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Iniesta enarbola la bandera del fútbol

Selección

os de las posibles definiciones del verbo 'enarbolar'. 1ª: Llevar en alto una bandera o un estandarte; 2ª: Defender una idea o una causa. Las dos sirven perfectamente para para definir a Andrés Iniesta en un terreno de juego. El estandarte que enarbola el barcelonista es el FÚTBOL, en mayúscula; su causa es el buen trato del balón. Con estas dos premisas no es de extrañar que todos se postren ante él. Ayer, en Zenica, volvió a ocurrir. Otro estadio, otra afición, rindió pleitesía al 'blanquito'.

Sin estar a tope todavía tras su grave lesión, ofreció otro de sus recitales. Toque, toque y toque. Acciones individuales, con regates de tacón incluídos. Pases al hueco, asistencias... Y todo acompañado de un generoso derroche físico. El jugador completo al que todo entrenador quiere tener en su plantilla. Para muchos, ya sin discusión, el 'Zidane español'. Por eso, no fue de extrañar que el numeroso grupo de soldados españoles presentes en la grada, los mismos que se cuadraron haciendo el saludo militar cuando sonaron los himnos de España y Bosnia antes del inicio del encuentro, le despidieran con una atronadora ovación, un cálido aplauso en el gélido ambiente climatológico que acabó contagiando al resto de aficionados bosnios, que también acabaron hipnotizados con el fútbol de don Andrés.

Como también terminaron casi en posición de genuflexión ante un santo, San Iker, que sigue devorando registros en la Selección (ha igualado a Zubizarreta con 70 victorias en el equipo nacional) y que ayer, una vez más, se olvidó que la 'roja' jugaba un amistoso para volver a cuajar otra destacada actuación. Especialmente en la primera parte, en la que con sus intervenciones minimizó los errores de unos defensas con más proyección ofensiva que cariz destructor. Casillas, como si de una imán se tratase, atrajo para si todos los balones que merodearon por su área. Aunque en la recta final fue tanto el cántaro a la fuente que acabó haciéndose añicos.

Y para completar la 'Santísima Trinidad' (en este caso haciendo referencia al navío español de trágico final en la batalla de Trafalgar), Álvaro Negredo. Otro 'cañonero'. Un ariete a la vieja usanza. Otro descarte 'made in Madrid' que ha tenido que buscarse la vida lejos de casa. Otro excelente futbolista expulsado de la galaxia blanca. Su desgracia, no ser mediático; su don, ser determinante. Ayer, dos dianas y una asistencia de gol. Lo disfrutó el Almería. Ahora la hará el Sevilla. Y la Selección, seguro. Ya es la alternativa a Villa y Fernando Torres. Dinamita roja