Javier Ángel Díez Nieto

Mira… mira, por donde quiere/ ser presidente nuevo

Un ya presidente viejo/ que piensa que es el mejor

Quien aun mostrando tanto error/ quiere repetir tal honor

Sujetando su ambición/ en los regalos que otorgó

 

Es un secreto de todos conocidos/ que con dineros ajenos

que dieron otros, sin saberlo/ lo hicieron rey encantador.

Y así, con inmerecidas prebendas/ su gloria construyo

Encadenando con oro ajeno/ a quien sin merecerlo encumbro

 

Desde entonces, Él, como alto señor/ su única ley introducía

sabiendo que Dios y su ventura/ sus locas fantasías protegían

Y así todos bajo su poder/ veían como a todo un partido regia.

Ya que estos, entusiasmados/ solo veían sus posibles joyerías 

 

Mas, con el congreso, duda/ ¿A quién de ellos encontrara?

buscando ahora como hallar/ al menos una de su señal 

a aquellos que encanto/ siempre con el mismo cantar

¿Dónde estarán aquellos/ que por su repetido cantar lloraban?

 

Los palmeros como carne cruda/ de su sangre muerta beberán

Y hablando con fluidez de mensaje/ ¡El lenguaje de la mentira!,

llorando en su interior, dirán/ ¡Os rogamos que con tu cantar sigas!

Y ante tanta caridad, su voz dirá/ ¡Solo cantare a quien conmigo va! 

 

Los trompeteros sin vergüenza/ estas palabras repetirán

¡Señor, ya sabemos qué sin ti/ nuestros puestos se perderían!

¡Que si dulcemente no te cantamos/ muy caro nos costaría!

¡Y siendo vos nuestra vida/no osaremos ninguna villanía!

 

Desde entonces por las calles/del votante, van a la caza

Y como en vuelo con saña/ a los afiliados amenazan

¡Si no apoyáis al que os decimos/os atacaremos sin justicia,

Y enojados con vosotros/nosotros, os daremos una paliza!

 

¡Miente, sin decir verdad/por si mejorar querías!

¡Si solo le votas a él/ él, dará más a tu vida!

¡Arriba, amigo, arriba! /que oigan tu rabia subida

con su presidencia/yo, mañana no tendre comida fría.

 

Así lo oirán los afiliados/creyendo que su puerta abriría

abriendo sus brazos en abrazo/pensando que así subirían.

Nada será cierto/ mas muchos querrán oírlas/

Sintiendo en sus almas/ las promesas bullidas!

 

Pero no es un buen caballero/esta ya… ¡Vieja majestad!

que continuamente entrega la ciudad/ a gentes descalzadas

que con mano alzada/a los demás dan fuertes bofetadas.

Y esto no es un canto mas/sino, que traerá nuevas tortadas

 

Porque desde su raro museo/ en el palacio elevado

quiere otra vez del partido/ ser presidente consagrado

que nunca sintió como suyo/ sino como ajeno campo,

y sus trompeteros no soltaran/ sus puestos regalados

 

Cuanta alegría del palmero, evitada seria/ si él se marcharía

Porque… si él no labra/ su pagada cosecha se perdería

Ya que con prebendas cautivas/sus cadenas mantenían

Y si todo se lo debían/ no quieren perder lo que tenían

 

Por eso en los primeros encuentros/todos ellos le rogaran

Y mirándoles bien a la cara/le escucharan bien en sus almas

¡Hincad ambas rodillas como hacíais/ y os mejorare la vida!

¡Porque si no lo hacéis/ en mala estima ante mí, os pondría!

 

Por eso, asustados y temerosos/ muchos se arrodillarán

Adorando al repetido rey ciruelo/ que milagros ya no da.

Mas, de esta forma los trompeteros/ sus vidas resolverán

Dejando a los demás, como ganado lanar/ otra vez a balar

 

Por ello, a fuer de ser sinceros/a todos oiremos berrear

¡Que buen presidente tenemos /no merecemos nada más!

y como buen ganado/sus viejas prebendas adoraran.

¡Otra vez nada nuevo habrá/ y aquí todo seguirá igual!

 

Aquí se acaba este romance/que en la ciudad se oirá

Cuando convocado el popular congreso/ la suerte se echará

Y de esta manera sutil/ a todo quísqui engañaran.

Porque si él ganara/ el palmero su puesto mantendrá

P/D

Ahora, que otros cabalguen/como sabuesos por sus vidas

Porque, como buen ermitaño/yo me quedo en mi ermita

Que Dios salve al bueno/porque buena seria su venida

Yo, ahora, aquí lo dejo/ que esta batalla no es la mía