Un año de Pérez Triano: el PSOE de Ceuta y el espejo que no quieren mirar

Los cargos públicos y orgánicos del PSOE de Ceuta firman su compromiso ético en Daoiz

Jose Antonio Carbonell Buzzian

Los problemas del socialismo ceutí no los resolverá ningún secretario general mientras el partido evite mirarse al interior con honestidad.

Hay partidos que cambian de líder como quien cambia de escaparate: mueven el maniquí, reordenan los colores, añaden algún cartel nuevo, pero el establecimiento sigue siendo el mismo. El PSOE de Ceuta lleva varios años practicando ese ejercicio con una fidelidad casi artística. El último movimiento se consumó en febrero de 2025, cuando Miguel Ángel Pérez Triano fue elegido secretario general sin oposición interna ni candidatura alternativa, tras la salida forzada de Juan Gutiérrez. Un año después, los datos invitan a la reflexión. Y la reflexión no es amable.

El relato del renacimiento choca con la aritmética

Pérez Triano calificó 2025 como el año del «renacer» del PSOE de Ceuta, asegurando que el partido había recuperado fuerza interna y presencia en la calle tras meses de inacción política. Las palabras son las mismas que se pronuncian en cada congreso, en cada relevo, en cada punto de partida que en realidad no parte de ningún sitio nuevo.

La aritmética cuenta otra historia. El PSOE fue el segundo partido más votado en las elecciones autonómicas de 2023, logrando 6 escaños en la Asamblea. Hoy conserva tres. En mayo de 2024, el partido expulsó a Navil Rahal y a Fidda Mustafa, quienes conservaron su escaño y pasaron a ser diputados no adscritos, tras romper la disciplina de voto al posicionarse a favor de una modificación de crédito propuesta por el PP. Y a ellos se sumó, en mayo de 2025, Hikma Mohamed, que presentó su renuncia ante la Mesa Rectora de la Asamblea para pasar a ser diputada no adscrita, sin que nadie en el partido hubiera recibido aviso previo alguno.

La salida de Mohamed situó al grupo de diputados no adscritos como el segundo en número de escaños de la Asamblea de Ceuta, igualando al PSOE y solo por detrás del PP. Es decir: el partido que debería ser la oposición principal empata en representación parlamentaria con un grupo informe de descolgados sin proyecto compartido. Eso no es una crisis coyuntural. Es una hemorragia estructural.

La conferencia política que siempre está a punto de llegar

El secretario general anunció que el partido tenía previsto organizar una conferencia política que marcaría el rumbo estratégico del PSOE ceutí, estimando que se celebraría quizás a principios del primer trimestre de 2026. Estamos ya en el último día de marzo de 2026, y esa conferencia sigue sin celebrarse, al menos sin eco público constatable. El proyecto político de cara a 2027 continúa siendo un horizonte, no un mapa.

Triano advirtió que no queda tanto tiempo y que hay que trabajar ya. Tiene razón. El problema es que esa urgencia se enuncia, pero los hechos verificables actos, documentos, propuestas articuladas no acompañan al ritmo que las elecciones a la Asamblea de la Ciudad Autónoma exigen.

Una oposición sin alternativa real

En el plano institucional, el PSOE ha incrementado su activismo retórico. Votó en contra de los Presupuestos Generales de la Ciudad para 2026, calificándolos de «continuistas» y basados en «un modelo agotado». Es un gesto correcto, pero conviene contextualizar: el PSOE había apoyado los presupuestos de la Ciudad en los años anteriores, y el voto en contra de 2026 se produjo también porque, por primera vez desde finales de 2020, el PP podía encontrar los apoyos necesarios para sus cuentas sin necesitar al grupo socialista. El coraje de la oposición es más sencillo cuando ya no te necesitan para gobernar.

Pérez Triano ha acusado al Ejecutivo local de «falta de planificación» y de «improvisar durante años sin un modelo de ciudad claro». Son críticas legítimas y documentables, pero el PSOE ceutí carece por ahora de la autoridad moral y la consistencia programática para encarnar esa alternativa de forma creíble. La denuncia de la inercia ajena es insuficiente cuando la propia casa acumula fracturas sin explicar y renovaciones sin renovarse.

