Inmaculada Pilar Gracia

Como siempre la realidad va por delante del diccionario, y una palabra que no existe para la Real Academia de la Lengua, se convierte en una de las mas usadas, incluso en el lenguaje común. Así a la vista de los números y de la evolución, podemos decir que nuestra ciudad está “minadita” de enfermos de COVID asintomáticos, es decir de personas que dan positivo en una prueba del virus pero no tiene el más mínimo síntoma, por lo que hasta que averiguan que son positivos, siéndolo previamente durante X días antes, pueden ir contagiando a todo con el que, de una manera u otra, se relacionen: familia, amigos, compañeros de trabajo, etc…

Esa es la razón de que sea fundamental para evitar la extensión de la pandemia en nuestra ciudad, y que eventualmente se colapse el Hospital Universitario, que TODOS cumplamos las normas básicas anticovid: distancia social, lavado de manos con jabón o hidrogel alcohólico frecuente y uso de mascarilla. No se si saben que contamos con entre 13 a 18 camas de UCI con respirador, que aun estando dentro de la media del país, imaginen que pasaría si “cambiaran” los efectos del virus (parece ser que muta con frecuencia) y la sintomatología fuera más virulenta, ¿Qué hacemos con 13 camas para 85.000 habitantes?

Sinceramente creo que se equivocaron en no mostrar hasta la saciedad toda la crudeza del horror de las consecuencias de la COVID en España y el mundo, porque nos hubiéramos sensibilizado mucho mas y ahora seríamos más responsables. El miedo, en estas situaciones, dentro de unos límites, conserva, ir de “sobrao” puede causarte graves lesiones o matarte, a ti y/o a tus seres queridos. Sin un medicamento claramente eficaz contra el virus, sin vacuna y con un sistema sanitario en nuestro país que se ha mostrado no tan maravilloso como pensábamos, la mejor medicina es la responsabilidad. No hay más.

Cuando se conoce que la inmensa mayoría de los rebrotes en Ceuta tienen su origen en reuniones de índole familiar, no puedo evitar pensar que hay personas que no solo son asintomáticas al virus sino también al sentido común, que como decía Voltaire es en realidad el menos común de los sentidos. Pero desgraciadamente la “asintomatología” al sentido común también la padecen, desgraciadamente para todos, las autoridades civiles y religiosas al autorizar la celebración de las Comuniones, en las que sin duda se producirán grandes concentraciones de gente en lo que quiero pensar que es el momento más álgido de contagios en nuestra ciudad. Los niños españoles han dado muestras de una gran responsabilidad y comprensión a su nivel, seguro entenderían que este año no hubiera comuniones. Espero equivocarme totalmente, pero me temo que ésta incompresible e insensata decisión de las autoridades civiles y religiosas locales nos va a pasar una cara factura.

Si la ciudadanía no cumple las normas preventivas anticovid quizás sería necesario un mayor control de ese cumplimiento, una mayor presencia de la autoridad en la calle, playas, locales de ocio, celebraciones o cualquier tipo de concentración de personas. Lo que no es de recibo, por ejemplo, es que la cola de control de documentos y equipaje entre las dos y tres de la tarde de un viernes sea un hervidero y que ninguna autoridad allí presente haga nada para que se guarde la debida distancia, o que haya un policía portuario abajo frente a la escalera aburriéndose, mientras los viajeros se apiñan arriba. De lo que deduzco que no se trata solo de “falta de recursos” sino también de falta de “luces” en quien da las órdenes y en los políticos que en última instancia son los responsables de diseñar la lucha contra este bicho maldito.

Si fuimos un ejemplo, en cuanto a la evolución de la pandemia, para el resto del país durante el estado de alarma y los primeros meses después, nada nos impide volver a serlo. Seamos “sintomáticos al sentido común”, protejámonos, hagámoslo por nosotros mismos y por las personas a las que queremos. Seamos responsables, a todos los niveles, porque hoy por hoy esa es la mejor medicina.