Opinión

Matar a un bebé de 9 meses

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S.J. 

Salvo que fuese una caída o accidente fortuito, parece que alguien ha asesinado a un bebé de nueve meses en Ceuta.

Más allá de la incomprensión que me genera (quizás porque no se puede entender lo que no se parece), cómo una persona puede hacer daño a “algo” que no es que no pueda defenderse, es que no puede moverse, lo que me genera son escalofríos en el cuerpo.

Cuando lo pienso —y es literal—, algo me recorre el cuerpo. Y no hace falta que sea un bebé: ya me pasa cuando veo a un perro o un gato maltratado o herido en la calle.

Si damos por hecho —y estoy conjeturando— que ha sido el padre para hacer daño a la madre (violencia vicaria), no se me ocurre mayor forma de crueldad del pensamiento: para hacerte daño a ti, mi mujer, cojo y mato a tu hijo, que también es el mío pero eso importa menos, de manera que tu dolor se multiplique por diez.

Eso si ha sido el padre, porque si ha sido la madre me parece (perdonen el ramalazo machista) más perverso. Por mucho que digan que es lo mismo padre que madre (y no niego el amor de ambos por igual), la que lo lleva dentro es la madre, la que pare es la madre.

Ahora que empecé a ver Mindhunter y eso de los asesinos en serie, sería interesante saber si hay algo más allá del odio que lleva a alguien a matar a un bebé.

Y bueno, ahí que se planta la abuela del niño en el programa de la pseudoperiodista (no hay constancia de que sea licenciada en periodismo) a desahogarse, mientras que la pseudo, con cara de consternación, pregunta estupideces.

Y mira por dónde, precisamente hoy en Ceuta va a haber mucho pseudoperiodista. Pedro J. Ramírez y su El Español desembarcan en Ceuta para hablar sobre su futuro (de Ceuta).

Sí, ese Pedro J., el mismo que, a pesar de los 93.000 folios de la sentencia, los 28 imputados, los siete terroristas muertos en el piso de Leganés (más el Policía Nacional), la certeza de que las tarjetas SIM de los teléfonos que explotaron eran del locutorio de Jamal Zougam y de los testigos que lo vieron a él y a otros terroristas en los trenes, sigue diciendo que fue ETA quien cometió los atentados.

Me gustaría poder ir hoy y, en vez de hacerle la ola y la pelota como harán todos los asistentes —consiste en ser hipócritas y lameculos—, preguntarle: “¿Cómo justifica usted, después de todo lo probado en sede judicial, que ETA tuvo algo que ver en los atentados?”

Más que nada porque me encanta ver a la gente mentir o creerse sus propias mentiras.

O lo mismo su teoría se basa en que en el piso de Leganés uno de los terroristas tenía en el frigo chorizo de Pamplona y, claro, Pamplona está al ladito del País Vasco.

Lo único seguro es que una vida de un bebé de nueve meses ha sido triturada, sin motivos, sin nada que lo justifique. Dramático.

Y si lo paso mal con ese pensamiento —y créanme que lo paso mal—, imaginen cómo lo paso cada vez que veo imágenes de los miles…, miles de bebés asesinados por los misiles (muerte “buena”) o de hambre (muerte “pelín” más jodida”).

Menos mal que, para alivio de Ayuso y Aznar, esta “guerra” la está ganando Israel. Para alivio del Mesías.

Si no somos capaces de indignarnos igual por la vida de un bebé en Gaza que por la vida de uno en Ceuta, entonces hemos perdido la brújula.
 

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