La militancia invisible: cargos que ocupan espacio sin ocupar función

Hay otro elemento que el PSOE de Ceuta no puede seguir eludiendo si aspira a ser tomado en serio antes de 2027: la acumulación silenciosa de cuadros que ocupan posiciones de responsabilidad dentro de la organización sin que su actividad sea perceptible ni hacia adentro ni hacia afuera. Personas con cargos en la ejecutiva local, en comisiones, en órganos sectoriales, cuya presencia se reduce a figurar en una lista y a aparecer en la foto del congreso cada cierto número de años.

Esa militancia invisible no es inocua. Es costosa. Ocupa el espacio que necesitan quienes sí tienen energía, ideas y voluntad de trabajar. Genera una cultura organizativa donde la lealtad al aparato vale más que la capacidad de generar impacto. Y envía a la ciudadanía el mensaje más dañino posible para un partido de oposición: que sus propias estructuras internas reproducen exactamente el mismo modelo de inercia, de cargo vitalicio y de nula rendición de cuentas que denuncia en el gobierno de Juan Vivas.

Una renovación real no consiste en cambiar el nombre en el despacho de secretario general. Consiste en aplicar el mismo rasero que se exige al PP: quienes no trabajan, no deben estar. Quienes no aportan, deben dejar paso. No como sanción, sino como exigencia mínima de seriedad política. Si el PSOE de Ceuta no es capaz de hacer esa limpieza interna antes de la campaña de 2027, llegará a las urnas con el mismo lastre de siempre, aunque con cartelería nueva.

El problema verdadero: no es el secretario general

Aquí radica el nudo que ningún cambio de liderazgo va a desatar por sí solo. Pérez Triano llegó a la secretaría general como pura cantera socialista, con un arduo trabajo de reconstrucción por delante, y con el mismo círculo de cuadros orgánicos que ya habían tenido responsabilidades anteriores. Algunos comentarios en el entorno político local alertaban de que si Triano volvía a recurrir a los mismos perfiles, sin abrir la puerta a aire fresco, el partido tenía muy difícil recuperarse.

El PSOE de Ceuta padece un problema de identidad antes que de liderazgo. No sabe bien a quién representa en una ciudad donde la fractura social, económica y comunitaria es profunda y específica. Uno de cada cuatro ceutíes en edad de trabajar está en paro, y más de la mitad de las personas desempleadas son mujeres. Esos datos exigen mucho más que declaraciones de intenciones o enmiendas presupuestarias rechazadas. Exigen una propuesta construida desde abajo, con la ciudad real, no con los rituales orgánicos del partido.

Además, la salida de Hikma Mohamed estuvo acompañada de acusaciones graves sobre comentarios internos que sugerían que en el PSOE había quienes decían no necesitar el voto de los ciudadanos de origen marroquí, lo que obligó al propio Triano a pronunciarse públicamente contra el racismo dentro de su formación. Si hay que desmentir el racismo dentro del partido que aspira a gobernar la ciudad más diversa del territorio nacional, el problema no es de estrategia electoral. Es de proyecto político en sus cimientos.

Conclusión: el cambio que no cambia

Ceuta necesita una oposición real. No una que vote en contra de los presupuestos cuando ya no la necesitan para aprobarse, ni una que anuncie conferencias políticas que no llegan, ni una que pierda la mitad de su grupo parlamentario en dos años y lo llame «renovación». El PSOE podría ser esa alternativa: tiene historia, estructura y, en teoría, valores que encajan con las necesidades de una ciudad con más del 40% de su población bajo el umbral de la pobreza.

Pero para serlo, necesita antes mirarse al espejo sin maquillaje. Resolver las fracturas internas no con expedientes disciplinarios, sino con política y proyecto. Abrir la organización a quienes no proceden del mismo vivero de siempre. Hacer la limpieza que lleva años aplazando: apartar a quienes ocupan sillas sin mover sillas, a quienes cobran presencia sin dar presencia. Y construir, por fin, una hoja de ruta que no sea solo el negativo fotográfico de lo que critica al PP.

Pérez Triano tiene la oportunidad. Tiene también el tiempo limitado. Y tiene, sobre todo, la responsabilidad de no repetir el error de sus predecesores: confundir la ocupación del cargo con el ejercicio de la oposición.