JUICIO AL EX DOCENTE DE AGUSTINOS

Los testigos cierran filas en defensa del ex profesor de Agustinos: “Es como si fuera de la familia”

Los testigos cierran filas en defensa del ex profesor de Agustinos: “Es como si fuera de la familia”
Uno de los testigos del juicio contra el ex docente de Agustinos
Uno de los testigos del juicio contra el ex docente de Agustinos

Los testimonios del círculo de alumnos íntimos del ex docente coinciden, cortados por el mismo patrón, y niegan que su relación con el acusado fuera de índole sexual, solo de amistad


La segunda jornada de la vista oral del juicio contra el ex docente del Colegio San Agustín, acusado de seis delitos relacionados con la corrupción de menores, arrancó este martes pasadas las 11.00 horas en la Audiencia Provincial. En la agenda del día una segunda tanda de testigos que, como hicieran en el arranque del juicio todos los testigos salvo uno, el denunciante, cerraron filas con el acusado al que defienden negando que en su relación hubiera segundas intenciones de índole sexual: “Es como si fuera de la familia”.

El primero de los testigos (la gran mayoría citados tanto por la acusación como por la defensa), como el resto menor de edad y ex alumno del Colegio San Agustín en el momento de los hechos, se adhirió al discurso de parte de los testimonios de la primera jornada, amigos en su día del círculo íntimo del acusado. “Para mí es como si fuera un amigo”, insistió el testigo 6. Él, como los que en el primer día apuntalaron la actitud intachable del acusado, negó que le hiciera regalos o si lo hizo eran de poca importancia, si acaso un bañador o unos calzoncillos. Negó también que el acusado le pidiera fotos y si se hicieron masajes, “fue mutuo”. Si se hablaban de forma especialmente cariñosa era solo porque les unía y les une una estrecha amistad. Y si le enviaban fotos o se las hacía era por su propia voluntad o interés, nunca coaccionados o convencidos por el acusado. Es más, si las fotos se hacían con el móvil del acusado era porque ellos cogían prestado el dispositivo. “Nunca me hizo fotos. O me las hice yo o le quité yo el teléfono y me las hice. En el instituto no tenía teléfono y si quieres hacerte una fotito o algo coges el teléfono y te las pasas a ti mismo”, argumentó uno de los testimonios. 

¿Es normal que intercambie mensajes con un profesor del tenor de “te quiero”, “te echo de menos”…?, preguntaba la fiscal. “Sí, es el lenguaje que tenemos entre los amigos”, insistió en la tónica de sus compañeros pese a que la Fiscalía le recordó una de sus conversaciones con el ex docente: “En el mensaje usted dice ’las chicas se pelean por mi’ y él le respondía ‘que no se acerquen mucho que me pongo celoso’, con emoticones de besos. ¿Es esto normal?”, planteaba la fiscal. “Yo lo veo normal con mis amigos”, se mantenía en sus trece el testigo. “Tenía usted 14 años, ¿esto lo hacía con todas las personas?”, percutía la fiscal, en una conversación que ha venido repitiendo con varios de los testigos, que defienden que esa forma, inusualmente cariñosa, era normal entre ellos.

Misma senda que siguieron los siguientes testigos de la mañana, con testimonios muy similares entre sí. Todos alumnos del acusado en al menos dos cursos, en los que impartía Educación Física y Naturales y todos menores de edad en el momento de los hechos. Todos lo consideran un amigo, “casi un familiar”, “casi como mi segundo padre”. Todos niegan coacciones, niegan que se hayan sentido incómodos o que en alguna ocasión el acusado haya traspasado ninguna línea roja y niegan que las fotos no sea normales, aunque fuera su profesor y la foto fuera un primerísimo plano del bañador mojado.

“También mi padre coincidió en su clase y me había hablado él”, explicaba uno de ellos. Su relación también era solo de amistad: “Al principio la relación era profesor-alumno, una vez que nos fuimos conociendo más fue cuando esa relación era ya más de amistad. Cuando dejó de ser mi profesor esa relación era ya de amistad”, explicaba otro. Como en el caso del testigo 6, nunca recibió regalos pero sí le enviaba fotos, alguna con unos calzoncillos que el propio acusado acababa de regalarle. “¿Me los pruebo?”, se puede leer en una conversación de WhatsApp que el testigo mantuvo con el acusado. “Yo te diré si te quedan top”, le respondía el acusado.

Conversaciones íntimas que comparten buena parte de los testigos con el acusado, al que hacían confidencias. Algo que, insisten todos los testigos salvo uno, era perfectamente normal, al menos para ellos. “¿Mantuvo conversaciones (con el acusado) sobre cómo sobre se masturbaba, cómo se hacía pajillas, como dice en el mensaje?”, inquirió la fiscal. Si, respondió con normalidad el testigo. “¿Le parece normal que una persona de trece años le cuente a su profesor que se hace pajillas?”, insistía la fiscal: “Yo no lo veía como un profesor, lo veía como veo a mi familia. Como se lo puedo contar a mi hermano o un primo”.

Explicaciones que no terminaron de convencer a la fiscal —tampoco al Tribunal, escamado con tanto testimonio similar—, como tampoco parecía convencida la Fiscalía con las explicaciones de los testigos sobre quién era el autor de las fotos y de quién era la idea. Todos insistieron en que las fotos se las hacían ellos mismo o a su petición. La fiscal sí logró sacar los colores a algunos de los testigos mostrando fotografías en calzoncillos y videos. Muchos de ellos realizados en el domicilio del acusado, en los que se cuestionaba su respuesta. Alguno, incluso, en los que se podría escuchar al testigo de turno diciendo al acusado que no quería “ese tipo de fotos”. A qué tipo de fotos se refería, quiso saber la fiscal. No hubo manera que precisara: “Si yo quiero mandar lo mando si no quiero, no”. zanjó el testigo. Cuando envió la foto en calzoncillos a su profesor tenía 16 años. 

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