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Israel devasta Gaza (otra vez)

Son demasiadas veces las que hemos visto por la televisión la muerte y la destrucción en la presunta Tierra Santa. El hombre ha hecho de una pequeña franja un lugar tan ansiado, que ni un credo ni otro, ha sido capaz durante siglos de poner fin al ábaco de muerte que hay en Israel o Palestina. Se llame como se llame.

No está nada bien atacar una ciudad superpoblada con la excusa de que se actúa contra terroristas. La ministra de exteriores israelí Livni, dice que ellos no van a por los civiles, pero que son conscientes de que Hamas utiliza a niños y familias inocentes para rodear sus cuarteles. Que sea capaz de decirlo en París, ante el nuevo paladín de la ultralibertad que es el señor Sarkozy es sinceramente vergonzoso. Y repugnante. Porque reconoce que sabe que ahí hay niños pero ni aún así son capaces de dejar de lanzar misiles. Matan a dirigentes terroristas, de Hamás, porque luchan contra el terrorismo. Pero lo hacen con métodos terroristas y eso es despreciable, al igual que fue el Gal o al igual que es Blackwater.

Estos asesinatos selectivos son el paradigma de lo que nunca puede ser una democracia. Me niego a incluir a Israel en el grupo de las democracias occidentales. Porque no se puede proceder a las ejecuciones sin juicios previos. La democracia no se basa únicamente en elecciones cada cuatro años. Se complementa con una justicia indepediente y un poder legislativo distinto del ejecutivo. Israel no hace justicia, se la toma por su mano. Y, por supuesto, nadie abre la boca.

Hamas es una organización despreciable a la que las palurdas actuaciones de Israel y del resto de países internacional han aupado al gobierno de Gaza. Son elegidos como mecanismo de defensa, al igual que ocurre en Irán con Ahmadineyad. Si alguien tiene miedo, se defiende. Y el pueblo palestino es el eterno agredido. Por mucho que digan, creo que reducir el Islam a la promesa del paraíso y del harén es reducir mucho la inteligencia del ser humano. Nadie se inmola si tiene esperanzas de conseguir una vida mejor.

Me encanta que el Gobierno de España reparta millones en Senegal o Mauritania para evitar que lleguen cayucos o pateras. Es una buena política, que por pocos frutos que dé, siempre va a ser más positivos que contar cadáveres flotando en el mar. Pero su silencio y el de la Unión Europea, es realmente preocupante.

Durante décadas, los palestinos han carecido de sueños y los extremos se han apoderado de las vidas que no les pertenecen. Su existencia depende, sí o no, de las decisiones o de un Gobierno que organiza atentados, o de otro que lanza mísiles en plena calle. Es lo que tiene haber nacido en una tierra que los siglos han manchado de sangre. Y la riada seguirá.