrido filosófico, que no pueden concluir taxativamente si la niña dice o no la verdad. La verdad es una meta inalcanzable salvo si estabas allí para verlo con tus propios ojos. También descartan que sea mentira. “Requiere intencionalidad, la mentira es deliberada, pretende aportar información falsa y hay que tener en cuenta que la niña tiene cuatro años.

Solo queda la “hipótesis intermedia”, que no sea ni verdad ni mentira. Que el relato de la niña pueda estar condicionado o fabricado. Influido por lo que le han dicho o simplemente por haber repetido ya la historia durante los interrogatorios de la policía. Pero, matizan, la niña mantuvo un relato sólido y aparentemente espontáneo, aunque también es cierto que venía de repetirlo varias veces a la abuela, a la madre, al pediatra de Urgencias y a la Policía antes de llegar el turno de los psicólogos. Circunstancias que, confiesan, hacen que tengan dudas al respecto: “No tenemos claro cómo se revelaron los hechos. No es lo mismo que lo haga de manera espontánea a que lo haga de manera directa, que puede generar una falsa memoria o errores de interpretación”.

Dudas de la defensa

Unas dudas muy similares a las que han expresado los autores del informe psicológico encargado por la defensa, aunque en este caso sí se se atreven a extraer una concusión: “No apreciamos que haya un mínimo relato que pueda ser valorado, no sabemos cuál es el origen de la fuente”, valoran, apuntando una endeble credibilidad psicológica y poniendo en duda que presente una sintomatología que pueda ser asociada con los abusos, ni sintomatología depresiva. “Interpretamos que es la información que ha podido dar la madre o la abuela y creemos que esa información no es suficiente ni válida”, han zanjado. “Con todo y con eso no queremos decir que no lo sea, pero no lo podemos concluir”, ha matizado.

Hay información —como el sueño o el estado de ánimo— que al tratarse de una niña de tan corta edad ha de proceder de fuentes secundarias como son la madre o la abuela, así como informes socioeducativos o de servicios sociales, rebatían el equipo de psicólogos de Ceuta a sus colegas de la defensa. Una diferencia de interpretaciones que está en el uso de los términos, qué se entiende que el relato es libre y espontáneo, han admitido desde Ceuta. “Pero con la edad que tiene la niña el relato libre es complicado pero hay un contenido que se puede utilizar y los compañeros (del testimonio de la defensa) creen que no”, han resumido desde Ceuta el debate técnico.

El test imposible del acusado

Tampoco han podido ser concluyentes los test de personalidad realizados al acusado, que hubieron de interrumpir al evidenciarse que respondía a la defensiva, dando “respuestas socialmente deseables”. “Cuando nos sale una impresión positiva alta de este tipo nos invalida para seguir corrigiendo, no puede obtenerse un relato. Se está poniendo mejor de lo que es. Es habitual que la persona se quiera ponerse mejor de lo que es, como en los casos de guardia y custodia, perro imposibilita un retrato psicológico preciso”. ”“Es útil saber que el referenciado responde de forma socialmente deseable, en un contexto civil significa una cosa y en un contexto penal supone otra. Es un deseo de mostrarse bien, pero la exploración psicológica no encuentra patologías de bases”. 

Un perfil fallido del acusado con el que tampoco coincide la psicóloga y criminóloga citada por la defensa. Ella no cree reseñable el efecto disimulatorio, pues aunque los indicadores principales en este sentido apuntan a que busca respuestas socialmente aceptables, los indicadores complementarios lo atenúan, ítems que están en niveles medios. “Está en los márgenes de la normalidad”. El acusado, a su juicio, presenta un perfil psicopatológicamente sano y con un patrón sexual normal y se encuadra en un nivel de riesgo bajo de delito sexual.

¿Cómo interrogar a una niña de 4 años?

Cuesta imaginar cómo afrontar un interrogatorio sobre sucesos tan sórdidos a una niña de cuatro años. Es muy complicado hacer declarar de forma libre y no condicionada a un niño de cuatro años y las limitaciones son muchas. “Somos muy prudentes”, ha reconocido la doctora. Procuran no redundar en sus preguntas y no presionar a la niña para no provocar más posibles traumas de los que pueda tener ya. 

Una prudencia que los psicólogos tienen protocolizada. “Son varias fases, la primera es la fase introductoria, para crear un clima de confianza y que pueda contar lo que se está investigando; la segunda fase es de transición, se pregunta por cosas de su vida, por el cole, por su último cumpleaños. Esto se suele hacer previo a la grabación y establecemos las reglas de la entrevista, las preguntas de verdad o mentira. Y pasamos a la fase sustantiva para que el relato de la menor sea lo menos contaminado, un relato libre, sin preguntas sugeridas. Intentamos sacar qué quién, cómo y dónde. Y por último la fase de cierre, que es intentar que vuelva a un estado emocional positivo después plantear el relato”.

La escurridiza verdad: los psicólogos no se ponen de acuerdo en el juicio sobre abusos a menores