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“Los niños no son marroquíes ni españoles, son niños”.

Javier Sakona | 17 de enero de 2020

Agenda Cultural de CCOO
Agenda Cultural de CCOO

La Agenda Cultural de CCOO reúne en el salón de actos del Campus Universitario a tres voces diferentes para abordar la situación de los menores extranjeros no acompañados y recordar algo que debería ser obvio, que “los niños no son marroquíes ni españoles, son niños”.

En un contexto social y político en el que lo menores migrantes no acompañados por sus padres (reducidos habitualmente al acrónimo MENA a modo de sustantivo despectivo) son señalados como delincuentes e indeseables, convertidos en un problema a quitarse de encima, el espacio de debate de la Agenda Cultural de Comisiones Obreras supone un pequeño oasis de empatía.

El sindicato reunió este viernes en el salón de actos del Campus Universitario a tres voces muy distintas para analizar la encrucijada en la que viven cada día los mejores migrantes. José Palazón, fundador de PRODEIN, en Melilla, Julio Rodríguez, Director del centro de menores “La Esperanza” y Javier Romo, periodista. Tres miradas muy diferentes, la del activista que no se muerde la lengua, la mirada de esa parte la administración implicada en el día a día y la mirada aérea del periodista. Tres miradas diferentes, que chocaron en más de una ocasión en sus planteamientos pero que coincidían al menos en uno básico que puede condensarse en una de las frases de Palazón: “Los niños no son marroquíes ni españoles, son niños”.

Para Palazón, melillense, acostumbrado a comparar a ambas ciudades autónomas y buen conocedor de ambas, le sorprende el giro hacia el discurso de la ultraderecha del presidente de Ceuta, Juan Vivas, al que tenia por más moderado, “con otra forma de decir las cosas”, a diferencia de Juan José Imbroda o del que fuera consejero melillense de Servicios Sociales, Daniel Ventura, que iba más allá del despectivo ‘MENA’ para calificar a los niños de “inmigrantes precoces” “Hablamos de niños de hasta ocho años que están en la calle”, se indigna Palazón, que no duda en señalar el cinismo de Vivas e Imbroda, que han gobernado durante veinte años al calor del contrabando del porteo con Marruecos y ahora señalan a los menores como los culpables de la crisis de las ciudades autónomas. “Seiscientos menores no tienen la culpa de la ruina de la ciudad”, zanja.

José Palazón

Mil menores en 2019

El director del Centro de Menores de La Esperanza rebaja la cifra a 451, 80 de ellos alojados en iglús prefabricados. No habla de avalancha pero sí de un fuerte incremento de las llegadas, 170 solo en el mes de diciembre, lo que sumaron 980 nuevos niños acogidos a lo largo de 2019. “Cada día hay más”, resume. Rodríguez también se suma la denuncia de la estigmatización de los menores, azuzada desde algunos medios de comunicación, poniendo el foco en los delitos de los menores extranjeros no acompañados. “Nunca se habla de los apedreamientos que sufrimos nosotros”, lamentaba, ante el asentimiento de Javier Romo.

Lo que no acepta Rodríguez son las insinuaciones de mal trato o humillaciones a los chavales y del rechazo institucional sistemático que provoca que terminen prefiriendo sobrevivir en situación de calle. “Sé que aquí los rapáis”, señalaba Palazón, ante la negativa del responsable del centro que sí reconoció una ocasión en la que los chavales habían sido interceptados en una redada en los barracones del Sardinero, cuyas condiciones eran lamentables.  

La edad de los menores acogidos también supone un handicap, apunta el director de La Esperanza. Ocho de cada diez tiene más de 16 años y la mitad de ellos tienen ya cumplidos los 17, una edad en las que casi imposible su escolarización reglada y se opta por una FP básica, aunque tampoco es fácil. Este curso, por fin, tras varios años de promesas, hay dos aulas para ellos, pero solo alcanzan para escolarizar a 40. “¿Nadie nos puede dejar un aula para estos chicos?”, se preguntaba el director de La Esperanza, aprovechando para lamentar que los cursos de FP básica que se les ofrecen no están precisamente adaptados a ellos, Comercio y Auxiliar informático, a diferencia de años anteriores en los que se impartía hostelería y mecánica, más acorde con su perfil. 

Los menores no son el problema

Pero el verdadero problema de Ceuta y Melilla es el espacio y la capacidad para asumir la acogida. “Hay que hacerse cargo de menores desde hace veinte años”, recuerda Palazón, “si en veinte años, no has sido capaz de crear unas instituciones que velen por los menores que llegan...”. El activista recuerda además que, a diferencia de los CETI, no hay una alternativa de salida en los centros de menores, donde hay un flujo de salida similar al de entrada. Ceuta y Melilla son dos vasos a punto de colmarse. “Pero tenemos políticos que en veinte años no se han preocupado de eso”. “En Ceuta tienen capacidad para 300 y hay 600, en Melilla tenemos mil, ¿es culpa de los menores? No, la culpa es del que gestiona eso”, pero sigo diciendo que 600 menores no son tantos como para acabar con la economía de Ceuta”. 

El problema es el contrabando

Vivas e Imbroda han basado durante dos décadas su economía en el porteo, esto es, en el contrabando, denuncia el activista melillense, “una actividad que fomenta la corrupción”, amparada por un país tradicionalmente corrupto como Marruecos y a costa del trabajo de mujeres “en condición de esclavitud”, recuerda, preguntándose qué hay de malo en que Marruecos quiera ahora acabar con el contrabando.

Para Palazón el único responsable del problema es la Administración que no ha sabido gestionar una situación que viene viviéndose durante más de 20 años. “Hay un responsables políticos que deberían haber velado por Ceuta desde hace mucho tiempo, llevan veinte años gobernando las dos ciudades, creando una economía basada en el comercio atípico, algo en lo que no se puede basar una economía”, reflexiona, “todo eso se está acabando, se dice que Marruecos quiere cerrar la economía de Melilla, lo que pienso es que Marruecos quiere acabar con el contrabando y que por primera vez, un país bastante corrupto quiera acabar precisamente con el contrabando, no me parece mal”.

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