Gaza es un niño que aún sonríe sin saber que mañana no tendrá paredes, ni escuela, ni cielo sin humo
Gaza es un médico que opera sin anestesia y luego sale a llorar al pasillo en silencio para que nadie pierda la esperanza
Hoy no estoy aquí como portavoz. Estoy aquí como persona, como alguien que no puede mirar otro lado sin sentirse cómplice. Yo no he llorado bajo una bomba, pero he visto a madres abrazar a sus hijos envueltos en polvo. Y desde ese día el ruido del mundo ya no me suena igual.
Gaza no es un titular, no es una cifra. Gaza es un padre que escribe el nombre de su hija en la mano por si nadie queda para reconocerla después.
Gaza es un niño que aún sonríe sin saber que mañana no tendrá paredes, ni escuela, ni cielo sin humo.
Gaza es un médico que opera sin anestesia y luego sale a llorar al pasillo en silencio para que nadie pierda la esperanza. Y nosotros lo vemos todo en HD, en tiempo real.
España habla de paz, pero no ha cerrado sus muelles. Reconoce a Palestina, pero no detiene los contratos con quien la borra del mapa
Y aún así hay quien tiene el valor de llamarlo conflicto. No es conflicto, no es guerra. Es una vida aplastada por otra que vale más en los despachos y duele aún más cuando tu propio país te obliga a hacerte preguntas incómodas.
España habla de paz, pero no ha cerrado sus muelles. Reconoce a Palestina, pero no detiene los contratos con quien la borra del mapa. Y aquí, en esta misma costa, han pasado barcos que llevan el combustible del mismo fuego que luego quema hospitales, casas, escuelas, cuerpos pequeños que apenas han vivido.
Eso no es política exterior. Eso es un nudo en la garganta de cualquiera que aún conserve el alma.
Yo no odio a nadie. La rabia no me trajo aquí. Me trajo el amor por la gente que conozco; por la gente que no conozco, pero me duele como familia. Porque cuando un niño muere sin explicación, la humanidad entera se queda sin coartada.
Hasta aquí el silencio rentable. Hasta aquí el dolor que no cabe en un telediario. Que Palestina no necesita caridad. Que necesita justicia. Que no necesita lágrimas. Que necesita límites al verdugo. Y que no pide privilegios. Que pide el derecho más sencillo del planeta. Vivir.
Porque cuando un pueblo es destruido en directo, no existen espectadores y no existen. No estamos aquí para repetir consignas. Estamos para recordar algo básico que nos quieren hacer olvidar: Que la vida de un palestino vale lo mismo que la tuya, la mía, la de cualquiera. Que el silencio es una firma y que la neutralidad no existe cuando el daño es tan desigual.
Yo no quiero gritar odio. Yo no quiero gritar cordura en un mundo que la ha perdido. No quiero que Ceuta sea recordada por lo que permitió. Quiero que sea recordada por lo que impidió.
No quiero que nuestros puertos sean pasillos de muerte. Quiero que sean puentes de dignidad. Hoy no levantamos el puño para señalar a nadie. Lo levantamos para decir hasta aquí. Hasta aquí la doble moral. Hasta aquí el silencio rentable. Hasta aquí el dolor que no cabe en un telediario. Que Palestina no necesita caridad. Que necesita justicia. Que no necesita lágrimas. Que necesita límites al verdugo. Y que no pide privilegios. Que pide el derecho más sencillo del planeta. Vivir. Ojalá el mundo algún día se cure de esta ceguera selectiva.
Ojalá la próxima vez que digamos nunca más, lo digamos a tiempo.
Por Gaza. Por cada madre que sigue esperando. Por cada niño que no tiene tumba. Por cada ser humano que cree que la dignidad aún sirve de algo. Gracias por no soltar la mano de quienes solo tienen la nuestra.
¡Viva Palestina! ¡Palestina libre! ¡Viva!