Viento huracanado en Ceuta, Andalucía y en casi toda España.
No recuerdo yo unos días seguidos tan horribles por aquí en África y mucho menos un viento tan espantoso que nos mantiene incomunicados a todos, y cuando digo a todos me refiero a todos.
Porque resulta que hay cosas que nos igualan a todos. El más significativo es la muerte, es lo más común que tenemos los seres humanos, pero hay más.
Y uno de ellos es que cuando el tiempo es infernal, ya sea con lluvia, viento, calor, humedad, ahí da igual el dinero que tengas, da igual a qué partido político votes, da igual tu trabajo, da igual lo guapo o guapa que seas, da igual todo. Y esto me hace mucha gracia, jajaja, porque cuando se corta, por ejemplo, internet, se corta para todos; así que, ¿qué más da el dinero que tengas, tus influencias o tu “poder” cuando no puedes coger un barco ni un helicóptero para ir a Algeciras? ¿Y por qué digo esto?
Lo digo porque, a pesar de la evidencia, a pesar de lo obvio, a pesar de lo que puedes ver con tus ojos y sentir con tus cinco sentidos, ahí siguen —y perdónenme la expresión— los ceporros que niegan el cambio climático, que haberlos haylos.
Esto es como lo que está ocurriendo en Mineápolis. Matan a un tío delante tuya, está grabado, se ve en las imágenes todo lo que pueda verse con una claridad absoluta, y tienen la desfachatez y la poca vergüenza de decirte que el pobre hombre iba armado y que atacó a las malas bestias asesinas del ICE.
Si te mienten y son capaces de hacerlo con lo que estás viendo con tus ojos, ¿qué no harán con lo que no podemos ver?
Y curiosamente, esos ceporros —que haberlos haylos— que defienden al psicópata/narcisista que tienen los norteamericanos como presidente haga lo que haga porque su mierda de partido en España así lo hace…, son los que niegan que no existe calentamiento global. Claro, pichitas, claro, no existe.
Que el 97% de los científicos del mundo digan que hay evidencias no importa. Que los polos tengan cada vez menos hielo no importa. Que haya islas en el mundo que se hunden cada día no importa. Que haya especies animales extintas no importa. Que haya gente que muere al año por la contaminación del aire (vean las estadísticas) no importa. Y mil cosas más, mil, ¿eh?, no importan.
¿Saben por qué no importa? Porque algún majara en X que dice llamarse científico lo niega. Porque algún fanático en Facebook que dice que es experto en no sé qué lo niega (experto de mojones). Porque algún estúpido en TikTok lo niega. Y claro, el que niega lo evidente, el que no tiene capacidad de pensamiento propio, el que niega lo que sea simplemente porque su mente cerrada y dogmática le hace ser una persona incapaz de decir “joder, tienen razón”, ese sí cree al perturbado de X, Facebook o TikTok.
Pues muy bien, como dice la otra: “palante”.
Ah, y que se me olvidaba: la violencia de género tampoco existe. ¿Saben por qué? Porque hay un 0,0001 de mujeres que presentan denuncias falsas, y eso ya niega las miles de mujeres asesinadas. Violencia doméstica la llaman…
Y lo mejor —o lo peor— de todo esto es que al viento, al calor extremo, a la sequía, a las inundaciones y al caos climático les da exactamente igual que los niegues. No leen Twitter, no ven TikTok, no siguen a Trump ni a ningún iluminado de turno. No discuten, no opinan, no negocian. Simplemente llegan y arrasan. Y cuando lo hacen, nos dejan a todos en el mismo sitio: incomunicados, vulnerables y desnudos de ideología. Porque la naturaleza no cree en bandos, pero sí en consecuencias. Y esas, nos gusten o no, ya están aquí.