Digmun

Durante el tiempo que llevamos de confinamiento, son muchas las personas que están sufrimiento en nuestra ciudad una situación de desprotección ante la crisis económica que empiezan a soportar, y que irá en aumento en los próximos meses. Cuando se trata de personas que ya antes de estos difíciles momentos, se encontraban sin recursos, su vida se llena de graves problemas para afrontar el día a día.

Muchas mujeres que trabajaban en el servicio doméstico en Ceuta, han sido despedidas. Algunas de ellas tenían contrato de trabajo y se encontraban en una situación “privilegiada”, otras no estaban aseguradas, y otras, sólo trabajaban un día o dos por semana y cobraban por día trabajado. El cierre de la frontera ha agravado aún más la situación de aquellas que se encuentran en Marruecos, bien porque no se les puede hacer llegar el sueldo que les corresponde por el trabajo ya realizado, o bien, porque ni siquiera hay intención de hacerlo.

Es una gran injusticia social para este colectivo, no tener derechos laborales que las asistan y depender exclusivamente de la buena voluntad de la persona que contrata para que puedan cobrar el sueldo que les pertenece. Ellas han sido las que durante muchos años se han responsabilizado de personas mayores, de los niños y de todas las tareas del hogar, haciendo posible que muchas familias ceutíes pudieran compatibilizar su vida laboral con su vida familiar, descargando así el peso de llevar a cabo esta conciliación. Se han convertido, en muchos casos, en un miembro más de la familia, por el tiempo que llevan ejerciendo su trabajo y por el afecto e implicación que han demostrado durante todo ese tiempo. Los lazos afectivos que les une a estas familias, les hace aún más difícil esta situación.

El deseo de superación de estas mujeres les lleva, no sólo a encontrar un trabajo digno para mantener a su familia, sino también en adquirir una formación básica que les permita mejorar su vida laboral. A pesar de todos los inconvenientes y obstáculos para buscar un hueco en su vida diaria, después de salir del trabajo y antes de cruzar la frontera, siempre encuentran el momento para asistir a clase. Este espacio les pertenece a ellas, es el momento del día en el que se les permite, además de enfrentarse con la difícil tarea de aprender a leer y a hablar español, también disfrutan al relacionarse con otras compañeras, se socializan, desconectan del duro trabajo que les espera al volver a la realidad de su casa, y enfrentarse al día siguiente al paso de la frontera y con el trabajo diario.

No sólo les estamos privando de una forma de vida, sino también del placer que les producía el contacto con otro mundo y del cariño que recibían.