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Mercenarios israelitas, ultrasonidos y suicidios fingidos

Manuel Zelaya está empezando a hacer declaraciones verdaderamente extrañas. Su tercer día de encierro en la embajada de Brasil en Honduras se lo pasó colgado al teléfono, hablando con unos y con otros, a pesar de que -según él mismo declaró- el gobierno golpista le anda interceptando las comunicaciones. Pero no sólo eso. Zelaya denunció ser víctima de cuatro planes muy sofisticados del gobierno de Roberto Micheletti para quebrarle el juicio e incluso la vida.