S.J.
¿Cómo debe ser la vida de una persona que llega al punto de querer morir para dejar de sufrir...y punto?
Noelia Castellanos ya no está entre los vivos pero es muy posible que sea más feliz ahora, esté donde esté.
Después de un largo procedimiento, que nosotros vemos como "largo" pero que para ella tuvo que ser un infierno, se ha respetado su decisión de no querer seguir viviendo.
Con una vida no muy "dichosa", de esas vidas que te hacen sentir increíblemente afortunado de la que tú tienes, llegó al límite cuando en el 2022 sufrió una violación grupal para acabar arrojándose al vacío y quedar parapléjica.
Ahora, con 25 años, 25...se fue.
Y si existe Dios, estará allí posiblemente consultándole una duda al padre supremo: padre, ¿y estos de abogados cristianos que han retrasado el procedimiento de dónde salen?
Hija mía, la hipocresía y el cinismo está en sus genes, no me representan, igual que no lo hacen millones que me adoran y luego son miserables en su día a día, pero solo puedo mirarlos con pena y tristeza.
Con un padre biológico que se oponía a la eutanasia, un padre que no ejerció de padre, un padre que, según ella misma, quería poner la casa que él se compró a nombre de ella para seguir cobrando la pensión por hijo a cargo, la pobre muchacha vio ralentizado el procedimiento con la inestimable "fe cristiana" de abogados cristianos.
¿De verdad no ven que de cristianos tienen poquito? ¿De verdad creen que representan las enseñanzas de alguien?
¿Problema? Que se financian a través de donaciones, donaciones que, por lo visto, crecen cada año... parece que la España "cristiana" soporta el empuje de los nuevos tiempos.
¿Contradicciones e hipocresía?
Vamos allá. Hablemos del aborto, de la eutanasia, de las muertes en el Mediterráneo, de los que saltan vallas (hijos de Dios supongo...), de las guerras "justificadas", de los daños colaterales, de la defensa de la pena de muerte (¿No quedamos en que solo Dios te quitaba la vida?
Porque si la vida es sagrada, lo es siempre.
No solo cuando conviene, no solo cuando encaja en un discurso, no solo cuando se puede utilizar como bandera moral.
La vida no puede ser intocable antes de nacer y prescindible cuando se ahoga en el mar o cuando vive en condiciones indignas.
O se defiende toda… o no se defiende ninguna.
Y lo mismo ocurre con ese argumento tan repetido de que solo Dios da la vida y solo Dios la quita.
Curioso.
Porque parece que Dios tiene el monopolio… salvo cuando decide un Estado, cuando decide un ejército o cuando se justifican bombardeos que matan a inocentes y se despachan como “daños colaterales”.
Ahí, por lo visto, Dios guarda silencio… o algunos deciden hablar por Él.
Pero el punto más incómodo de todos es otro.
Una persona que decide, en pleno uso de sus facultades, dejar de sufrir.
Una decisión íntima, dolorosa, definitiva.
Y frente a eso, alguien sentado en un despacho decide que no.
Que no puede.
Que no debe.
Que no le dejan.
Gente que no está en esa cama.
Que no siente ese dolor.
Que no vive ese final.
Pero que decide cómo debe vivir —y morir— otro.
Y ahí ya no estamos hablando de fe.
Estamos hablando de control.
Porque no se puede defender la dignidad humana y al mismo tiempo obligar a alguien a vivir sin ella.
No se puede hablar de compasión mientras se prolonga el sufrimiento ajeno desde la comodidad de un despacho.
Y no se puede invocar a Dios como argumento final cuando lo que realmente se está haciendo es imponer una visión propia sobre la vida de otro.
Y al final todo se reduce a algo muy simple.
¿Quién se cree con derecho a decidir por alguien que ya no puede más?
¿Quién se cree con la autoridad moral para obligar a otro a seguir viviendo cuando su vida se ha convertido en dolor constante?
Porque es muy fácil defender la vida cuando no duele.
Yo no tengo nada contra el cristianismo, al contrario. Creo en ese Jesús que hablaba de amar y de ayudar al que sufre. En ese Jesús que no vería al inmigrante como un peligro sino como un ser humano, en ese Jesús que no distingue ni de razas ni de credos.
Lo que rechazo es a quienes usan a Dios como coartada mientras viven justo al contrario de lo que predican. Porque se puede no pisar una iglesia en años… y ser mucho más cristiano en los actos que muchos que llevan la fe colgada al cuello.
Es muy fácil hablar de principios cuando no eres tú quien sufre cada minuto.
Es muy fácil dictar normas desde un sillón cuando no eres tú quien quiere, simplemente, dejar de sufrir… y punto.