Acostumbrados a sufrir, la resiliencia

S.J. UVE


 

¿Quién lo ha pasado y lo está pasando peor en toda esta hecatombe del coronavirus? Sin duda nuestros mayores; miles y miles de ellos fallecidos a causa del virus. Ayer, viendo las noticias, vi unas imágenes que me impactaron y que me hicieron pensar. Ayer se produjo una explosión, como bien saben, en una residencia de Madrid. Imagino a estas personas de la residencia pensando: ¿Qué más nos puede pasar? Los vi sentados, tranquilos, educados, serios pero conscientes, los vi como si el sufrimiento fuera una parte de su vida a la que están acostumbrados, un sufrimiento al que hicieron frente en su pasado de diferentes formas. ¿A cuántos familiares o amigos han visto marcharse en los últimos meses?

Esto me dio que pensar en la generación de nuestros padres y nuestros abuelos. ¿Cuánto sufrieron? ¿Guerras? ¿Hambre? ¿Desesperación? Recuerdo a mi madre contarnos cómo de pequeña saltaba vallas para "coger" peras o como nos decía que a veces, por hambre, se comía la cáscara de los plátanos. Recuerdo a mi padre diciéndonos cómo empezó a trabajar a los 16 años....

Por supuesto que no voy a hablar bien de esos tiempos, evidentemente; solo quería hablar de la capacidad de sufrimiento, de la resilencia. Bendito sea que nuestros hijos puedan mirar el frigo y decir que no quieren comer lentejas porque no les gusta, significará que hay otra opción en el menú...  Bendita sea la tragedia que supone quedarse sin wifi en casa o quedarse sin datos en el teléfono, significa que no tenemos problemas más importantes en la cabeza.

Decía un amigo mío acerca de su padre, ya fallecido, que hasta el último día mantuvo la entereza y la dignidad, como impasible al dolor, como aceptando que el dolor forma parte de la vida. Y recuerdo una frase suya: "la generación de nuestros padres es como el mercedes del taxista en Ceuta: irrompible".

¿Cuántos y cuántos días llegaría mi padre a casa preocupado porque el sueldo no le llegaba para dar de comer, vestir, comprar libros, comprar medicinas...para sus seis hijos? Gracias a Dios (o a quien sea), los tiempos cambian, en muchos sentidos para mejor, y hoy día hay pastillas para todo, pero pienso y me pregunto: ¿cuánto alprazolam tomó mi padre? Contesto: 0.

Imagino que ni se le pasaba por la cabeza que existía una pastilla para "relajarse", porque en esos casos lo único que hacían nuestros progenitores era algo que hoy día a casi todos nos da pánico: sufrír. Sí, sin duda somos más débiles que nuestros antepasados, gracias también a que no nos tocó vivir cosas que a ellos sí.

Pero esa capacidad de sufrimiento, esa naturalidad en aceptar el dolor como algo inherente a la vida, esa fortaleza, esa resilencia, no, yo no la tengo. Padres y madres agotados con uno o dos hijos, perfectamente comprensible, pero que disponen de lavavajillas, lavadora, horno, microondas, secadora, etc...

Recuerdo a mi madre de rodillas en la pila, sin guantes, doblada, callos en las manos, rozaduras en las rodillas, dolor en los riñones, lavando la a mano la ropa de unos cuantos...y lo hacía con naturalidad, sin más, claro, no conocía otra cosa. Y yo, en aquel entonces, no lo valoraba...

Esos ancianos de ayer, esas imágenes de su aceptación de la tragedia como algo ineludible (decían los griegos que la tragedia era parte de la vida), esa forma de aceptar la vida en todas sus vertientes, me parece tan diferente a la forma en que vivimos a día de hoy, me veo tan débil al lado de ellos.

No, claro que no me gustaría vivir lo que ellos vivieron o ser tan fuerte como ellos debido al sufrimiento continuo por el que tuvieron que pasar, pero sí es cierto que esa resistencia, fuese como fuere, esa capacidad de sufrimiento era digna de elogio. ¿Recuerdan ustedes a alguno de sus padres yendo al psicólogo por estrés...?

Sí, casi seguro que a más de uno de ellos un psicólogo les hubiese venido muy bien, pero es que esa posibilidad ni entraba en su estructura mental. Y cuando se tiene esa estructura mental, los problemas parecen menos, porque soy mucho más fuerte para todo.

Les dejo, se me ha estropeado la tele y tengo que arreglarla como sea, qué tragedia, por Dios..., ¿a que me pierdo las isla de las tentaciones??