Autoritario, represor, responsable directo de la ruina económica, institucional y moral de Venezuela. Un tipo que se mantiene en el poder a base de miedo, censura y miseria. Hasta aquí, ningún matiz.
Dicho esto —y aquí empieza el problema— que Maduro sea un dictador no convierte en legítimo cualquier cosa que se haga contra él.
Y eso es precisamente lo que ha hecho Trump: incumplir la legalidad internacional con una mezcla de prepotencia, abuso de poder y desprecio absoluto por las normas que, supuestamente, dicen defender las democracias occidentales.
Porque esto no va de simpatías ideológicas.
Va de hechos.
Si un país poderoso decide secuestrar, detener o intervenir a un dirigente extranjero sin respetar el derecho internacional, eso tiene un nombre.
Y no deja de tenerlo porque el detenido nos caiga mal.
Trump no ha actuado como garante de la democracia.
Ha actuado como el sheriff borracho del saloon, convencido de que la ley es su revólver y la razón se mide en barriles de petróleo.
Y aquí conviene no ser ingenuos:
A Trump no le importa el pueblo venezolano.
No le importan sus muertos, sus exiliados ni su miseria.
Le importa el petróleo.
Tanto, que ya ha amenazado con nuevas intervenciones si no le dejan extraerlo. Curiosamente, jamás ha mostrado el mismo interés por “liberar” países donde se decapita a civiles, se lapida a mujeres o se persigue a homosexuales… siempre que sean aliados estratégicos. Arabia Saudí, por ejemplo, puede dormir tranquila: ahí el crudo fluye y los derechos humanos molestan poco.
El problema de fondo es aún más grave.
Porque cuando el más fuerte decide que las normas son opcionales, abre la puerta a que otros hagan lo mismo.
¿Qué pasará cuando Rusia decida “proteger” a alguien en su entorno geográfico usando la misma lógica?
¿Qué impedirá a China hacer lo propio en Asia?
¿Con qué autoridad moral protestaremos entonces?
Si Trump puede saltarse las reglas porque es poderoso, ¿por qué no Putin? ¿Por qué no Xi Jinping?
Y ya puestos a jugar a los mapas como si fueran cromos, hagamos un ejercicio de imaginación incómodo:
¿Qué ocurriría si mañana Trump decide que Groenlandia es estratégica y debe ser estadounidense?
Ah, cierto… ya lo insinuó.
¿Y si decide apoyar sin rubor la vieja aspiración de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, porque conviene a sus intereses?
¿También diremos que “algo habrán hecho” los ceutíes y melillenses?
Aquí es donde el silencio de la Unión Europea resulta directamente bochornoso.
Una Europa que presume de valores, derechos y legalidad internacional… pero que, llegado el momento, se esconde detrás de comunicados tibios, miradas al suelo y una irrelevancia política que da risa y vergüenza a partes iguales.
Una Unión Europea incapaz de levantar la voz cuando el matón entra en la taberna y exige el whisky.
Y permítanme aquí una opinión personal, sin disfrazarla de análisis técnico:
Trump es un psicópata político y un peligro real.
No porque esté loco en el sentido clínico, sino porque carece de límites morales, desprecia las normas y solo entiende el mundo en términos de fuerza, dinero y humillación del débil.
No cree en aliados, cree en vasallos.
No cree en leyes, cree en poder.
El problema no es solo Trump.
El problema somos nosotros cuando empezamos a justificar sus actos porque el enemigo nos cae mal.
Cuando dejamos que los datos se diluyan en opiniones cómodas.
Cuando aceptamos que “el fin justifica los medios” solo porque el fin nos resulta simpático.
Porque hoy el whisky es para él, el más fuerte del Oeste.
Mañana puede ser para otro.
Trump ha decidido que el whisky de la taberna (el petróleo de Venezuela), es para él y aquí se hace lo que mandan mis santos cojones porque soy el más fuerte.
Y cuando aplaudes al matón del salón porque le pega al que te cae mal no estás defendiendo la justicia, estás sembrando que el próximo puedas ser tú.
Y ahora lo que ocurre siempre: el que de aquí quiera extraer o concluir que estoy a favor de Maduro ya no es mi problema.
Estoy muy cansado del blanco y el negro, de la izquierda y la derecha, del bueno y el malo, del Madrid o del Barça.
Volvamos a la idea principal:
1 Maduro es un dictador
2 Trump ha incumplido la legalidad internacional.
A partir de ahí, opiniones miles.
Si hoy te parece bien saltarte la ley porque el objetivo es un dictador, mañana no te quejes cuando nadie te defienda a ti.