José Antonio Carbonell Buzzian
En Ceuta, cada corte de poda mal ejecutado revela más sobre la calidad de la gobernanza que sobre las necesidades del arbolado. La reciente denuncia de DAUBMA, que señala podas agresivas y retiradas de ejemplares sin informes técnicos accesibles, no es un mero reproche ambiental: es un espejo que refleja la deriva de una administración que actúa en la penumbra, lejos del escrutinio ciudadano.
La elegancia de la gestión pública radica en su transparencia, no en la opacidad de sus decisiones. Cuando se mutilan naranjos en plena brotación o se arrancan árboles sin justificación documentada, lo que se erosiona no son solo las raíces urbanas, sino la legitimidad de quienes ostentan el poder. Los responsables políticos, en lugar de improvisar con la motosierra como solución universal, deberían recordar que su mandato exige rendición de cuentas, no excusas tardías.
La vía legal: un arsenal para exigir responsabilidades
La ciudadanía no está desarmada ante estas prácticas. La Ley 19/2013 de Transparencia obliga a la Administración a entregar los informes técnicos solicitados, bajo pena de recurso contencioso-administrativo que puede derivar en anulación de actuaciones irregulares.De igual modo, la Ley 27/2006 de Acceso a la Información Ambiental permite reclamar documentación detallada sobre impactos en el patrimonio verde, con sanciones por incumplimiento que van desde multas hasta responsabilidad patrimonial.
La Ordenanza Municipal de Zonas Verdes de Ceuta impone aún más rigor: exige autorización previa y criterio técnico para toda tala o poda severa, convirtiendo cada omisión en presunción de ilegalidad. Quien desee actuar puede presentar denuncia formal ante la Consejería de Medio Ambiente, escalar al Defensor del Pueblo o incluso impulsar una moción de censura política en la Asamblea, exigiendo la dimisión del responsable directo sea concejal o técnico por prevaricación administrativa o negligencia grave.
Un llamado a la dimisión: el precio de la improvisación
Los políticos ceutíes han convertido el arbolado en metáfora de su gestión: podado hasta la irreconocibilidad, sin plan ni visión. No bastan comunicados evasivos; urge la dimisión del responsable de estas "mala praxis", como califica DAUBMA, para restaurar la confianza en una ciudad que clama por sombra y por gobernantes a la altura de sus árboles.
Ceuta merece líderes que planten futuro, no que lo cercenen. La rendición de cuentas no es opción: es imperativo democrático.