El fiscal pide 29 años para Rambo al entender que pudo matar a la mujer de Tafa Sodia y le dio igual

El fiscal pide 29 años para Rambo al entender que pudo matar a la mujer de Tafa Sodia y le dio igual
El acusado, durante las sesiones de la vista oral.
El acusado, durante las sesiones de la vista oral.

- El jurado, obligado a elegir entre un testigo protegido con dudas y un acusado sin coartada, tendrá cinco días para deliberar

- Fiscalía y acusaciones apuntan que ni el testigo ni la viuda tienen motivos para culpar al acusado y la defensa entiende que no hay pruebas concluyentes contra su patrocinado

- Annuar M. H. defiende su inocencia para cerrar la vista: “Las pruebas hablan por sí solas yo no tengo más nada que decir”


Tras cuatro días de juicio, los magistrados han decidido este jueves, pasadas las 18.00 horas, adelantar un día las conclusiones dando por finiquitada una vista compleja y embarullada que deja al jurado con cinco días por delante, a partir de este viernes 22 de julio, para decidir si Annuar M.H., alias ‘Rambo’ es culpable o no del asesinato premeditado, por la espalda y a bocajarro de Tafa Sodia. Una decisión para la que fundamentalmente tienen dos factores que pueden inclinar la balanza a uno u otro lado: las dudas del testigo protegido, que tras mucho insistirle la defensa terminó dudando de la certeza de su identificación; y la débil coartada del acusado que cambió varias veces su declaración sobre dónde se encontraba y con quien en el momento de los hechos, sin que en ningún momento, como subrayó el Ministerio Fiscal y la acusación particular, resultara convincente.

Una elección que a juicio de la Fiscal resulta sencilla. El acusado es culpable, no sólo del asesinato premeditado de Tafa Sodia y de tenencia ilícita de armas, delitos de los que le acusó al inicio del juicio y por los que pedía 22 años, sino también por el homicidio en grado de tentativa de la mujer de la víctima, que le acompañaba cogida del brazo, lo que tanto para la acusación particular como para la fiscal supone ‘dolo eventual’, esto es, pudo haberla matado también a ella al tirotear desde menos de medio metro a su marido y no le importó.

También la acusación particular, en representación de Rachida Abselam, cambió su informe rebajando en cinco años su petición inicial por el homicidio en grado de tentativa por el que ahora pide diez años de cárcel y no quince.

Los testimonios coinciden

“Para mí está muy claro y es muy sencillo”, explicó la fiscal en sus conclusiones ante el jurado, utilizando en todo momento un tono sencillo y coloquial, casi didáctico. Está probada la intención de matar, atacando por la espalda y a quemarropa, disparando hasta siete veces, dos en la cabeza a menos de 50 centímetros, para luego ser rematado por un segundo individuo (en busca y captura desde entonces).

Escenario que corroboraron, por separado, los testimonos del testigo protegido, de la esposa de Tafa Sodia, que lo vio en primera persona, e incluso de las cámaras de videovigilancia de una tienda de maletas cercana, en la que es casi imposible identificar a los autores, a quienes se ve huyendo, pero cuyas imágenes coinciden con el relato de la viuda y del testigo protegido.

Las dudas del testigo protegido

Un testigo protegido que es uno de los dos factores clave en las deliberaciones del jurado. Bien lo sabía la Fiscal que centró en su testimonio y en el de la mujer de Tafa Sodia buena parte de sus argumentos. “El testigo protegido no tienen ningún interés en la causa”, subrayó, “vio a Annuar y lo identificó justo después de ocurrir los hechos, sería mucha casualidad que se lo inventara y luego su relato coincidiera con la realidad que captaron las cámaras”, apuntó, recordando que, además, su versión coincide punto por punto con la de Rachida Abselam y que el testigo protegido volvió a corroborar en comisaría, pocas horas después, en dos ruedas de reconocimiento consecutivas y no tuvo ninguna duda tampoco al identificarlo en las fotografías. “Dio un brinco y le cambio la cara cuando le enseñaron su foto”, recordó la acusación particular. Si dudó, razonó la fiscal, fue por miedo, un miedo natural que todos tendrían en su caso, insistió poco después la acusación particular.

