Ultimamente, la verdad, no tengo mucho tiempo para leer. Miento: no tengo ganas de leer. Yo concibo la lectura como algo sagrado y necesario, pero también como un elemento para evadirme de todo cuanto me rodea. Por tanto, como un disfrute. Y algo que proporciona placer no puede ser, jamás, desgastado por el uso y la rutina del día a día. Las cosas verdaderamente placenteras, para el cuerpo o el alma, no pueden reducirse a la aburrida cotidianidad del cepillado de dientes o perder dos minutos cepillo en ristre frente al espejo.

Ahora mismo, estoy releyendo Tuareg, del maestro Vázquez Figueroa. Qué no será el canario un autor de los que más mole a la sesuda intelectualidad, pero tiene la facultad de meter al lector en el libro, de una manera rayana en lo cinematográfico. Bueno: a mi me gusta y punto. Como también me gustó El Código Da Vinci. ¿Algún problema?.

En los libros, y en el buen cine, encontramos citas y hechos que muchas veces nos asaltan en el día a día. "Si esto me recuerda al libro aquel", "esto es como aquella película"...

Ultimamente, no se por qué, se me vienen a la memoria unos cuantos libros. Archipielago Gulag, Que el cielo la juzgue o uno de los mejores que he leido, 1984. Que trata de un régimen de pensamiento único, capaz de modificarse sobre la marcha a cada minuto, de manera que quien era ayer el enemigo hoy es el aliado y viceversa. Y que nadie proteste: aquel que desafíe la mirada omnipresente del Gran Hermano será, si o si, condenado al peor de los tormentos.

Del libro del gran Orwell, escrito hace más de cincuenta años, me llama la atención un grupúsculo: la Policía del Pensamiento. Es decir: una serie de valientes y aguerridos agentes dispuestos a arrestar/ajusticiar a todos aquellos que no piensen según los postulados del Gran Hermano, expresados a traves del Ministerio de la Paz y el Amor. La Policía del Pensamiento, además, buscaba infiltrar un traidor en cada familia y acabar no sólo con aquellos que se atrevieran a pensar por si solos, sino con la gente que les rodea no fuera a ser que se intoxicaran. Y estaban prohibidos los libros de historia: nada existió antes del Gran [email protected]

Valores hechos ministerios, gente defenestrada junto a sus cónyuges sólo por pensar distinto, un Gran Hermano (o hermana, nunca se sabe) siempre presente... No se por que, pero últimamente me estoy acordando mucho de este libro.