Un razonamiento lógico que aplicó también al testimonio de la viuda de Tafa Sodia, contundente y sin dudas. “¿Por qué iba a mentir Rachida?”, preguntó el Ministerio Fiscal, “creen que tiene algún interés en que se condene a quien no es y que el asesino de su marido siga libre? Yo no lo creo”, zanjó Fiscalía con una lógica abrumadora.

Un argumentario que cerró con un aviso: no se dejen llevar por el principio de in dubio pro reo, esto es, en caso de duda razonable prevalece el derecho del acusado. “Pero digo duda razonable”, recalcó Fiscalía. “Sólo estarían cien por cien seguros si hubiesen estado allí, tiene que ser una duda de peso”.

También la acusación particular defendió la validez del testimonio del testigo protegido, recordando que si vaciló en su declaración ante el jurado fue simplemente por miedo y restó importancia a las discordancias entre el lugar en el que dijo estar ubicado y en el que lo sitúa la policía, atendiendo uno de los puestos de turroneros. “Se está cubriendo las espaldas”, explicó al jurado en sus conclusiones finales interpretando que el testigo protegido estaba realmente donde lo ubica la policía, seguramente trabajando sin contrato para los turroneros y “no quiere más complicaciones”. Y si dudó, argumentó la abogada de la acusación particular, es porque el acusado, en una estrategia para desconcertar a los testigos, “ha cambiado su apariencia”, aseguró, leyendo el atestado policial en el que se le describe como “muy delgado, con pómulos hundidos, pelo corto y barba desarreglada”, cuando el Annuar que se presentó ante el jurado tiene el pelo gordo, ha cogido peso y ya no luce barba alguna.

La coartada de Rambo

Y si el testimonio del testigo protegido dejó dudas flotando en el aire, no fue menos la coartada del acusado, que cambió en varias ocasiones, ofreciendo horas diferentes de entrada y salida de casa, con nombres diferentes como testigos de su coartada, nombres de los que finalmente no citó a ninguno. Sólo a un amigo, su hermano y su esposa. A ninguno de los dos primeros mencionó en sus primeras declaraciones ni tampoco corroboraron los testigos de la defensa. Pero sobre todo, subrayó la acusación particular, sorprende el hecho de que en ningún momento ofreciera resistencia, “es como si nos estuviera esperando”, relató la policía. “Si a ustedes les acusaran de un crimen que no han cometido no habrían tratado de probar cada minuto de lo que hizo ese día”?, interpeló la acusación al jurado.

“Ustedes tienen que separar las dudas fundamentales de las superficiales”, recomendó uno de los abogados de la acusación particular, advirtiendo al jurado que la defensa sólo trataría de sembrar la duda en sus deliberaciones.

Pruebas no concluyentes

Pero contra todo pronóstico, la Defensa no ahondó en las contradicciones del testigo protegido ni defendió la moral de su patrocinado. “Nunca hemos ocultado sus peculiaridades ni su trayectoria, pero no se le juzga por cómo ha vivido sino si estaba o no en el lugar de los hechos”, matizó la defensa que prefirió centrarse en dos factores: la ausencia de pruebas concluyentes y los defectos del proceso. “Abran el sumario a la suerte y alguien con conocimientos jurídicos encontrará una irregularidad”, planteó con su peculiar castellano este abogado griego de dilatada experiencia y una paciencia infinita para llevar a cabo los interrogatorios.

Pero para la defensa la mejor prueba de la no culpabilidad de su patrocinado es la ausencia de pruebas, al menos de pruebas concluyentes. “Sólo tenían una prueba y no es concluyente”, destacó en alusión al testigo protegido recomendando al jurado que obrara con honestidad y no tuviesen en cuenta “algunas cosas que han sucedido en este juicio al límite de la buena fe”, insistió enigmático.

Era casi el punto y final a la vista. Sólo faltaba las conclusiones del acusado. Annuar, ‘Rambo’ en las calles, se negó en un principio pero terminó subiendo al estrado, se sentó y se dirigió al jurado con un discurso sencillo de dos frases bien aprendido: “Señoras y señores, entré inocente en esta sala y saldré inocente; las pruebas hablan por sí solas, no tengo más nada que decir. Y ya está y disculpen, señoras y señores”.

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